25 de junio de 2026
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Literatura

"Hay un imposible que hace que la vida tenga algún sentido"

En El mundo después, el escritor y psicoanalista José Ioskyn construye -en cuatro relatos- una serie de mundos que arrasados, operan como cobijo de subjetividades novedosas.

Por Sección Cultura

El libro -publicado por la casaParadiso- elude las referencias personales y geográficas y con particular tino, las servidumbres voluntarias que caracterizan al mundo contemporáneo.
 
Ioskyn nació en La Plata en 1962; practica el psicoanálisis, escribe; es un hombre enjuto y modesto; sus convicciones también pueden deducirse en un próximo libro que pronto publicará el sello Letra Viva.El mundo después es su primera novela.
Este es el diálogo que sostuvo conTélam.
 
T : El mundo después... el mundo ¿después de qué, o de qué mundo?
I : Se trata de buscar un modo de seguir cuando no hay salida. Creo que son mundos que han sido arrasados; subjetividades quebradas y sin retorno. A partir de ahí se da una construcción, o mejor, la invención de una salida. Estos mundos y estas subjetividades reducidas al mínimo, se despliegan con una lógica propia que a veces roza lo fantástico y a veces cierta realidad. Fui llevado en estos relatos a hacer desarrollos impensados para mí mismo. La narración intenta privilegiar el fraseo y la cadencia; y los personajes, que no tienen nombre, se implican en mundos que los cobijan siempre en su singularidad.
 
T : Estás lejos del realismo…

I : De alguna manera todo esto se pone en cruz con cierto realismo de barricada que está en el aire y que no agrega nada a lo que es la escritura, no en el sentido de una estética sino en su dimensión existencial.
 
T : ¿Qué escritores frecuentás? Pregunto porque creo que uno de los logros del libro es la “ausencia” de “psicología” de los personajes y ese paisaje para anfibios.
I : Esto es importante. No tanto lo que me gusta leer, o las influencias, que siempre están. Kafka, Mann, Musil, Walser, Bernhard. Me refiero a una manera de representar que suspende casi todo el cuerpo del personaje, su historia, sus gustos, su psicología, sus emociones, y deja solamente un rasgo, un haz de atributos, y luego todo gira en el vacío. Y el vacío es generador: en el texto se ven los efectos. Pero nada más. Borges decía que es más importante lo que no se cuenta que lo que se cuenta. Esto permite un máximo despojamiento, y un efecto de superficie que obliga al lector a reconstruir, y le sugiere algo más que lo que puede producir un relato sin baches.
 
Los agujeros, lo no dicho, son importantes no sólo como funcionamiento del relato sino como alusión a que hay un indecible, un imposible, que hace que la vida tenga algún sentido. Es el enigma. La psicología es un obstáculo, la causalidad también, a veces la historia personal también. No me resulta interesante explicar las cosas, sino que el relato y sus personajes se mantengan y actúen en el aire como equilibristas.
 
T : Historias, estampas, apuntes, sin referencias biográficas, aparentemente. ¿Cómo fuiste construyendo estos relatos?

I : Es algo que me ha sorprendido. He tenido historias terminadas mentalmente antes de empezar a escribir, pero que luego las suspendí en algún punto porque no se sostenían, y debía esperar a que se resolvieran para continuar. En otros casos, algo que era sólo una idea o una imagen, cobraba fuerza y avanzaba a veces con una velocidad mayor a la pensada.
 
T : En ocasiones, los habitantes de ese submundo parecen haber sido objeto de un borroneo de la diferencia sexual. ¿Es así? 
I : No sé si hablaría de submundo, o de borroneo, aunque entiendo a que te referís. Hay algo arrasado en esos mundos, y en los personajes que los habitan, y esa devastación alcanza, a veces, a su sexualidad. Acaso en el mundo que nos rodea, en nuestra modernidad, hay también una ambigüedad cada vez más ostensible. Esto permite ciertos desvíos y encuentros de mayor amplitud y sorpresa.
 
T : Personajes perdidos, sin afinidades, conectados más con las cosas que con los seres. ¿Por qué entonces hablar de un mundo perdido y no uno por ganar?

I : Es difícil responder con exactitud. A veces un objeto puede funcionar como un ser, un reemplazo de otro y alcanzar un grado de intimidad hiperbólico. Una vez ausente la pregunta por el ser, quedás solo frente a los objetos. El problema es que el paso siguiente es que también se puede llegar a perder la distancia con el objeto. Esto es filosofía, pero se puede anudar a una literatura. Si uno hace el relato de la relación con un objeto, hay algo detrás de ese objeto, un mundo, y por una vuelta sorprendente te terminás encontrando. Es un poco la historia que querría contar o transmitir, a través de una voz, un sueño, una jarra vacía, la arena o una muerte, el retorno de eso a lo que te relacionás, el retorno de eso sobre el sujeto. 

 

 

 

 

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