Opinión

Ley ómnibus: si fue una victoria, ¿cómo será una derrota?

El Gobierno logró la aprobación en general de la Ley ómnibus, pero a un costo altísimo y que no termina de pagar. Una derrota que quieren vender como victoria.

Por Marcelo López Álvarez

La política del palacio, la de la calle y la de las decisiones fundamentales que generan cierta perpetuidad. No se guían ni por las redes sociales, ni los estudios de TV. Por más relato que se genere, la única verdad es la realidad y Javier Milei comenzará su tercer mes de gestión debilitado y con una derrota influyente en el tratamiento de la Ley ómnibus.

Quizás el lector (algo contaminado por el discurso de redes y medios concentrados) en este mismo momento exclamé, ¡Caspitas pero qué dice! Una lectura tranquila de los acontecimientos con datos concretos nos ayudará a ver esa derrota que se quiere mostrar como victoria, aunque sea pírrica

Ya han leído en demasía en Sitio Andino sobre los escándalos en las dos semanas de tratamiento en Comisiones, por lo que no abundaremos en los detalles sobre esos días que terminaron con diputados firmando en blanco un dictamen de mayoría por que las negociaciones no se cerraban.

El martes el pleno de la Cámara de Diputados comenzó el pleno con quórum pero, en un hecho realmente inédito y único en la historia argentina, sin conocer cuál era el articulado de la ley que se iba a tratar, solo conocían el título.

Ley Ómnibus, el Bingo de Congreso

El desconocimiento era tal que para comenzar la sesión por Secretaría se comenzó a leer los artículos que desaparecen de la ley y los legisladores buscaban en el texto que tenían sobre sus bancas y tachaban con un marcador.

El bingo de los artículos estaba en marcha, el problema mayor es que este es un bingo donde no gana nadie o mejor dicho siempre cobran los mismos. El desorden era tal que varios legisladores denunciaron que el texto que tenían sobre sus bancas difería unos de otros.

Mientras eso pasaba, Ejecutivo y legisladores continuaban las negociaciones por que estaba el quórum y los discursos pero no los votos. A tal punto que la sesión que comenzó el martes tuvo varios cuarto intermedio para llegar al viernes votando en general y volver a llamar a un cuarto intermedio hasta el martes, para tratar de ultimar detalles y votos para lograr la aprobación del articulado de la ley.

Precisamente allí está una de los datos de la derrota del oficialismo. De los poco más de 660 artículos y se terminó aprobando una de 384 que todavía los legisladores no conocen porque, al parecer, volvieron artículos que se habían sacado y se fueron otros que aparecían seguros al fin de las negociaciones.

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De la pomposa presentación de la Ley Ómnibus, el Gobierno tuvo que bajar el 65% del articulado.

De la pomposa presentación de la Ley Ómnibus, el Gobierno tuvo que bajar el 65% del articulado.

A pesar de la semana larga de cabildeos y de las amenazas presidenciales de que él no negocia, el Ejecutivo tuvo que retirar 300 artículos y enviar el viernes a Karina Milei junto a Nicolás Caputo y Manuel Adorni para convencer a sus propios legisladores que ensayaron un “reclamo gremial” y amenazaban la cantidad de votos necesarios para la aprobación en general.

El martes comenzará (¿?) el tratamiento en particular de los 300 artículos pero, otro dato de la derrota del Gobierno, las negociaciones continúan frenéticamente por una simple razón; no están los votos para aprobar los capítulos que más le importan al Ejecutivo.

La inexperiencia del oficialismo aún no registró que la política, que ellos aseguran detestar, es fundamental e inevitable para gobernar y esa política ya le tomó el tiempo, por lo que cada minuto que pase sin acuerdo y sin comenzar la votación más “caro” le saldrá al oficialismo en seguir aplicando concesiones a gobernadores y legisladores.

La derrota política de un gobierno que en menos de 50 días tienen que bajar todas sus banderas para poder aprobar una ley (por su propia incapacidad, mesianismo y narcisismo político) y tampoco puede poner en marcha aparatoso e impresentable DNU fundacional es un dato insoslayable que deja sentado un precedente preocupante para su estabilidad. Como si esto fuera poco todavía falta que pase por el Senado y, cómo se sabe, allí se toma té en tazas de porcelana y se comen masitas finas.

Del proyecto original que presentó pomposamente el Gobierno con puesta en escena mediática y encuadernado como si fuera una Constitución y depositado en una caja de fina madera contenedora, las negociaciones (que según el Presidente no existían, ni eran posibles) le podaron el 65% de sus artículos y -como decíamos- aún falta el Senado. Cabe la pregunta ¿Sí eso es una victoria, entonces qué sería una derrota?

Ley ómnibus: Votaron. Pero qué votaron

Seguramente en este espacio sería mucho más interesante analizar cuáles son los alcances de una ley que se presenta como tan trascendente para la vida de los ciudadanos, las empresas, la economía y hasta la vida social, sin embargo ello es imposible.

Ni siquiera los legisladores saben lo que votaron. Solo una especie de servilismo al poder -bastante poco clasificable- puede explicar los posteos de legisladores, gobernadores, dirigentes alabando la aprobación en general de un articulado que nadie conoce.

El colega Nicolas Fiorentino en su red social X publicó un interesante hilo sobre todo este desaguisado, mostrando claramente al subsuelo de la política al cuál bajó gran parte de los integrantes de la Cámara de Diputados votando un proyecto que pocos conocen.

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A partir del martes habrá que estar atento a cada artículo que se vote para saber realmente qué y cómo quedó en el texto de la ley, que ni siquiera se puede decir que sea definitivo.

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