domingo 25 sep 2022
Opinión

Esta Argentina de "cupitos" duele en el alma

"Otros cierran, nosotros no. Pero así estamos, vendiendo de a cupitos porque no llega la mercadería". Un empresario mendocino en la desesperación de la semana

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Por Myriam Ruiz 24 de julio de 2022 - 09:24

“Hay gente que cierra, nosotros no cerramos. Así estamos, a cupitos nomás”. La frase pertenece a Oscar Juárez, de Nico Juárez una cerealera con 60 años en General Alvear. Su palabra no hace más que refrendar la de muchos otros empresarios, que en la semana de terror que acabamos de pasar no sabían si vender o no lo poco que les llegaba desde otras plazas. O a qué precio hacerlo.

Si uno, ciudadano corriente, no puede creer que volvamos a estar en el mismo punto por el que Argentina ya ha pasado varias veces en las últimas décadas, imagine a empresarios que debe invertir en mercadería; que paga cada día más caro los insumos que le llegan; que tiene que hacer frente, cada mes, al pago de la nómina salarial.

“Está todo terriblemente complicado. Tenemos la harina subsidiada pero hasta el lunes valía $1.850 y hoy ya está en 2 mil pesos”, explicó el comerciante.

La verdad es que hay faltantes de todo, como en el alimento de mascotas que hay aumentos diarios o con el azúcar. “Pedimos históricamente 250 bolsas de azúcar, esta semana nos entregaron 50. Hay gente que cierra, nosotros no cerramos y estamos así “a los cupitos” nomás”, añadió.

Esta misma situación se reproduce por mil, primero se notó en aquellos negocios que requieren de materia prima importada como es el de los neumáticos o tecnología. Sin embargo, a medida que el dólar no oficial trepaba a niveles inauditos el golpe se hizo sentir en agroquímicas, supermercados, almacenes, locales de venta de bicicletas, carnicerías… en fin, en todos los rubros.

Y sí, hubo comercios que cerraron sus puertas el viernes, entendiendo que la volatilidad cambiaria no es buena y que perdían dinero vendiendo un producto que, en el minuto siguiente, aumentaba nuevamente.

La sensación generalizada esta semana fue que la crisis se está acelerando a pasos agigantados. Los proveedores enviaron listas sin precios a sus clientes, en las góndolas comenzaron a faltar productos y en algunos casos, como el aceite o el azúcar, aparecieron carteles del tipo “uno por cliente”.

Todo el interior del país recibió mensajes de mayoristas sobre que no tenían stock y la parálisis económica fue asentándose frente al desconcierto de un Gobierno que no ha dictado medidas que tranquilicen y aclaren el panorama.

Cómo iniciará la nueva semana, no lo sabemos. El temor es palpable tanto en empresarios e inversores, como en los millones de argentinos a los que llegar con algo de dinero a fin de mes ya hace rato se convirtió en algo imposible.

Los argentinos, una vez más, estamos sobreviviendo. Vaya si sabemos de eso, tenemos el cuero duro de remarla y el cerebro joven de tanto crear soluciones al mismo problema.

¿Cómo puede ser tan difícil llevar a este país a una mínima estabilidad que dé reglas claras a quienes invierten y crean puestos de trabajo? ¿Cómo, en casi 40 años de democracia, no hemos sido capaces de crear un sistema político-financiero-económico solvente?

Y también me pregunto, como todos, cuánto nos llevará salir de este nuevo pozo con una pobreza que en cifras oficiales está en el 40% de la población pero en la realidad sabemos que más de la mitad del país no llega a los 104 mil pesos que cuesta la canasta básica.

Esta Argentina duele. Pero no duele en el bolsillo vacío, duele en el alma.

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