26 de junio de 2026
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Literatura

Relatos pornográficos contados por féminas

Una decena de relatos porno-soft y hardcore de 10 jóvenes contemporáneas dan forma a Cuarenta grados a la sombra.

Por Sección Cultura
El libro editado por Emecé —se presentará el miércoles próximo a las 19.30 en Eterna Cadencia, Honduras 5574— propone un abordaje que se aleja de lo erótico-romántico y llega al porno con el acento puesto en la calidad literaria y en una forma de ver y experimentar el sexo, puro y duro, poco recorrida, fuera del mainstream impuesto por la sensibilidad del macho.
 
"Yo pedí porno porque lo erótico puede ser una novela de Corín Tellado, de verdad que la literatura erótica está muy transitada por la mirada femenina y poner la consigna «porno» llamaba a un quiebre", se presenta Bliffeld a Télam, licenciada en Letras instalada en México hace casi una década junto a si familia.
 
En diálogo telefónico desde el DF, subraya que le pareció "súper interesante que sean mujeres jóvenes las que escribieran porque se trata de un género asociado a los varones, el enunciador de lo pornográfico históricamente es el hombre".
 
"Cada autora fue elegida pensando en la calidad de su literatura y tuvieron plena libertad creativa. Si en algo les presioné fue para que fueran más allá, que se corrieran del límite, que es un poco la esencia del porno tal como yo lo entiendo", explica Bliffeld.
 
"Si me preguntan, quería que sea como Sade, Miller o Anais Nin;  más que del lado de Cincuenta sombras y ese erotismo trillado —dice Bliffeld—. Desde el principio sentí muy divertido e interesante ver qué podían llegar a hacer muy buenas escritoras contemporáneas en ese terreno", que tópicos tocarían y cómo los presentarían en el papel.
 
La antología que trabajó por más de tres años forma un colorido caleidoscopio que va del encuentro lumpen y lésbico que Gabriela Bejerman escupe en Esa troncha trenza de cana; a la tristeza de la separación que narra Flor Monfort con el sexo casual de Acapulco; o el amor egocéntrico y masturbatorio que Virginia Cosin describe en Buquebús.

La idea "surgió cuando acababa de parir —repasa Bliffeld—. Algo se me jugaba con eso de que muchas veces la maternidad corre la mirada de la mujer de la sexualidad y llevé eso al extremo (opuesto). Soy madre y también un objeto de deseo y corrí mis límites como sé hacerlo, desde mi literatura y la de los otros".
 
Desde que comenzó el proyecto "pensé al porno desde el sexo explícito", reseña, y ahí están el sexo celebratorio de Mercedes Halfon; el incestuoso y sin culpas de Daniela Pasik; el de retiro de Julieta Gorodischer o el de fin del deseo de Fernanda Nicolini.
 
Muchas escritoras prefirieron no participar: "Tenés que estar dispuesta a entrar en el género, hay una especie de exposición más candente, más brutal —considera—. Alguien preguntó si hay algo de confesional en esos cuentos y no lo sé pero están atravesados por el yo".

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