miércoles 22 jun 2022
Opinión

Kintsugi: el arte de reparar

Por Eduardo Press.

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5 de junio de 2022 - 08:30

 Origen y evolución del Kintsugi

La técnica del Kintsugi nació cinco siglos atrás, en el Japón gobernado por emperadores y señores samurái. Cuentan las historias que un gobernador poderoso quiso reparar dos de sus tazas favoritas para la ceremonia del té, para lo cual envió ambas piezas a China con resultados decepcionantes. Ordenó buscar por todo Japón a los mejores artesanos de la cerámica para reparar las piezas.

Finalmente, unos artesanos utilizaron un barniz espolvoreado en oro y encajaron las piezas. Esta técnica, que fue bautizada como Kintsugi (carpintería en oro), realza las fracturas de los objetos de tal modo que cambia por completo y la belleza de los mismos.

Cada pieza reparada es única ya que no es posible romper dos objetos de forma idéntica, lo cual hace a estos objetos ser codiciados en el mercado y por coleccionistas de arte.

El lado filosófico del Kintsugi: las heridas que nos hacen más fuertes

El Kintsugi se convirtió en una manera de pensar los desafíos de la vida más allá de una simple técnica de reparación. Mostrar las roturas e integrarlas como una parte esencial de la belleza del objeto ha sido comparado con la manera en la que las personas afrontamos las adversidades y las usamos para crecer.

El Kintsugi propone que nuestras "roturas de la vida" son parte de nuestra formación y se pueden mostrar con orgullo. Nuestras pérdidas y errores son como las líneas de oro: marcas que nos hacen únicos e irrepetibles, dueños de nuestra historia.

¿Y en las empresas?

En las empresas también se cometen errores, todos, desde el presidente de la compañía hasta los proveedores. Todos nos podemos equivocar, por supuesto que sabemos que hay errores con diferentes tipos de consecuencias, desde provocar el cierre de la empresa, pérdidas importantes o intrascendentes. Y cada una merece tratos diferentes.

Podemos ocultarlos, disfrazarlos, negarlos, enojarnos, trasladar la responsabilidad, lo que no podemos hacer es evitar que ocurran.

¿Entonces qué hacemos frente al error ("rotura")?

Lo que nos enseña el kintsugi y nosotros rescatamos, es el valor de la reparación. El hincapié no está puesto en la equivocación sino en la posibilidad de reparar, de enmendar.

La historia de cualquier empresa es una historia de aciertos y errores. Equivocarse es una de las maneras más eficientes de aprender, dura, dolorosa, pero eficiente.

Estos conceptos valen para cualquier empresa, quizás en particular en las empresas familiares cuyos fundadores/padres no delegan a sus hijos responsabilidades por temor a los errores. En este caso estamos frente a dos problemas: la postergación indefinida de la transición generacional y la dificultad para aprender lo que las nuevas generaciones deben aprender justamente para facilitar dicha transición.

¿Cómo y cuándo se aprende en una empresa?

Los errores se corrigen, no se castigan. El castigo lleva inevitablemente a refrenar cualquier iniciativa o proyecto que se tenga. Estaríamos creando una empresa estancada en el tiempo, burocratizada y rígida, muy lejos de una empresa abierta al aprendizaje como nos enseñaba Peter Senge.

Para estar más cerca del aprendizaje los directivos y toda persona encargada de gestionar personas, debe hacer saber que están en una empresa que no sanciona el error. Que el requisito para llevar adelante un proyecto es que esté alineado con los objetivos.

Es un proceso que requiere mucha paciencia. La paciencia es clave. En el caso de las cerámicas el secado de los materiales puede requerir días o semanas. Enmendar un error humano en el trabajo puede llevar mucho más tiempo.

Diferenciamos el error, la falta grave y el delito. Los errores se reparan y corrigen, las faltas graves se condenan y los delitos se denuncian. Quizás la línea más difusa sea entre el error y la falta grave, habría que analizar la situación.

En síntesis estamos hablando de los errores cotidianos que habitualmente suceden en el día a día de la gestión que la mayoría de las veces son "mal vistos" por las autoridades de la empresa.

Amigo lector: En su empresa ¿existe margen para el error? ¿Su gente sabe que puede equivocarse?

*En colaboración con la Lic. Sofía Florín, especialistas en Psicología Organizacional, Emprendedores y Empresas Familiares.

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