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Música

Húmedo y onírico: el mundo de Aristimuño

El cantante y guitarrista sureño presentó en el Teatro Independencia su último disco “Mundo anfibio”. Un viaje musical y estético que el público disfrutó y aplaudió de pie. Repite hoy.
Por Eugenia Cano

Un viaje. Cuando la música se siente a través del pulso Aristimuño cada sonido es movimiento. Cada nota te lleva a lugares o instantes oníricos. Esos en los que uno siente que puede capturar la felicidad o por lo menos retenerla. Pinceladas. Imágenes. Canciones que traen consigo colores y sensaciones. “Abrir las compuertas de los ríos y dejar purgar el agua hasta que sea clara y pura…”, dice.

Anoche Lisandro le propuso al público mendocino entrar en su “Mundo anfibio”. Ese último universo musical que el sureño concibió como un ser mutante. Capaz de convivir entre la oscuridad y la luz, la tierra y el agua. El pecado y la sanación.

La respuesta, fue un Teatro Independencia colmado, que transitó junto a él y la extraordinaria banda de músicos que lo complementa, cada tema como si fuera un punto de partida sin rumbo fijo.

La sonoridad de este quinto trabajo de estudio es ambiciosa y así se escuchó en vivo. Las melodías se visten de algo ancestral y originario para mixturarse con arreglos orquestales, samples electrónicos, rock, pop y folklore. No hay límites para este artista. Todo en él es personal.

De esta manera y con una puesta en escena envuelta en una estética marina y poética, se desgranaron durante las dos horas y media que se extendió el concierto: “Elefantes”, “Aunque no estés aquí”, “Un dólar, un reloj y una frase sin sentido”, “Anfibio”, “Cien pájaros”, “Aurora Boreal”, “How long” y “Pozo”; entre otras creaciones del nuevo disco.

Lisandro Aristimuño con su banda, los "Azules turquesas".

En el repertorio que incluyó también camposiciones de sus álbumes anteriores como: “Tu nombre y el mío”, “Canción de amor” y “La última prosa”, no pudo faltar “Me hice cargo. Esa bella obviedad que el público esperaba y que habla de Mendoza, un amor y el viento Zonda.

Lisandro Aristimuño hace años que transita por el margen de un camino musical signado por el éxito de otras luces. Fue un resplandor creciendo sin prisa por eso que muchos llaman el “movimiento indie” y que hoy, con su ropaje genuino, brilla con luz propia.

Esta tierra cuyana ya lo adoptó entre sus hijos artísticos. El amor quedó confirmado ayer con una Sala Mayor llena en sus localidades que lo ovacionó y, que hoy domingo, lo volverá a aplaudir en una segunda función a partir de las 21.30.

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