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Técnicas agrícolas claves en invierno

Donde hay luz, hay fruta: el arte de podar para producir mejor

La poda invernal es clave para la producción de frutas y uvas. En Mendoza, cada especie exige una estrategia diferente, precisa y planificada.

Por Celeste Funes

En los campos mendocinos, el invierno no es tiempo de pausa, sino de estrategia. La poda de frutales y vid, lejos de ser una tarea mecánica, es una práctica que requiere precisión, conocimiento y visión de futuro. Desde el parral al duraznero, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) destaca cuáles son las técnicas para producir mejor.

La poda: disciplina, producción y estrategia

La poda es una práctica esencial en frutales y vid, es un proceso escalonado que requiere no solo un profundo conocimiento sobre cada especie, sino también un trabajo meticuloso. Según explica el ingeniero agrónomo y jefe de la Agencia de Extensión Rural Guaymallén del INTA, Pedro Bakos, uno de los primeros pasos en este proceso es la poda de formación.

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El objetivo principal de esta técnica es “disciplinar” a la planta dentro del espacio que se le asigna, evitando que invada a sus vecinas. Si una planta crece desmedidamente —por contar con más agua, mayor vigor o porque llegó con mejores raíces desde el vivero —, genera sombreo y compite por luz con las demás, lo que afecta la producción. En ese sentido, Bakos señala: “Si la dejás crecer libremente, se va en alto y en ancho, la producción también se va para arriba. Donde tenés luz, tenés fruta”.

Esto tiene consecuencias directas en la cosecha. Si la fruta está fuera del alcance del cosechador, se pierde. Por eso, uno de los tipos de poda más importantes es el de formación: “Vos armás la planta y después la mantenés en el tiempo”. Luego viene la poda anual, que depende de cada especie y de cómo se comporta su madera, ya que cada una fructifica sobre diferentes estructuras. En especies como durazneros y uvas, que fructifican sobre madera nueva, se busca estimular brotes nuevos llamados brindillas. En cambio, en los ciruelos por ejemplo, que producen sobre estructuras que crecen sobre madera vieja llamados ramilletes, estas estructuras son más duraderas y se podan de forma menos agresiva.

¿Por qué se poda en invierno?

Según detalló el experto del INTA a SITIO ANDINO, la poda invernal es fundamental. Se realiza entre junio y agosto, cuando la planta está en reposo vegetativo. “Desde que cae la hoja hasta que brota es el momento ideal. Si se poda tarde, cuando ya está brotada, se cortan hojas que son reservas, energía que le sacás a la planta”, advierte Bakos. Además, una poda tardía puede retrasar el ciclo productivo y perjudicar la próxima cosecha.

En casos puntuales —como zonas muy frías o con suelos muy fértiles— se pueden aplicar podas específicas: tempranas para reducir vigor o en dos tiempos para evitar daños por heladas. Sin embargo, lo habitual es podar de una sola vez para reducir costos y daños.

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Sistema de conducción Ypsilon.

La poda invernal estimula el crecimiento de brotes y ordena la producción, mientras que la estival se realiza para disminuir la competencia entre los mismos y mejorar el ingreso de la luz para promover la maduración de la fruta.

La poda en la vid: espaldero y parral

En el caso de la uva, hay dos sistemas principales de conducción: espaldero y parral. En espaldera, la planta se guía en un plano vertical con varios alambres. Se puede aplicar una poda mixta (con pitones y cargadores) o una poda corta, formando un cordón pitoneado. Esta última se usa mucho en zonas como Luján y Valle de Uco, señala Bakos, especialmente en variedades como el Malbec, porque permite mecanizar la prepoda y ahorrar en costos de atado, que representan hasta el 60% del costo total de la poda.

En cambio, el parral es una estructura horizontal, más costosa y manual, pero más productiva. Se utiliza en variedades criollas y, especialmente, para uva de mesa, donde el racimo debe colgar sin interferencias para lograr la forma ideal que demanda el consumidor. La poda en parral es mayormente mixta (pitón y cargador) y debe planificarse pensando en el alto vigor de las plantas y su arquitectura particular.

Nogales: del mito a las variedades modernas

De acuerdo con el ingeniero, existe una creencia popular de que el nogal no se poda porque cada vez que toques una rama con la tijera, vas a estar tirando la nuez que dará esa rama al piso, pero esto depende de la variedad. Las más antiguas tienen fructificación terminal: la fruta se forma solo en la yema terminal de cada brote, por lo que cada corte implica perder una nuez. Por eso se plantaban a grandes distancias (10x10) y se dejaban crecer libremente.

Las variedades modernas presentan fructificación lateral, lo que permite podar sin perder producción. Además, se logran plantas más pequeñas que producen antes y permiten marcos de plantación más densos, lo que optimiza la rentabilidad.

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Tijerón de poda.

Duraznero: poda intensa y estratégica

El duraznero necesita una poda intensa cada año porque fructifica sólo en las brindillas del año anterior. Esa rama ya no vuelve a producir, por lo que debe eliminarse y renovarse constantemente. “Si no la manejo bien, la planta envejece muy rápido y la producción se va en altura, donde ya no la podés alcanzar”, explica Bakos.

La poda busca mantener la forma de vaso, con brazos principales y ramas colgantes productivas. También debe adaptarse al destino comercial de la fruta: duraznos grandes para fresco, o de tamaño homogéneo para industria.

Ciruelo: producción sobre madera vieja

A diferencia del durazno, la ciruela se produce principalmente sobre estructuras que crecen sobre madera vieja (ramilletes). Por eso, se busca dejar brindillas bien ubicadas que formen ramilletes de flor, los cuales duran de 7 a 10 años. “Cada corte mal hecho puede afectar la producción de los próximos 10 años”, aclara el agrónomo.

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Cultivos de Mendoza: dispar panorama para la ciruela y el durazno.

La poda en ciruelos debe ser muy estratégica, pensando en mantener estos ramilletes activos en zonas iluminadas. Mendoza es líder nacional en la producción de ciruelas, -y en gran parte de dichos frutales y vid- lo que demuestra que su manejo, aunque complejo, es ampliamente dominado por los productores locales.

Cerezo y almendro: precisión y rentabilidad

En la cereza, el manejo es muy intensivo. El punto de cosecha es crítico: la fruta debe tener el palito (pedúnculo) para venderse como fresca, sino va a industria, que paga menos. Además, se necesita mucho personal para una cosecha totalmente manual y concentrada en pocos días. La poda busca cuidar los ramilletes y formar nuevos, sin perder estructuras por cortes mal hechos o por errores durante la cosecha.

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En el almendro, se poda poco y se busca formar plantas bien estructuradas para la cosecha mecánica. “Si no se forma bien, el tractor que sacude el tronco para la cosecha puede romper la planta”, explica Bakos. Algo similar ocurre en pistachos, que aún son nuevos en Mendoza.

En síntesis, todo el manejo de la poda de frutales y vid debe pensarse para que cada especie produzca lo mejor posible dentro del espacio disponible, sin afectar a las plantas vecinas ni perder eficiencia. Podar es mucho más que cortar ramas: es diseñar el futuro de cada cultivo.

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