Lourdes Di Natale conocía de antemano su destino. Así lo aseguró su padre, Giuseppe, al declarar ante la Justicia. Sabía que la iban a matar. Lo supo por su aislamiento forzado, por las llamadas amenazantes, por las cámaras que la vigilaban. Porque recibió un libro que contenía un poema premonitorio. Poco tiempo antes de morir, se despidió para siempre de sus padres en Mendoza y volvió a Buenos Aires, donde no le quedó otro recurso que mirar hacia todos lados cada vez que salía a la calle siempre según el relato del hombre.
4 de abril de 2026

