3 de abril de 2026
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Opinión

La única guerra contra la inflación se libra frente a las góndolas

Myriam Ruiz - @myriamruizbarrio

Ana toma los pertrechos con los que se enfrentará ese día al enemigo. Listado breve y conciso sobre lo muy necesario para pasar la semana; billetera con el efectivo requerido (nada de tarjetas que se comen dinero presente y futuro); anteojeras para buscar lo mínimo necesario y no caer en las tentación -sabido es que el aroma de las facturas recién horneadas o las "ofertas" del día pueden atraer a cualquier desprevenido-; y nada de ir con niños, los pequeños de la familia siempre querrán "ese" postrecito nuevo o esas galletas súper cool que traen un juguete de regalo. No mis queridos, estamos en guerra contra la inflación y en una guerra no caben los sentimientos.

Ya lista, Ana acomoda las pocas cosas que debe llevar al supermercado toma el carrito con ruedas en el que traerá todo hasta su casa y parte, no sin antes pintarse la cara y fruncir el entrecejo recordando a Stallone en Rambo.

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Esta es la verdadera guerra contra los precios que se libra en la Argentina. La de hombres y mujeres, jóvenes y niños que cada día intentan abastecer la heladera con lo requerido contando con sueldos o haberes cada vez más magros frente a los aumentos.

Este viernes, y luego de tres días de anticipar que el Gobierno lanzaría su Guerra contra la Inflación, el presidente Alberto Fernández dio un discurso por demás tímido e inesperado. Inesperado por la falta de medidas. El fideicomiso al trigo y el Fondo para proteger a los argentinos son anuncios que pueden durar horas ante el asedio constante de la inflación.

Por supuesto que detrás de la trinchera enemiga se esconden todos los intereses habidos y por haber. Especulativos; empresariales; sojeros; y hasta la cultura del "aumento para hoy, pan para mañana" que es bien argenta.

De todos modos, el discurso del Presidente no tuvo el golpe de efecto esperado y las medidas quedaron para que las den a conocer sus ministros.

Mientras, en otro lugar del universo -o sea aquí mismo en Mendoza- este viernes nos desayunábamos con carteles en estaciones de servicio en los que podía leerse: "No hay gasoil" y en otras "El gasoil se vende por cupos". La postal no querida fue de camioneros haciendo colas de kilómetros para cargar al menos lo que se les vendía e ir a otra estación a buscar algo más.

En hipermercados y mayoristas los precios se cambian día a día. Si vas a la ferretería consultan el precio en dólares antes de venderte lo que sea... y tal vez hay elementos que no consigas. Basta un título en las noticias anticipando que puede faltar gas en invierno, para que el GNC suba de precio y el gasoil de pronto escasee.

Argentina no necesita una guerra contra la inflación, porque la inflación no es el enemigo real. El enemigo real es la falta de credibilidad en nuestra clase política.

Este país necesita de políticos que generen la confianza necesaria, la credibilidad, en el mercado interno y externo lo que atraerá a nuevos jugadores que hagan más grande a nuestra economía. Políticos y funcionarios que se pongan el chaleco antibalas y se banquen hasta el fuego amigo para lidiar contra los que no apuestan por el país, y sólo piensan en el próximo cargo en el que eternizar sus ambiciones.

Argentina necesita generar confianza en su gente. Que empresarios e inversores tengan la misma seguridad que todos los argentinos: si trabajás, comés; si invertís, crecés; si estudiás, encontrás trabajo. 

Y si confiás, el país te devolverá con creces esa confianza en crecimiento y una mejor vida.

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