Producción

Proyecto Labrar, al rescate del tomate criollo

El proyecto que lleva adelante María Sance y su equipo trabaja fuertemente en el rescate y puesta en valor de las especies originarias de tomate.

Proyecto Labrar es una iniciativa productiva y sostenible liderada por la Dra. en Ciencias Biológicas María Sance y se lleva en conjunto en los ámbitos privados y universitarios y que precisamente María une en sus actividades y busca el rescate del tomate criollo y sustentable y de sus productores.

Como profesora de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCuyo y directora de Sustentabilidad del Universo Vigil que paciente y responsablemente construyeron con su esposo Alejandro Vigil durante años. Sance viene desarrollando junto aun grupo importante de colegas y productores que promueve la recuperación de las variedades de tomates criollos y naturales que además signifiquen una importante mejora en los ingresos de los productores y en la calidad de la alimentación de los consumidores.

La responsable del proyecto asegura que “Hay que cambiar la forma de producir hacia lo sostenible, hacia lo agroecológico, es algo que no tiene que quedar solo en lo discursivo sino que tiene que pasar, porque planeta tenemos uno solo y tenemos que cuidarlo entre todos, como tenemos que cuidar la diversidad biológica de los cultivos”

Y explica que el Proyecto Labrar, es un proyecto productivo y sostenible, que tiene como fin apoyar el desarrollo rural para que la población valore la permanencia en su lugar de origen, renovando la cultura regional. El mismo se sustenta de los estudios sobre la caracterización y revalorización de tomates criollos por características sensoriales, físico-químicas y funcionales.

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María Sance lleva adelante con su equipo el Proyecto Labrar que propone el rescate de las variedades originarias de tomate.

María Sance lleva adelante con su equipo el Proyecto Labrar que propone el rescate de las variedades originarias de tomate.

Labrar valoriza las prácticas de agricultura regenerativa, promoviendo la conservación de suelos y de diversidad hortícola. La práctica regenerativa es fundamental para preservar los equilibrios ambientales, socioeconómicos y culturales de una comunidad.

El proyecto en si nació de la investigación de María sobre la caracterización y revalorización del tomate criollo, tras una aguda búsqueda de variedades antiguas a través del país. El ADN del tomate ha sido no solo incorporado a un banco de datos, sino que ha permitido realizar un profundo estudio de las características sensoriales, físico-químicas y funcionales de este valioso y significativo producto.

La producción promedio anual de tomate argentino de los últimos años se ubica en torno a 1.100.000 toneladas y 17.000 hectáreas productivas, de los cuales un 60-70% se destina a consumo en fresco. Mendoza concentra casi el 70% de la producción y de la cual poco más del 90 por ciento se destina a industria. La producción nacional no alcanza a abastecer la demanda del mercado interno que suele completarse con tomate chileno o italiano industrializado.

Hay más de un centenar de variedades de tomates. Pero estas frutas, además de diversas, son versátiles. Se los consume cocidos, fritos, crudos, secos, confitados, en mermeladas, en salsas, en platos calientes, en recetas frías, en jugos, purés, tragos, sopas y extractos.

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Fuente de vitaminas, como la C; fibra, calcio, hierro y otros minerales, son aliados de cada verano. A los clásicos de color rojo se suman variedades marrones, amarillas, verdes, naranjas, todos en múltiples formatos.

Se lo considera capaz de contribuir a la prevención de más de una enfermedad porque mejora las funciones antitrombóticas y antiinflamatorias; disminuye los riesgos de padecer ciertos tipos de cáncer, enfermedad cardiovascular y osteoporosis; ayuda a la protección contra los daños en la piel por luz ultravioleta y proporciona defensas ante el deterioro cognitivo.

El tomate es originario de América, desde donde los españoles lo llevaron a Europa. Los aztecas lo conocían como xïctomatl, fruto con ombligo. Debido a esa palabra azteca, “tomatl”, los conquistadores españoles lo llamaron “tomate”.

En un principio se usaba como planta ornamental, pero desde el siglo XIX se intensificó su cultivo para consumo. Actualmente los principales países productores son China, Estados Unidos, Turquía, Italia y Egipto.

Sabores de Argentina participó de la ultima Clinica de Tomate y te invitamos a escuchar el informe y la palabra de María Sance.

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