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Guerra de las Malvinas

Guerra de las Malvinas: las batallas que siguieron a los combatientes a su regreso

A 44 años, dos excombatientes mendocinos de Malvinas recuerdan sus historias atravesadas por el dolor y la memoria. La posguerra dejó huellas que aún persisten.

Por Celeste Funes

Juan Salvo espera en su auto. Espera avanzar por una calle cortada por un grupo de vecinos que protestan por falta de luz. Mientras habla con su copiloto, “El Ruso”, aparece otro hombre y pregunta, sin palabras, si puede limpiarle el parabrisas. Ante la negativa del héroe postapocalíptico, silenciosamente le dibuja una cara sonriente en el vidrio y se va. Por el retrovisor, Salvo ve que este desconocido no tiene una pierna. Lo conoce —o siente que lo conoce—, pero no puede precisar de dónde. Algunos capítulos después, se presenta formalmente a “El Rengo”, un excombatiente de la Guerra de las Malvinas.

El personaje que interpreta Ricardo Darín también pisó las islas, aunque en la historia original aún faltaban alrededor de 25 años para el evento que decidimos recordar y conmemorar este 2 de abril, en el marco del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas. Los remanentes de aquellos días, para Salvo, se manifiestan como visiones confusas que fusionan escenas de pasado, presente y futuro. Para “El Rengo”, la vida no fue tan generosa y, además de arrebatarle una extremidad, le designó una cotidianidad en la calle, donde limpia parabrisas para ganarse el pan de cada día o, al menos, poder comprarse un pucho.

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Cada 2 de abril se conmemora el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de las Malvinas.

Los argentinos que fueron a Malvinas y regresaron, dan fe de que las islas nunca se fueron de su cabeza. Siguen ahí, algunas veces como una promesa, otras como un recuerdo borroso que deja gusto a poco, a bronca o dolor. En otra cosa en la que coinciden es que nadie vivió la guerra de la misma forma y que su vida no volvió a ser la misma.

A casi 45 años de la Guerra de las Malvinas, SITIO ANDINO dialogó con dos ex combatientes, Carlos Hudson y Mario Olguín. Dos mendocinos que, además de mantener la memoria y el reclamo argentino sobre la soberanía de las islas hasta este día, se enfrentaron a una doble batalla: una en el campo, entre detonaciones y compañeros caídos, y otra a su regreso.

La guerra terminó, pero la lucha recién comenzaba

Carlos Hudson y Mario Olguín no se cruzaron en el Atlántico Sur. El primero de ellos fue miembro del Grupo de Paracaidistas IV de Córdoba y recibió la orden de partir el 23 de abril de 1982. El segundo fue tripulante del ARA Cabo San Antonio y estuvo presente en la recuperación del archipiélago. Olguín, no obstante, no alcanzó a bajar de la embarcación, mientras que Hudson estuvo allí hasta la rendición.

Desde sus propias historias, reflejan un mismo hilo conductor: la posguerra fue, muchas veces, tan dura como el propio conflicto. Hudson lo dice sin rodeos: “No estuvimos preparados para la vuelta”. Y en esa frase se resume una experiencia compartida por muchos veteranos. Tras el regreso al continente, lejos de los homenajes, hubo silencio. “Volvimos escondidos, nos llevaron a Campo de Mayo, nos ‘recaucharon’ un poco… pero después se desentendieron”, recuerda. El mayor problema, enfatiza, fue el impacto psicológico.

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En ese mismo sentido, Olguín describe un regreso atravesado por emociones difíciles de procesar: “Traíamos vergüenza, bronca, un montón de sentimientos”. La falta de contención —tanto del Estado como de la sociedad— marcó profundamente su reinserción en la vida cotidiana. “Uno necesitaba el afecto y el reconocimiento para aliviar eso, pero no pasó”, admite.

Hay otro punto clave que marcó la adaptación de cientos de veteranos: la llamada “desmalvinización” no fue solo un concepto político, sino una realidad concreta. Hudson recuerda que muchos veteranos ocultaban su condición porque “no les daban trabajo”. Olguín lo confirma: “Había quienes no conseguían empleo por el solo hecho de haber estado en Malvinas”.

¿Cómo sobrellevaron el regreso los excombatientes?

En ese contexto adverso, la familia fue, en muchos casos, el único sostén. Hudson destaca ese acompañamiento como fundamental para salir adelante. “Tuve la suerte de tener una familia que me contuvo mucho”, cuenta. Su historia personal está atravesada por un dato profundamente emotivo: cuando fue a las islas, su esposa estaba embarazada. “No sabía si iba a conocer a mi hijo o hija”, recuerda. Hoy, su hija tiene la misma edad que los años que pasaron desde la guerra.

