El ciclo 2022 está oficialmente cerrado y con el año nuevo también llegan los propósitos y las metas a cumplir pero, cuidado, porque la imposición de proyectos que no estamos en condiciones de cumplir puede causar frustración y agotamiento y desencadenar esa serie de eventos que nos deja en diciembre completamente “quemados”. ¿Cómo podemos ayudarnos a transitar un año de manera saludable?
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Año nuevo, ¿vida nueva?: cómo enfrentar el 2023 y no "quemarse" en el intento
“La esperanza me parece necesaria. Esa apuesta a que la cosa puede ser distinta, que puede ser mejor, que se puede lograr lo que uno/a desee, eso es necesario, es un motorcito. Me parece que si nos vamos a quedar mirando lo que hay que resolver y no podemos sumar algo que nos entusiasme, se va a hacer más difícil atravesar el año”, comenzó a explicar Gabriela Dik, presidenta del Colegio de Psicólogos/as de Mendoza.
“Hay algo en el anhelo, en la idea de renovación, en eso de decir: ‘Este año, sí’ que creo que nos alivia en cierta manera y nos motiva a seguir. Algunas personas lo hacen en sus cumpleaños y otras, a fines de año porque los ciclos son simbólicos y cada persona los abre y cierra cuando lo considera pero eso de renovar una esperanza cuando empieza un nuevo año, me parece necesario, vital”, agregó.
La licenciada en Psicología afirma que, al iniciar el nuevo ciclo, es necesario preguntarse a uno mismo/a cuáles son los proyectos con los que voy a encarar el año, “porque están los más sencillos como hacer dieta, empezar una actividad física o arrancar con ese curso que venimos postergando, y otros más complejos como, por ejemplo, ‘Este año resuelvo el conflicto con mi madre’ o ‘Me opero’. Hay apuestas mucho más grandes que si empiezo o no el gimnasio y es algo a tener en cuenta al momento de proyectar nuestro año”.
Entonces, ¿cómo hacemos?
Según Dik, hay dos elementos a tener en cuenta: por un lado, tener un proyecto que la persona sabe que puede cumplir, caso contrario, la frustración está a la orden del día. “El otro es que ese proyecto no dependa de factores externos. Un ejemplo es proponerse cambiar el auto y luego encontrarse con una inflación del 100%. Son cosas que no controlamos, lo mejor es dejar esos componentes fuera y que lo que nos proponemos dependa de nosotros mismos”.
“El corto plazo también es necesario. Preguntarnos: qué cosas sí estoy en condiciones de hacer. Por ahí, para el curso de cerámica, no se necesite dinero y entonces, quizás, sea solo una cuestión de organizar el tiempo y poder hacerlo. Los proyectos más realistas, más posibles también ayudan en la cuenta al final, para que cuando lleguemos a noviembre y diciembre, no miremos para atrás y digamos ‘No hice nada’”, recomienda Dik.
Ni quemados ni frustrados
“Si tenemos estos proyectos más sencillos y que dependen sólo de nuestra voluntad, podremos concretarlos y no llegar con frustración o impotencia al final del año. Es necesario sentir que manejamos algo de nuestras vidas porque sino sólo se trata de estar al servicio del otro: del trabajo, de los hijos. Si no encontramos un momento, una actividad para nosotros mismos, la verdad que es muy frustrante y desgastante”, apunta la psicóloga.
“En enero y febrero, siempre nos planteamos esto del ‘tiempo para mí’ y en mayo ya no lo tenemos porque buscamos otro trabajo o ya llenamos ese espacio de ocio con alguna otra responsabilidad. Entonces, ya no llegamos, lo que queríamos hacer estaba muy lejos y es lo primero que tachamos que era, simplemente, pasarla bien. Así llegamos a noviembre: resolviendo lo pendiente, sin tiempo, estresados, tratando de resolver, en dos semanas, todo lo que no se hizo durante el año para poder empezar desde cero en el inicio del nuevo año”, agregó.
Y concluyó: “Pasa mucho que, en diciembre, queremos cerrar para tratar de arrancar medianamente con la balanza medianamente equilibrada y no con tanta deuda, no sólo en términos económicos sino en lo emocional. El problema es que siempre estamos en deuda en ese balance”.