A cinco años de la muerte del "Negro" Fontanarrosa
Hoy se cumple un lustro de la muerte del genial escritor y humorista gráfico rosarino. Un repaso por sus creaciones y frases más ocurrentes a modo de homenaje.
Parece mentira que ya llevemos un lustro de mal humor, cinco años sin el hombre que supo jugar siempre con la ambivalencia entre el chiste y la reflexión, entre el fútbol y la alta cultura, entre el lenguaje pomposo y las denostadas malas palabras.
El 19 de julio de 2007, tras luchar contra una penosa enfermedad "de mierda", como probablemente la catalogaría él -con énfasis en la erre-, Roberto Fontanarrosa murió dejando un legado importantísimo para la cultura argentina.
Qué lo parió, si tipos como Inodoro Pereyra o el violento Boogie parecían tan reales que ahora nos hacen pensar que no fue solo el Negro el que murió.
Su participación en la conferencia del "III Congreso de la Lengua Española", que se realizó en su Rosario natal en noviembre de 2004, antes de que su salud se deteriorara rápidamente, se convirtió en una especie de broche de oro en el que Fontanarrosa supo cómo transitar en el borde, ante un auditorio que debió aceptar el quiebre conceptual que el Negro le impuso, en su disertación, al halo de solemnidad que envuelve a eso etéreo -pero no tanto- llamado lenguaje.
Seguramente, aprendió a reconocer la carga ideológica del "hombre culto" como muchos otros artistas y profesionales de su generación que, al igual que él, abandonaron la escuela tras un rotundo fracaso académico, pero nunca dejaron los estudios, demostrando que un diploma es, simplemente, un trozo de papel que solo le hubiera servido para dibujar alguna historieta en su reverso.
¿Quién no se acuerda de su hilarante exposición sobre las malas palabras y la importancia que tiene la pronunciación de la palabra "mierda" en los problemas de la revolución cubana?
Siguiendo esa línea, cómo olvidar el apoteósico cuento "Viejo con Árbol", que fue tan bien interpretado por Luis Brandoni y Claudio Gallardou, donde el Negro canalla logra unir a su pasión futbolera con las artes y aquellas palabras subidas de tono propias de un carrero.
Una frase nunca está de más para describir a una persona. Y esta podría ser la indicada:
"De mí se dirá posiblemente que soy un escritor cómico, a lo sumo. Y será cierto. No me interesa demasiado la definición que se haga de mí. No aspiro al Nobel de Literatura. Yo me doy por muy bien pagado cuando alguien se me acerca y me dice: me cagué de risa con tu libro".
Un cómico en serio, un futbolero de alta alcurnia, un hombre culto puteador.