Alemán nació en Buenos Aires en 1951; desde 1976 vive y trabaja en Madrid; es miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis de España (ELP) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP).
Publicó, entre otros libros, Lacan: Heidegger (junto a Sergio Larriera); Para una izquierda lacaniana; Arte, ideología y capitalismo (junto a Slavoj Zizek); Filosofía del límite e inconsciente (junto a Eugenio Trías), No saber y El porvenir del inconsciente.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam:
-T: ¿Cómo se resuelve la tensión entre política y psicoanálisis, si se piensa que la política es el discurso del Amo?
-A: El asunto se hace más claro trabajando sobre Lacan y (Martin) Heidegger, a través de los cuales la experiencia política y la práctica analítica del psicoanálisis operan en una relación de conjunción-separación. Por mi insistencia y formación, surge la idea de pensar la política por fuera de las determinaciones metafísicas del consenso, la gestión y la administración.
-T: ¿Podría explicarse?
-A: Sí. En ese esquema, la política queda capturada por las estructuras de emplazamiento de la técnica. De la otra manera, convocamos a (Sigmund) Freud -el inconsciente-, a (Karl) Marx -la plusvalía-, a (Jacques) Lacan -lo real-, y a Heidegger-la técnica- para pensar lo político de manera apropiada a la época del malestar en el capitalismo.
-T: Sigue estando poco claro. Usted habla de malestar en el capitalismo. ¿Alguna vez existió el bienestar?
-A: (risas) Esa es una fórmula, como se decía estado de bienestar. Ciertamente fue un camino particular, atravesado de tensiones. Pero menos entre el psicoanálisis y la política sino entre lo que la práctica analítica enseña sobre la singularidad del sujeto y la dimensión colectiva de la política.
-T: Entonces, ¿cómo se resuelven esas tensiones si la política que se busca tiene, además, pretensiones emancipatorias?
-A: Yo creo que en la medida que no pensemos que existe una fuerza exterior que nos oprime. Lo cual empujaría a creer que una vez destituida la opresión, accederíamos a una existencia plena, sin resto de angustia, pulsión de muerte, insatisfacción
