miércoles 22 jun 2022

Belgrano: el prócer que nos muestra el plan económico para salir del atascamiento

Por Marcelo López Álvarez

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19 de junio de 2022 - 07:05

 Un nuevo mes de recordatorios del nacimiento (252 años) y muerte (202) del General Manuel Belgrano reavivan debates nunca saldados del modelo de país y cómo y para qué orientar la economía y producción argentina

Si hay un fenómeno interesante que se ha dado en los últimos 15 o 20 años es que varios de los héroes olvidados o confinados a una solo función han sido revisitados para ponerlos en la verdadera dimensión de su pensamiento y aporte a nuestra historia y futuro.

Así Belgrano dejó de ser solo el creador de la Bandera y el abogado metido a militar por necesidad o Moreno es visto como más que el fundador del primer periodico patrio. Lo mismo pasa con Güemes por estos días de quien se tiene una visión mucho más abarcativa como dirigente político y militar.

Como una paradoja del destino en los últimos años los aniversarios y conmemoraciones belgranianas parecen coincidir a la perfección para sumarse desde sus escritos y publicaciones que tiene 200 años a los debates actuales de la economía y el país. Se puede decir que Belgrano era un preclaro economista y pensador desarrollado, capaz de plantear ideas de crecimiento revolucionarias para su época. Pero eso nos lleva a también a discurrir en el debate sobre la poca capacidad de la sociedad argentina y su dirigencia de avanzar en la construcción de la Nación libre y soberana en sus políticas económicas y de producción. Doscientos años después las propuestas de Belgrano siguen alumbrando el debate que debe darse en estos tiempos.

Hoy dos siglos después de su muerte al igual que lo hizo él estamos pidiendo la creación de nuestra propia marina mercante y flota pesquera o proponemos la industria del cáñamo como una alternativa de crecimiento.

En estos días en los que el Ejecutivo tiene que tomar restricciones al manejo de las divisas y se denuncian situaciones similares en las importaciones y el Estado trata de intervenir en los precios internos (con poco éxito), situaciones que generan cientos de polémicas vale recordar que Belgrano sostenía que "Las restricciones que el interés político trae al comercio no pueden llamarse dañinas. Esta libertad tan continuamente citada, y tan raramente entendida, consiste sólo en hacer fácil el comercio que permite el interés general de la sociedad bien entendida. Lo demás es una licencia destructiva del mismo comercio".

Belgrano era un defensor del proteccionismo en busca del desarrollo local en un mundo dominado por las manufacturas de origen europeo y expresaba "El modo más ventajoso de exportar las producciones superfluas de la tierra es ponerlas antes a obra o manufacturarlas" y agregaba que "La importación de mercancías que impide el consumo de las del país, o que perjudican al progreso de sus manufacturas y de su cultivo lleva tras sí necesariamente la ruina de una nación", en otro de sus escritos dejaba claro que "La importación de las mercaderías extranjeras de puro lujo en cambio de dinero, cuando este no es un fruto del país, como es el nuestro, es una verdadera pérdida para el Estado"

Hace un par de años en un interesante ensayo sobre las ideas económicas de Mariano Moreno y Manuel Belgrano el economista y sociólogo Rodrigo López,docente de la UBA y miembro de la Cátedra Nacional de Economía Arturo Jauretche destacaba qué "Un elemento a destacar es la crítica que se podría hacer desde Belgrano a las tesis de David Ricardo, sobre todo teniendo en cuenta que fue escrita en 1810, siete años antes de que el autor inglés publicara sus Principios de Economía Política y tributación con el cual se pretendió condenar a los países según una división internacional del trabajo. Belgrano se discurre con erudición sobre las leyes de granos en Inglaterra, el mismo tema que motivara a Ricardo, pero a diferencia de este, Belgrano no trabaja con unidades "horas hombre" sino atendiendo a las particularidades de una economía monetaria, donde hay movilidad de capitales entre los países, tipos de cambio y tasas de interés. De este modo, Belgrano puede ver lo que Ricardo no vio, y lo hace recurriendo a un ajuste "keynesiano". Cuando dos países comercian lo hacen a través de dinero, esa entrada de dinero repercute en el alza o la baja de la tasa de interés, la cual termina determinando el nivel de actividad del país. Así, un país que tiene una posición superavitaria del comercio exterior tendrá más dinero y su tasa de interés descenderá, lo que favorece aún más su producción. En cambio, un país deficitario en el comercio exterior tendrá menos dinero y su tasa de interés subirá, desalentando aún más la producción. Pero a su vez incorpora las consecuencias del pago de deuda de los déficit comerciales, concluyendo que no hacen más que atrapar al país deudor en una desindustrialización"

Belgrano escribía que "El pueblo deudor de una balanza pierde en el cambio que se hace de los deudores una parte del beneficio, que había podido hacer sobre las ventas, además del dinero que está obligado a transportar para el exceso de las deudas recíprocas, y el pueblo acreedor gana, además de este dinero, una parte de su deuda recíproca en el cambio, que se hace de los deudores. Así, el pueblo deudor de la balanza ha vendido sus mercaderías menos caro y ha comprado más caro las del pueblo acreedor, de donde resulta que en el uno la industria es desalentada, en tanto que está animada en el otro".

Los escritos de Belgrano en materia económica no solo dejan huella de la profundidad de pensamiento del prócer sino que además dan una muestra cabal de que el orden económico mundial no ha variado demasiado en 200 años de historia de la humanidad que no puede romper la lógica de dominados y dominantes en sus distintas variantes.

El mismo Belgrano se adelantó dos siglos en explicar el por qué es una falacia el discurso moderno de que administrar el Estado es como administrar una casa, escribía sobre el tema que "El estado tiene como seguridades reales la suma de los tributos que puede levantar sobre su pueblo. Otra diferencia es que cuando los particulares contraen una deuda, tienen dos ventajas: pueden limitar su gasto personal hasta que haya dado cumplimiento; la otra, de poder sacar del empréstito una utilidad mayor que el interés, que están a obligados a pagar. En cambio, un Estado aumenta su gasto anual contrayendo sus deudas, sin ser dueño de disminuir los gastos necesarios a su manutención, porque está siempre en una posición forzada relativamente a su seguridad interior. Él no se empeña más sino para gastar, así la seguridad que saca de sus empeños, no puede acrecer las seguridades reales que ofrece a sus acreedores. El uso que el Estado hace de su crédito puede dañar al de los súbditos; en lugar de que jamás el crédito multiplicado de los súbditos puede ser útil al del Estado". Cualquier similitud con lo acontecido los últimos años en el país es sorprendente.

En estos días donde se reclaman planes y se escriben otros a futuro por si las dudas lo mejor sería dejar de lado la saraza y volver a nuestros próceres, como Belgrano, que ya tenían claro lo que nos deparaba el futuro y cómo enfrentarlo.


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