Una escena de romance apasionado. Eso es lo que se uno ve cuando Luis Salinas cierra los ojos y se funde con el instrumento. El tiempo se evapora y la música adquiere un vuelo que no reconoce límites. Como espectador el lugar más privilegiado es el de la contemplación y la posibilidad de maravillarse por esa fusión que escapa a la lógica.
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Luis Salinas en Mendoza: el placer de sentir la música con libertad
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Este viernes el talentoso guitarrista volvió a ese pueblo tan musical, como le gusta decir al referirse a Mendoza, para tocar en el Teatro Plaza un repertorio libre de estilos junto a Hernán Jacinto en piano, Jota Morelli en batería y Cristian Gálvez en bajo. Un lujo para el público local, ya que cada uno es en sí mismo, es un regalo de virtuosismo.
Dos horas duró la presentación que estuvo comandada por la improvisación y la extraordinaria sinergia entre ellos. Algo de tango, folklore, boleros, baladas y latin jazz, fueron los estilos que fluían y se entremezclaban en largas interpretaciones que se sucedieron una tras otras sin mediar casi palabras más que un, gracias por venir, cada tanto. Los calurosos aplausos fueron siempre la respuesta ante la magia.
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Fue en el cierre, cuando la gente le pedía con fervor el bis, que un genuino Salinas se despachó con anécdotas sobre sus primeras presentaciones en la provincia y el impulso que le dio el lugar para comenzar a realizar sus giras como solista. Yo sentía en Mendoza que venía a tocar cualquier cosa, con cualquier formación y el público estaba acá diciendo: tocá lo que quieras, te queremos escuchar. Ni hablar lo que es poder juntarme con amigos en este pueblo tan musical a tocar la guitarra y escuchar las tonadas y todo eso. Por eso venir acá para mí tiene algo muy especial, es my lindo. Y compartir con estos músicos maravillosos que son mis amigos además. Asique gracias por venir, dijo cálidamente.
Y si algo le faltaba a la noche para ser perfecta, se sumó la voz de Pocho Sosa para interpretar junto al genial cuarteto una canción con letra de Jorge Sosa y con música, por supuesto, de Luis Salinas. El final trajo dos temas más, mientras el público aplaudía de pie un encuentro donde la música mostró su lado más soberbio y magistral.