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Análisis político

Mendoza está frente a una oportunidad inmejorable: debatir y reformar una Constitución Provincial obsoleta

Por Delia Segura, directora de SITIO ANDINO
Un reformista y convencido gobernador acaba de iniciar un camino que lo puede diferenciar sustancialmente de sus antecesores. Francisco Pérez presentó oficialmente en la Legislatura el proyecto para modificar la Constitución mendocina. Todos los mandatarios de la democracia hicieron el intento, hablaron del tema y lanzaron iniciativas. Pero ninguno llegó al final.

Esta vez el proyecto de reforma de la Carta Magna incluye modificaciones trascendentales como nuevas y necesarias formas de participación ciudadana, y también la posibilidad de reelección del gobernador y el vice. Pero resulta pequeño mirar esto como la extensión de un mandato simplemente. Es, en realidad, y así hay que verlo, la limitación a la reelección indefinida en la mayoría de los cargos.

En Mendoza existen 315 cargos electivos, de los cuales 313 tienen reelección indefinida (senadores, diputados, intendentes y concejales). Contrariamente, el gobernador y el vice no tienen esa posibilidad, ni siquiera una. Entonces, ¿qué acaba de proponer Pérez? Una sola reelección para todo el mundo.

Otro dato: 22 de las 24 provincias de la Argentina tienen reelección de distintas formas. Casi todos los países del mundo también, excepto Chile y Uruguay, por mencionar ejemplos cercanos.

Surge, además, y de manera general, la necesidad de contener proyectos 4 años más si un gobierno es bueno. No se plantea alargar 8 años un mandato, sino que el elector pueda votar otra vez a quien ya viene gobernando. Es no limitar la democracia, porque el ciudadano elige.

La sociedad mendocina no genera cada 4 años a un dirigente probo, capaz, honesto y con otras cualidades juntas imprescindibles que se coronan con la sabiduría para saber llevar la relación Nación-Provincia. Los mendocinos no tienen que preocuparse, si un gobernador o vice no son buenos, la reelección no se materializará jamás.

En cambio, deben alegrarse porque se viene un debate necesario para cambiar una Constitución antigua, obsoleta, que data de 1916 y que no tiene nada que ver con los tiempos que vivimos. Hay muchos derechos ganados por la sociedad mendocina que no están en esa Carta Magna, tampoco ni aparece entre sus páginas la palabra "ambiente" o democracia. Ni siquiera la menciona, aún cuando la tiene en su espíritu como instancia "representativa".

Ahora se propone que también esa "democracia" sea considerada como "participativa". Eso está en línea con los tiempos que vivimos, donde al otro día de votar el ciudadano ya le está pidiendo cosas a quien a acaba de resultar electo.

En síntesis, el proyecto de reforma constitucional que presentó ayer el gobierno en la Legislatura tiene tres grandes ejes: la consagración de todos los derechos adquiridos en los últimos años, el fortalecimiento de las instituciones y la contemplación de nuevas realidades sociales y políticas.

Con esta base, Mendoza debe darse el debate. No es imprescindible que sea con este proyecto sí o sí. Tanto el gobernador Francisco Pérez como el vicegobernador Carlos Ciurca abrieron el juego a la oposición para que impulse cambios. Y eso después de escucharla. El mayor gesto es que acepte el desdoblamiento de las elecciones y la boleta única.

El PD es antireforma y se opone a cambiar la Constitución con mayor coherencia que la UCR, cuyos gobernadores sí fueron reformistas. Pero Ciurca ya dijo ayer: "Hay tiempo..." para llegar a un acuerdo.

Quizás la sociedad mendocina de su apoyo antes. Se trata de una sociedad que viene reclamando cambios a gritos, y que ahora tiene un gobernador sin miedo que impulsa modificar la Constitución con una multiplicidad de enfoques. Es una oportunidad histórica, no para Pérez, o los políticos en general. Lo es para todos.

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