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Mendoza está frente a una oportunidad inmejorable: debatir y reformar una Constitución Provincial obsoleta
La sociedad mendocina no genera cada 4 años a un dirigente probo, capaz, honesto y con otras cualidades juntas imprescindibles que se coronan con la sabiduría para saber llevar la relación Nación-Provincia. Los mendocinos no tienen que preocuparse, si un gobernador o vice no son buenos, la reelección no se materializará jamás.
En cambio, deben alegrarse porque se viene un debate necesario para cambiar una Constitución antigua, obsoleta, que data de 1916 y que no tiene nada que ver con los tiempos que vivimos. Hay muchos derechos ganados por la sociedad mendocina que no están en esa Carta Magna, tampoco ni aparece entre sus páginas la palabra "ambiente" o democracia. Ni siquiera la menciona, aún cuando la tiene en su espíritu como instancia "representativa".
Ahora se propone que también esa "democracia" sea considerada como "participativa". Eso está en línea con los tiempos que vivimos, donde al otro día de votar el ciudadano ya le está pidiendo cosas a quien a acaba de resultar electo.
En síntesis, el proyecto de reforma constitucional que presentó ayer el gobierno en la Legislatura tiene tres grandes ejes: la consagración de todos los derechos adquiridos en los últimos años, el fortalecimiento de las instituciones y la contemplación de nuevas realidades sociales y políticas.
Con esta base, Mendoza debe darse el debate. No es imprescindible que sea con este proyecto sí o sí. Tanto el gobernador Francisco Pérez como el vicegobernador Carlos Ciurca abrieron el juego a la oposición para que impulse cambios. Y eso después de escucharla. El mayor gesto es que acepte el desdoblamiento de las elecciones y la boleta única.
El PD es antireforma y se opone a cambiar la Constitución con mayor coherencia que la UCR, cuyos gobernadores sí fueron reformistas. Pero Ciurca ya dijo ayer: "Hay tiempo..." para llegar a un acuerdo.
Quizás la sociedad mendocina de su apoyo antes. Se trata de una sociedad que viene reclamando cambios a gritos, y que ahora tiene un gobernador sin miedo que impulsa modificar la Constitución con una multiplicidad de enfoques. Es una oportunidad histórica, no para Pérez, o los políticos en general. Lo es para todos.