Aunque a simple vista parecía un candidato poco apropiado para asumir un poder dictatorial, Hitler fue -entre todos los fanáticos del nacionalismo racista que había en Alemania tras la Primera Guerra Mundial- receptor de un apoyo incuestionable por parte de de las masas.
¿Cómo logró un personaje tan poco atractivo alcanzar el control de la maquinaria de un complejo Estado moderno? ¿Por qué su autoridad -en contra de todas las previsiones- no fue limitada por restricciones constitucionales o cercenada por las clases gobernantes tradicionales?
A partir de estos núcleos, Kershaw -catedrático de Historia Moderna en la Universidad de Sheffield hasta 2008 y considerado uno de los principales expertos en Hitler y la Alemania nazi- narra el ascenso, apogeo y declive del Führer, a la vez que demuestra cómo su magnetismo se convirtió en una pieza crucial para el Tercer Reich y en elemento vital para la consecución de los objetivos políticos nazis.
"El mito de Hitler", editado por el sello Crítica, describe la construcción de un fenómeno que se inició tras la Primera Guerra Mundial y el tumultuoso período de la República de Weimar, cuando una gran parte de la sociedad -que no necesariamente coincidía con el ideario nazi- vieron en el Reich alemán una oportunidad para recuperar la estabilidad perdida.
Kershaw desliza que esta adhesión está vinculada con la percepción de que Hitler había logrado reinstaurar la paz, el orden y la recuperación económica más allá de las fronteras alemanas: así lo respaldan distintas fuentes de la época que van desde informes de la Gestapo en los años de gobierno nazi hasta encuestas oficiales y diarios de alemanes del período.
"Una dificultad que se presenta al estudiar el nazismo -expresa- consiste en la necesidad de explicar lo irracional en términos racionales. Otra es la necesidad de superar el rechazo moral a fin de intentar comprender las acciones y conductas más repulsivas".