ver más
°
Grooming

San Rafael: condenaron a un depravado árbitro de fútbol infantil

Un árbitro de fútbol infantil que usaba su celular para menoscabar la integridad sexual de menores, fue condenado a 3 años de cárcel en suspenso en San Rafael.
Por Cristian Pérez Barceló

Podría haber sido el guion de otra "love story", pero terminó siendo una pesadilla que pudo concluir en tragedia. Todo por culpa de un sexagenario llamado Raúl Salvador Juárez que menoscabó la integridad de menores de edad a través de un celular en el que se hacía pasar por compañerito de colegio de las víctimas. El hecho ocurrió en el departamento de San Rafael.

En setiembre de 2019, una pequeña de sólo 12 años de edad comenzó una relación sentimental con un compañerito, y el whatsapp era el medio de permanente comunicación entre los adolescentes.

El jovencito no tenía celular, y Juárez le prestó el suyo. De ahí en más, el depravado comenzó a hacerse pasar por el adolescente, y a escribirle mensajes que terminaron controlándola hasta denigrarla en un ciberacoso, para placer del conocido árbitro de fútbol infantil en San Rafael.

Después, lo hizo con otra niña, bajo la misma argucia: decía ser otro jovencito al que le usó también el perfil con su celular.

Pasado el tiempo, les confesó que tiene 60 años (en realidad, es casi septuagenario), y le pide que borren los mensajes para que no fueran visto por sus padres. Y las niñas, atemorizadas, quizá porque se han comunicado con un tipo que compartía fotos y videos, y dentro de su menoscabada inocencia, les servían a los pervertidos placeres de este energúmeno.

Tan pervertido, que lo compartía con otro tipo, amigo suyo. Ya estamos en el año 2020. Y las comunicaciones con su amigo, lo llevaban a Juárez a asegurar que iba a tener sexo con esas criaturas cuando pasara la pandemia.

Las niñas no sabían nada de semejante atrocidad, hasta que se enteraron. Una de ellas, angustiada comenzó a padecer un cuadro compatible con trastorno de estrés post traumático, sentimientos de tristeza, vergüenza y culpa… e intentó suicidarse.

La asquerosa acción delictiva de Juárez, claramente la realizó con conciencia, comprendía acabadamente la criminal forma de actuar, sabía que era menor de edad, no le importó…

La perversidad manipuladora era de tal magnitud que al enterarse que una de esas chicas se sentía maltratada en su vida, aprovechó para someterla aún más. Juárez le contó a su amigo como una gracia que podía hacer con ella lo que quisiera, porque era vulnerable.

Y el error fue creer que iba a quedar impune porque les decía, luego: borrá ese video o esa foto, ahora, ¿sabés? Dos videos fueron recuperados de los archivos del celular, y se terminó la sucia jugada.

Pero el astuto que no lo fue tanto, llegaba a otro extremo: luego de haber compartido los videos y las fotos con su amigo, Juárez las borraba, pero pasado un tiempo se las volvía a pedir para que se la reenviaran. “porque las perdí, y quiero recuperarlos”, le decía

Esto fue también un elemento de prueba en su contra, ya que la línea de ese celular está a nombre suyo, y no podría esgrimir que otra persona la había usado.

El denigrante comportamiento no pudo ocultarlo tampoco, porque cuando escribía siempre cometía los mismos errores ortográficos, por ejemplo, omitir la s final en ciertas palabras, lo que permitió señalar en la acusación esa característica lingüística que lo identificaba sin lugar a dudas como el autor de estos mensajes. Como fijo el fiscal Javier Giaroli cuando lo acusó: “eso era como su huella dactilar”.

Lo culpó no sólo de una “perversa seducción de una niña”, sino también de ser el “responsable directo de todas las secuelas que le ha ocasionado”.

Claramente, estamos ante un hombre que engañó a la chica para que le enviase el material que él deseaba, y así intentar menoscabar su integridad sexual.

Eso es lo que provoca el grooming, ni más ni menos que afectar el desarrollo sexual de esa víctima que debiera estar “libre de injerencias indebidas”.

Lo advirtieron los peritos que la examinaron porque concluyeron que la pobre criatura “no tenía la madurez ni los recursos psicológicos adecuados ni contaba con el desarrollo psicomadurativo correspondiente para discernir que la conexión que mantenía con el imputado era una relación asimétrica de poder”.

Y como lo expresó Giaroli, en el juicio abreviado que presidió el juez Jorge Yapur Meca: “Que se quisiese suicidar al enterarse que con quien conversaba era un hombre de sesenta años, me exime de mayores fundamentaciones”.

Esta historia atroz terminó con una condena de 3 años en suspenso, bastante alta si consideramos que este delito sólo tiene penas de 6 meses a 4 de prisión; mientras que la víctima sufrirá secuelas de por vida.

Te Puede Interesar