Análisis

El año que salimos campeones... en conflictos

Este no fue solo el año en que salimos campeones de fútbol sino que los conflictos institucionales se transformaron en el otro gran "logro" de la Argentina.

Se va el año que salimos campeones pero no solo de fútbol sino también de conflictos institucionales alimentados por una grieta que no es política, es netamente de intereses que usan la política para expresarse.

La relación entre los tres poderes constitucionales del Estado esta en la misma situación que la de Lionel Scaloni con el periodismo deportivo empresario de la Argentina antes del Mundial. Claro que acá no hay Copa del Mundo que aquiete las aguas de un mar embravecido.

El conflicto que en un principio parecía solo reservado a un espacio del oficialismo con el sector más poderoso de la Justicia junto a un grupo de medios terminando extendiéndose como una mancha venenosa que se lleva puesto todo.

La facilidad con la que las cabezas de los poderes (sobre todo el Judicial) confunden sus roles o pretenden tomar el control de los otros se ha transformado en una enfermedad que se va extendiendo hacia todos los espacios.

Hasta Mendoza (que venia invicta en es esos conflictos) cierra el año con la fuerte polémica por el rollover de la deuda en dólares tomada durante la gestión de Alfredo Cornejo que Rodolfo Suarez decidió ejecutar por decreto a pesar de la no aprobación legislativa y el dictamen en contrario de la Fiscalía de Estado.

Mientras el Gobierno Nacional (por lo menos en lo declamativo) redobla su conflicto con la Corte Suprema y una parte importante de los Tribunales Federales, la Corte se toma atribuciones legislativas y el Parlamento juega un juegos peligroso de acomodar sus representaciones de acuerdo a sus necesidades coyunturales.

En medio de ese conflicto el año se caracterizo por el crecimiento de alternativas marginales que hasta llegaron a atentar contra la vida de la vicepresidenta de la Nación y por confirmar que le espionaje ilegal con fines políticos o político-comerciales se transformaron en un elemento más de la política al igual que la convivencia entre los poderes concentrados con algunos dirigentes.

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El año de los campeones del mundo también estuvo marcado por los conflictos institucionales que complican la marcha de la economía.

El año de los campeones del mundo también estuvo marcado por los conflictos institucionales que complican la marcha de la economía.

Casi como un jugarreta literaria los lugares espacios donde quedó al descubierto que se desarrollan esas connivencias se llaman Lago Escondido y El Secreto. Siempre -pero siempre- en algún momento supera la ficción.

El año en que fuimos campeones en conflictos deja la puerta abierta a un comienzo de 2023 muy pero muy movido con consecuencias (por ahora) desconocidas, enmarcadas en una aceleración de los tiempos de campaña. El último día del año con varias renuncias en ámbito del Ejecutivo y el anuncio formal de que el Jefe de Gabinete será candidato a vice gobernador en Tucumán (las elecciones son en Mayo) parecen también acelerar los tiempos.

Las fuerzas políticas encaran un año electoral con una economía disociada donde si bien las variable macro continúan las transferencias de ingresos en pos de consolidar la desigualdad se sigue profundizando. Cuando se conozcan los números de participación de la economía en el cuarto trimestre de la año la participación de los asalariados caerá al 33% (cuando dejo el gobierno Cristina Kirchner estaba en el 45 % y cuando culminó su mandato Mauricio Macri llegaba a los 40 puntos).

Cuanto de la economía se puede recuperar en medio de conflictos institucionales y políticos durante un año electoral es un misterio, pero lo que es seguro que no es el mejor escenario para desarrollar crecimiento e inversiones.

Dicen por allí que los países nunca se suicidan y sobran los ejemplos de eso en la Argentina y en Latinoamérica, pero sí es cierto que no se suicidad también lo es que pueden herirse gravemente. Nuestro país inicia el nuevo año precisamente al borde de herirse gravemente. La responsabilidad de su dirigencia (no solo política) y las decisiones que tome la sociedad serán fundamentales para decidir si nos salvamos o seguimos jugando al borde del abismo.

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