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Lo más interesante, de todas maneras, es que las cartas echan una nueva luz sobre la gestación de sus obras y su oficio de escritores, desmintiendo una generalizada visión según la cual Ginsberg y Kerouac vivían con el mismo desenfreno que el personaje de Dean Moriarty en el opus magnum que es En el camino. Si bien es cierto que alcanzaron su reconocimiento por haber forjado una escritura espontánea cercana al modo en que hablamos cotidianamente, a lo largo de estas páginas se suceden discusiones de estilo y sugerencias que dejan entrever un trabajo continuo de reescritura previo a la publicación de sus libros y una atenta negociación para encajarlos en las distintas editoriales.
Las Cartas son de este modo una muestra cabal de la escritura beat y alcanzan su lugar al lado las famosas Cartas de la Ayahuasca de Ginsberg y William Burroughs como también de las demás obras, ya que se incluyen además las experiencias de sus alucinantes viajes por México y otros rincones más alejados de sus tierras como Tánger y el paso de ambos por la cárcel y hospitales psiquiátricos, donde nos brindan observaciones profundas entre la lucidez y la locura. Los dos autores eran conscientes de su futura importancia, como ya le manifestara Kerouac al editor de los beats, Lawrence Ferlinghetti: Llegará el día en que estas cartas harán llorar a América.
Fuente:Infobae

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