Personal policial de la División de Delitos Económicos de la Dirección de Investigaciones detuvo a los integrantes de una banda delictiva que operaba a la salida de entidades bancarias del Gran Mendoza, donde estafaba a jubilados con el famoso “cuento del tío”.
Cayó una banda que estafaba jubilados en el Gran Mendoza: cómo actuaban
Bajo la supervisión del fiscal Flavio D’Amore, los efectivos arrestaron a tres personas al momento en el que perpetraban el ardid con el que engañaban a sus víctimas desde hacía meses. No obstante, uno de los sospechosos logró escapar y permanece prófugo.
El operativo se llevó adelante en la zona bancaria del departamento de Las Heras, frente a la plaza Marcos Burgos, donde los policías detectaron a un hombre cerca de la fila de cobro de un banco, observando a los adultos mayores.
El sujeto eligió a una mujer que salió de la entidad y la siguió unas cuadras, hasta Sáenz y Falucho, donde la abordó y comenzó su treta delictiva. Mientras el hombre le hablaba a la anciana, una pareja se acercó y revisaba su bolso, en pos de despojarla del dinero que acababa de cobrar.
Allí intervinieron los integrantes de las fuerzas, que lograron arrestar a la pareja, ambos oriundos de la provincia de Salta. En cuanto al primer estafador, pudo zafar de la detención y escapó en un automóvil que lo esperaba en la zona.
En ese momento se inició la persecución policial, que terminó en la esquina de calles Catamarca y Benavente, cuando la conductora chocó a un móvil de las fuerzas. La mujer, de origen cordobesa, también fue detenida; pero el otro sospechoso logró escapar por segunda vez.
A la hora de la requisa del vehículo, los policías secuestraron dinero en efectivo –entre pesos argentinos y dólares-, tarjetas de crédito, de débito y DNI de varias personas. Además, gran cantidad de fajos de papel de diario, cortados y agrupados en forma de simular dinero.
El modus operandi de la banda
Según explicaron desde el Ministerio de Seguridad y Justicia, los delincuentes “marcaban” a un jubilado en la fila del banco para cobrar su pensión o jubilación, y una vez contaba con el dinero lo seguían hasta una zona alejadas del público o de cámaras de seguridad.
En ese momento lo abordaba uno de los ladrones y le avisaba que acababa de encontrar un monedero con dólares, por lo tanto le ofrecía a la víctima repartir el botín o aguardar la aparición del dueño. Por ello le entregaban la cartera para que la guarde u oculte.
Es allí cuando intervenían los cómplices: una persona gritando que había perdido el monedero increpaba a la víctima para saber si había hallado el objeto perdido. Entre los nervios y temor del jubilado o jubilada, una tercera persona aprovecha para sustraerle el dinero de la jubilación.
Una vez cumplido el objetivo, se retiraban y dejaban a la persona asaltada con el monedero y el dinero falso. Luego escapaban en un vehículo y se mudaban de ropa para no ser identificados.
En la mayoría de los golpes, no apelaban a la fuerza, sino al engaño. El hombre prófugo, según testigos, tiene acento cordobés y suele utilizar una boina.
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