No fue bueno el partido. Y, para ser justos, tampoco resultó demasiado malo. No hubo demasiados matices, es cierto. Fue el dominio de la monotonía, aunque con una planificada, estudiada y estructurada manera de disfrutar el juego. Porque, a no dudarlo, Belgrano y Arsenal , a su modo, pueden sentir cierto placer con sus métodos. Tienen una ventaja gigante con el resto, o al menos con la mayoría: saben exactamente a lo que juegan. Cómo hacerlo y cuando llevarlo a cabo.
Empate con sabor a poco para Belgrano y Arsenal en Córdoba
Gustavo Alfaro es un técnico trabajador. Y el Ruso Zielinski es un cultor de la táctica. Y viceversa. Entonces, cuando chocan dos formaciones con sistemas de juego tan parecidos, tal vez se sepa qué va a pasar. O cómo van a tomar el desafío. Por eso, casi no hubo sorpresas en el 1-1 de anoche, en esta ciudad.
Eso sí: las defensas dieron la nota. No jugaron con el rigor táctico de siempre. Hubo espacios, desatenciones, huecos peligrosos. Que el adversario capitalizó, uno en cada etapa. Primero, Belgrano; luego, Arsenal; los dos, de cabeza.
Un centro de Velázquez encontró, en soledad, la cabeza de Lollo, el defensor del equipo celeste. Más tarde, en la segunda mitad y cuando ingresaron más titulares (Arsenal juega a dos puntas, en el torneo local y en la Copa Libertadores), como Carbonero y Ortiz, un tiro libre de Aguirre derivó en el salto ganador de Braghieri. Olave fue cómplice de la situación, ya que voló demasiado lejos del balón cuando fue lanzado el centro.
Antes, apenas un rato antes, Arsenal había tenido un par de situaciones. Y en el final, en una parte del espectáculo que terminó siendo electrizante, hasta pudo ganarlo, porque tuvo mayor decisión en los metros finales.
Sin embargo, jugó la lógica. Lo que estaba planificado en la antesala, lo que se creía que podía suceder. Sucedió. Belgrano y Arsenal son demasiado parecidos. No se pueden sacar ventajas porque se miran en el mismo espejo. Casi juegan de la misma manera.