Los clásicos, los iconos del vino argentino siempre están en nuestro corazón y en nuestro recuerdo del paladar. Historias compartidas con la familia, con amigos, cenas largas y anécdotas varias. En esa categoría entra sin dudas la etiqueta icono de una de las bodegas más antiguas de Mendoza. Estamos hablando de Caballero de la Cepa de Finca Flichman.
El hacedor de la vuelta de un icono del vino argentino
El equipo de Flichman encabezado por Rogelio Rabino viene trabajando pacientemente en el relanzamiento de la marca con un perfil moderno, pero respetando la historia de la marca tanto es así que para esta nueva versión de un clásico se trabajó solo con los viñedos históricos de la bodega en Barrancas, Maipú.
El resurgimiento de la leyenda en homenaje a la tradición y calidad que la bodega mantuvo a lo largo de los años es un blend de malbec y syrah de los viñedos maipucinos que según la definición del equipo de la bodega encarna el espíritu de una marca que se dio a conocer como el primer vino fino tinto de Argentina allá por los años 60 y que fue uno de los primeros varietales en llegar al mercado.
Hace un par de años el periodista e historiador Daniel Balmaceda escribió una articulo con la fascinante historia de la bodega y la familia.
Balmaceda cuenta que se calcula que entre 1880 y 1921, el 5% de la población que vivía en la Argentina era de origen ruso. Entre ellos estaba precisamente Sami Flichman —oriundo de Lodz, hoy territorio polaco—, que había arribado en 1889 a la Argentina con solo 18 años. Instalado en Mendoza comenzó a vender telas y alfombras, pero con el objetivo de dedicarse a la vitivinicultura.
En 1890, compró La Bodeguita en Guaymallén y por esos años también conoció a Berta Chait también inmigrante de la zona que ahora se conoce como Moldavia, con quien se casó y tuvieron cuatro hijos: Sara, Isabel, Jacobo e Isaac.
Balmaceda recuerda que, en 1896, Flichman adquirió la "Gran Casa Colorada" que se levantaba en la avenida San Martín de la ciudad de Mendoza, que acondicionó para vender muebles, tapicería, alfombras, cortinas y cristales. Local pronto comenzó a crecer y a hacerse famoso entre la alta sociedad mendocina que eligió su negocio para equipar los hogares.
El éxito en el rubro le permitió llevar adelante la idea que tenía desde que llegó a Mendoza y compró las tierras -más que económicas- en Barrancas donde hoy se asientan los históricos viñedos de los cuales provienen las uvas de Caballero de la Cepa y la maravillosa bodega que es una reliquia histórica de Mendoza.
Balmaceda cuenta que las tierras, “a simple vista, presentaban notables dificultades. Estaban alejadas de los centros de producción y eran secas, debido al lecho pedregoso del Río Mendoza".
Pero Don Sami no vio obstáculos, sino oportunidades. Con herramientas precarias, pero el mejor empeño, dedicó años a mejorarlas, transportando tierra a su espacio para hacerlo fértil. Lo logró. Y de esta manera, hacia 1910, comenzó la cosecha de una de las bodegas pioneras.
Para esos años, Sami Flichman se había convertido en un respetable vecino y representante de la comunidad judía y en 1915 fue presidente de la Sociedad Israelita de Beneficencia.
Los locos años 20 encontraron a Flichman en pleno crecimiento y sus vinos comenzaron a ser transportados en tren, expandiéndose a las principales ciudades del país. En esa década del 20 compró Bodegas y Viñedos La Trentina y levantó una planta fraccionadora en el barrio porteño de La Paternal mientras construye la bodega El Desvío en Godoy Cruz.
La crisis global de los años 30 golpeó fuertemente los negocios que Sami ya conduce con sus hijos Jacobo e Isaac que habían regresado de culminar sus estudios en Francia y poco después (acorde a la época) se incorporaron los maridos de las hijas cuando estas se casaron. Si bien la situación económica familiar y mundial no eran los mejores los Flichman mantuvieron la bodega en Barrancas y la mueblería.
Una tragedia familiar fue el punto de toque para empezar con los vinos finos. Cuenta Balmaceda que en 1935 la tragedia golpeó a la familia cuando Jacobo Flichman, el mayor de los hijos varones y, sin dudas, heredero de los negocios, murió en un accidente de autos.
Isaac abandonó Buenos Aires y partió a Mendoza para hacerse cargo del negocio y fue quien decidió empezar a experimentar con vinos finos y comenzó a exportar a Uruguay y Paraguay.
Cuatro años después en 1939 con solo 68 años, falleció Sami el patriarca y hacedor de la familia. Ya con Isaac en el control total de la compañía se realizaron más plantaciones en Barrancas y se comenzó la elaboración de varietales, cabernet y malbec y comenzó a proveer vinos finos a terceros.
Isaac si dudas fue un heredero absoluto de la motivación y lo que hoy se llama emprendedurismo y fue el primero en traer desde Francia el syrah y fue el creador de Caballero de la Cepa.
En la década del 50, se produce el cambio de nombre a Finca Flichman mientras Isaac Flichman seguía proponiendo ideas y avances hasta que falleció en 1989, a los 84 años.
En 1998 el grupo portugués Sogrape se hizo cargo de la bodega en lo que fue la primera inversión del grupo fuera de Portugal.
Gran parte de esta historia y lo que significa el relanzamiento de Caballero de la Cepa te lo contamos en Sabores de Argentina junto al director enólogo de la bodega Rogelio Rabino.