Olguín, en cambio, encontró una salida en el trabajo gracias a su entorno cercano. Tras pedir la baja en la carrera militar, ingresó a trabajar en la municipalidad de Maipú, donde su padre ya se desempeñaba. Sin embargo, eso no evitó que cargara durante años con una sensación persistente: “Siento que podría haber hecho más en Malvinas”, confiesa. Esa culpa es una herida que no termina de cerrar.

Las secuelas emocionales fueron comunes. Hudson menciona el insomnio como uno de los síntomas más extendidos entre los veteranos. También habla de una realidad dolorosa: “Entre quienes volvimos, tenemos más bajas por suicidio que durante la guerra”. Una frase que expone con crudeza las consecuencias de la falta de políticas sostenidas en salud mental.

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Mario Olguín junto a Daniel Carreras, Daniel Moyano, Alberto Fernández y Daniel Suárez viajarán a las Islas Malvinas este año.

Frente a ese escenario, cada uno encontró su manera de reconstruirse. Hudson lo hizo a través de la escritura y la música. Conocido por su nombre artístico, “El Gaucho Rivero”, comenzó a volcar en canciones sus vivencias y pérdidas, como la que dedicó a Eduardo Vallejos, un soldado que estaba bajo su mando y murió en combate: “Cuando tenés un soldado a cargo, es como un hijo”, expresa.

"(Entre los que volvimos) tenemos más bajas por suicidio que durante la guerra”

Hoy, además, participa activamente en vigilias y actos conmemorativos, donde canta el himno rodeado de nuevas generaciones.

Olguín, en cambio, elige un perfil más reservado. Reconoce que le cuesta hablar en público sobre su experiencia porque siente que su historia “no es la que la gente espera escuchar”. Sin embargo, encuentra sentido en otras formas de transmisión: en el contacto con jóvenes, en los gestos espontáneos. “Hay chicos que se sacan la escarapela y te la regalan… eso es lo más lindo”, cuenta emocionado. Además, integra el Museo Malvinas ubicado en Maipú y, si el tiempo acompaña, a mediados de noviembre podrá volver a las islas junto a otros cuatro excombatientes.

“Esta fue una iniciativa que tuvo el intendente. Para nosotros es algo muy movilizante porque no sabemos con qué nos vamos a encontrar. Estamos haciendo talleres y preparándonos; gracias al acompañamiento, contamos con dos psicólogas que nos han estado respaldando durante todo este tiempo. Nos están ayudando tanto para la ida como para el regreso”, contó a Sitio Andino.

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“Siento que podría haber hecho más en Malvinas”, lamentó el excombatiente Mario Olguín.

“No sabemos cómo va a ser ese encuentro ni de qué manera cada uno podrá cerrar su propio círculo. Pero estamos felices”, completó sobre esta nueva aventura. Olguín viajará con Daniel Carreras, Daniel Moyano, Alberto Fernández y Daniel Suárez.

El reclamo por las Islas Malvinas, un grito que aún tiene eco

A pesar de lo vivido, ambos destacan un cambio en la sociedad argentina. El reconocimiento, dicen, llegó con los años y fue fruto de la lucha de los propios veteranos. “Nada fue espontáneo, todo fue pelea nuestra”, subraya Hudson, quien recuerda las cruces blancas plantadas en Plaza de Mayo como símbolo de memoria.

Hoy, la causa sigue viva en sus vidas. Para Hudson, es total: Me levanto y es Malvinas, me acuesto y es Malvinas. Ya fue dicho, incluso su hija menor lleva ese nombre. Para Olguín, el vínculo se renueva en una posibilidad que lo moviliza profundamente: regresar a las islas después de más de 40 años. “Pensé que no iba a volver nunca”, admite.

En "El Eternauta" —una narrativa que retoma el reclamo de Malvinas y resalta el valor del héroe colectivo—, Juan Salvo y "El Rengo" reflejan solo dos de las disímiles realidades que enfrentaron los excombatientes que volvieron a casa. En sus historias hay dolor, pero también resiliencia, reconstrucción y una certeza compartida: la verdadera batalla, ahora, es la de la memoria. Una que no solo les pertenece a ellos, sino a toda una sociedad que, con el tiempo, aprendió a mirar —y a escuchar— de otra manera.

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