El US Open, en jaque por Irene
A dos días del comienzo del último Grand Slam del año, se vivió un jornada extraña ante el inminente paso del huracán; "Da miedo", dijo Federer; Nadal insinuó que es un día para ver películas.
La pregunta más repetida entre los pocos jugadores, entrenadores y familiares que estuvieron en Flushing Meadows era una y clara: "¿En qué piso estás?"
Algunos se alegraban de no estar muy abajo, por el temor a las inundaciones -infundado en el centro de Manhattan-, y otros, como el español Feliciano López, en un piso 42, podían preocuparse por los efectos de los vientos a más de 160 kilómetros por hora.
¿Qué hacer ante un fin de semana encerrado en un hotel en una ciudad sin transporte público y con cines, teatros y resturantes cerrados? Ver unas películas, insinuó hoy Rafael Nadal, que mañana no pisará Flushinhg Meadows, cerrado a cal y canto.
"Nadie sabe exactamente qué está pasando. El club cierra, todo en Manhattan estará cerrado", dijo el español, que presentó hoy su flamante autobiografía, Rafa, ante un raleado auditorio.
A unos pasos jugadores como López y Juan Mónaco relataban satisfechos su jugada del día: habían llegado más temprano que nunca al club para entrenar en el turno de las ocho y media de la mañana, ese que casi ningún jugador quiere. Después de las 11, con la lluvia, sólo fue posible practicar en las canchas techadas, tal como lo hicieron Nadal, David Nalbandian, Andy Murray, Juan Martín del Potro, Maria Sharapova o Maria Kirilenko.
Otros, en cambio, no saben siquiera si podrán entrenar, porque no pueden llegar a Nueva York, cuyos aeropuertos no recibirán vuelos al menos hasta el lunes. Le pasó a decenas de periodistas, le pasó a jugadores como el español Pere Riba o Lucas Arnold, varado en Miami a la espera de que Irene decida apiadarse de la costa este norteamericana y, de paso, del último gran torneo de tenis de la temporada.