18 de abril de 2026
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Ascendieron a más de 50 policías de San Rafael

Fue en el acto en honor al patrono de la fuerza, San Ignacio de Loyola. Se hizo en la plaza San Martín de Ciudad. Hubo al mismo tiempo reconocimientos para efectivos en cumplimiento de su deber.

Por Walter Aquindo

Con un acto realizado en la plaza San Martín de San Rafael, la Policía Sur honró al Santo Patrono de la Fuerza, San Ignacio de Loyola. Pero al mismo tiempo, con la presencia de autoridades departamentales, se distinguió a efectivos (agentes, suboficiales y oficiales) en cumplimiento de su deber y también se entregaron los diplomas de ascensos a más de 50 policías que cumplen sus tareas en diversas dependencias de la región.

“Es un día para agradecer a las familias de los policías. A nuestras esposas, madres, hijos y otros familiares que esperan la llegada del policía después de 24 o 32 horas de servicio”, dijo el comisario general Marcelo Fuentes, jefe de la Policía Distrital Sur.

En una mañana fría, pero cargada de momentos emotivos, un grupo de voluntarios del departamento entregó una imagen de Jesús Misericordioso para el Centro Estratégico de Operaciones de San Rafael. Al mismo tiempo la ceremonia religiosa y el acto protocolar fueron presididos por las imágenes del Santo Patrono de la Policía y de la Virgen de Valle Grande, presente en cada peregrinación y muestra de afecto del pueblo de la feligresía católica de esta región.

“Con estas distinciones o reconocimientos, desde diciembre a la fecha, más de 500 policías han sido felicitados por su labor. Y hoy reciben su diploma más de 50 policías que ascienden a un grado inmediato superior. Y este ascenso no es un regalo, es fruto del esfuerzo diario, de una policía que se perfecciona y que diariamente trabaja para combatir la inseguridad de la población”, detalló el comisario Fuentes.

Los reconocimientos fueron bendecidos por el padre José Antonio Álvarez, capellán de la Policía de Mendoza en el Sur y los diplomas fueron entregados por autoridades departamentales y por periodistas de diferentes medios de comunicación de San Rafael.

San Ignacio de Loyola, patrono de la Policía de Mendoza

Íñigo López de Recalde, fundador de la Compañía de Jesús (Loyola, Guipúzcoa, 1491 - Roma, 1556). Su primera dedicación fueron las armas, siguiendo la tradición familiar. Pero, tras resultar gravemente herido en la defensa de Pamplona contra los franceses (1521), cambió por completo de orientación: la lectura de libros piadosos durante su convalecencia le decidió a consagrarse a la religión.

Se retiró inicialmente a hacer penitencia y oración en Montserrat y Manresa, donde empezó a elaborar el método ascético de los Ejercicios espirituales (1522). Luego peregrinó a los Santos Lugares de Palestina (1523). De regreso a España comenzó a estudiar (ya con 33 años) para poder afrontar mejor su proyecto de apostolado, en las universidades de Alcalá de Henares, Salamanca y París.

Las primeras actividades de San Ignacio de Loyola difundiendo el método de los ejercicios espirituales le hicieron sospechoso de heterodoxia (asimilado a los "alumbrados" o a los seguidores de Erasmo). En Castilla fue procesado, se le prohibió la predicación (1524) y hubo de interrumpir sus estudios.

En París (1528-34), donde se graduó como maestro en Artes (aunque no terminó los estudios de Teología), San Ignacio de Loyola consiguió reunir un grupo de seis compañeros a los que comunicó sus ideas y con los que sembró el germen de la Compañía de Jesús, haciendo juntos votos de pobreza y apostolado en la Cueva de Montmartre. Ante la imposibilidad de marchar a hacer vida religiosa en Palestina, por la guerra contra los turcos, se ofrecieron al papa Pablo III, quien les ordenó sacerdotes (1537).

En los años siguientes se dedicaron al apostolado, la enseñanza, el cuidado de enfermos y la definición de una nueva orden religiosa, la Compañía de Jesús, cuyos estatutos aprobó el papa en 1540; San Ignacio de Loyola, cuyo fervor y energía inspiraban al grupo, fue elegido por unanimidad su primer general.

La Compañía reproducía la estructura militar en la que Ignacio había sido educado, pero al servicio de la propagación de la fe católica, amenazada en Europa desde las predicaciones de Lutero; las Constituciones que Ignacio le dio en 1547-50 la configuraron como una orden moderna y pragmática, concebida racionalmente, disciplinada y ligada al Papa, para el cual resultaría un instrumento de gran eficacia en la "reconquista" de la sociedad por la Iglesia en la época de la Contrarreforma católica.

Aquejado de graves problemas de salud, San Ignacio de Loyola alcanzó a ver, sin embargo, en sus últimos años de vida, la expansión de la Compañía por Europa y América, con una fuerte presencia en la educación de la juventud y en el debate intelectual, en el apostolado y en la actividad misionera (destacando la labor en Asia de Francisco Javier). Muerto Ignacio, le sucedió como general de los jesuitas su más estrecho colaborador, el castellano Laínez. Fue canonizado en 1622 por Clemente XV.

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