Muchísimas gracias. Qué lindo final de fiesta con todos ustedes. Luego de una hora y media de concierto y en medio de un baile sazonado con el mejor swing cubano provocado por Yusa, Ana Prada le ponía palabras al
cierre de una noche distendida y colmada de buenas canciones que se vivió en la Nave Cultural.
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Magia de una noche endulzada con crema y chocolate
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Foto: Cristian Lozano |
Así, culminaba en Mendoza también para estas dos mujeres la propuesta que las reunió en el verano porteño en un mismo espectáculo denominado Crema y Chocolate y que luego se encargaron de llevar con éxito por distintas ciudades del país y una presentación en Montevideo, Uruguay.
Fue la mendocina Paula Neder la encargada de abrir este gran encuentro de voces femeninas. Con su guitarra al hombro no le costó nada cautivar al público presente con dos canciones de su autoría y unas coplas
inspiradas en el paraje lavallino El retiro, donde da clases. Logrando con su participación un momento intimista que auspició de perfecta antesala para lo que vendría luego.
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Foto: Cristian Lozano
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Como se esperaba, el show trajo minutos después la combinación imposible de despreciar que supone unir la sangre rítmica que corre por las venas de la cubana Yusa, con la dulzura matizada por los sonidos rioplatenses que suelta la uruguaya Ana Prada cada vez canta. Sumándole a todo esto la complicidad que hay entre ellas y que les permite brindar una actuación que rompe con toda formalidad.
De esta manera la gente disfrutó del concierto. Entre hermosas interpretaciones del repertorio de cada una y divertidas conversaciones que incluían la participación de la gente. Una atmósfera relajada que permitió además tener la comodidad suficiente para sobrellevar cualquier bache que puso surgir con el sonido.
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Tentempié, Me quiere sonar, Mientras tanto, Adiós, Tu vestido y Soy pecadora fueron algunas de las encantadoras canciones de Prada que sonaron en la noche. Amalgamadas con la voz, el bajo, la guitarra, el tres cubano o el cajón flamenco con el que acompañó Yusa según la ocasión. Mientras que la morocha nacida en La Habana también regaló parte de lo suyo como No tengo otro lugar o su versión de Charly García de Buscando un símbolo de paz. En cada caso, esta mixtura de melodías estuvo mediada por los teclados de Ariel Polenta.
Dejemos que fluya. Que la música es libre. No sabe de prejuicios, fronteras geográficas ni de géneros. Dejemos que se mezcle en la combinación de los más ricos sabores, que la música es siempre motivo de encuentro y celebración. Esto pareció decir el concierto que estas dos jóvenes referentes
de la canción latinoamericana brindaron en Mendoza. Un gustito rico en el alma para saborear sin prisa.