lunes 19 sep 2022
Opinión

El Fondo y la Argentina, una historia para analizar y no olvidar

Escribe: Marcelo López Álvarez.

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13 de marzo de 2022 - 08:20

Se aproxima una semana con la misma intensidad que la que se fue. La originalidad política que obtuvo el Ejecutivo al lograr la aprobación en Diputados de la refinanciación del acuerdo con el Fondo con más votos de la oposición que del oficialismo, también robará la atención los próximos 7 días en el tratamiento definitivo en el Senado de la Nación con la espada pendiente de la fecha límite de 22 de marzo, dónde Argentina debe abonarle al FMI más de 2500 millones de dólares.

Las particularidades políticas de cómo se llegó a la aprobación en la Cámara Baja deja interrogantes abiertos de qué pasará en Senadores. La aprobación parece estar asegurada en la Cámara que preside Cristina Kirchner, pero queda abierta la especulación de cómo se ordenaran políticamente oficialismo y oposición.

Después de Diputados el oficialismo fue el más golpeado en términos políticos por una división en su bloque más profunda de lo esperado. Qué viene en el Senado es una incógnita sabiendo que en la Cámara Alta no solo cuenta la pertenencia política sino que se suma la necesidad de la provincias y gobernadores que en casos como Mendoza (ver columna del viernes) están fuertemente endeudas en dólares y necesitaran este mismo año, o el próximo, comenzar la renegociación con sus acreedores. Cerrada la etapa del Senado habrá tiempo para analizar lo político

El Ejecutivo espera la aprobación parlamentaria y la del Board del FMI antes del próximo 22 para llegar a tiempo con el asiento contable que le permitirá dar por cancelado el vencimiento de ese fecha y recibir una desembolso extra del volumen ya pagado que permitirá oxigenar en unos 6000 millones de dólares las reservas Pero también comenzará el proceso que desembocará en que la primera revisión técnica del fondo en 3 meses que seguramente nos volverá a tener con el Jesús en la boca y a los mercados prestos a hacer una vez más sus negocios auspiciados por el Diablo.

Parece imposible huir a la tentación de que pasará a partir del nuevo acuerdo para renegociar el crédito tomado por la gestión anterior (es importante remarcar esto porque no se toma un nuevo crédito como quiere hacer creer la oposición)

Pero se puede escapar de esa tentación recurriendo a la historia de manera que sirva (más allá de la obviedad de que todos los momentos son distintos) de back para pensar cómo seguir adelante en el duro derrotero que nos deparará años de convivir con el Fondo disfrazado de gendarme de nuestra economía.

La investigadora del CONICET, Noemi Brenta, trabajo varios años para terminar su estudio sobre la incidencia del FMI a través de los años en nuestra economía a partir de su creación poquito antes de finalizar la Segunda Guerra Mundial. Con la guerra ya en su etapa final el mundo occidental no solo comenzó a pensar en un nuevo desarrollo global ( a la escala de lo que en aquel momento se podía llamar global) sino también en evitar una crisis mundial similar a la de 1930. Al menos era la idea del aquellos 44 países reunidos en Bretton Woods.

A lo largo de la historia en la relación entre la Argentina con el Fondo, que lleva 65 años, se llegó a 23 acuerdos (con este último incluido) con diversas circunstancias pero con similares finales, una crisis cada vez que se seguían los dictados del Fondo.

Brenta en su trabajo remarca también similitudes en las injerencias profundas del Fondo en los países latinoamericanos en la crisis mexicana de 1982 cuando los aztecas tenían en sus arcas poco más de 1000 millones dólares y compromisos por cancelar por arriba de los 3000 millones. Allí el Fondo entrega un crédito extraordinario a México para que no caiga en default con la condición de que aplique reformas estructurales a su economía. La receta no ha cambiado en nada, en aquella primera oportunidad pidió una fuerte devaluación, rebaja del gasto público, control de la emisión monetaria. Aquel crédito de 6000 millones de dólares se evaporo rápidamente porque el condicionamiento no escrito era que el país del Norte latinoamericano debía usarlo para cancelar sus deudas con los bancos del sistema, nada de invertir en desarrollo en políticas públicas. Cuarenta años después cualquier similitud con la actualidad de nuestro país no es casualidad. Aquella primera operación del Fondo terminó poco más de 10 años después en la famosa Crisis del Tequila.

Aunque ya no sorprenda a nadie más o menos ducho en la historia Argentina, el acceso de nuestro país al organismo internacional llegó de la mano de un gobierno de facto. El primer día de diciembre de 1956 Pedro Eugenio Aramburu firmaba el ingreso de la Argentina al Fondo después que Perón se negará durante años a hacerlo con distintas consideraciones de análisis geopolítico y económico. Todavía se recuerda su frase desde el exilio el día que Aramburu selló la adhesión a Bretton Woods cuando aseguró que nuestro país pasaba a ser una especie de miembro putativo del imperialismo,

El primer stand by llegó en el gobierno de Arturo Frondizi, también en diciembre pero de 1958, por 75 millones de dólares que según el presidente falsamente desarrollista estaba destinado a estabilizar el conflicto cambiario y frenar la inflación. No es sorpresa contar que entre las condiciones del FMI para aquel primer préstamo estaban frenar la obra pública, reducir un 15 por ciento los empleados públicos y profundizar la extranjerización del petróleo que Frondizi ya había empezado en julio de ese año siguiendo los lineamientos de incorporación al Fondo firmados por la dictadura de Aramburu.

Frondizi y después Guido y otra vez un dictador, Onganía, con sus ministros Alsogaray, Alemann y Krieger Vasena (todos exponentes del más rancio liberalismo dominante) firmaron en total seis acuerdos. No es preciso recordar que ninguno soluciona nada, sino que empeoro paso a paso el desarrollo argentino y profundizó la desindustrialización que había alcanzado en forma incipiente nuestro país hasta 1955.

El primer acuerdo de un gobierno elegido bajo signo peronista, aunque ya no lo era, lo firmó Isabel Martínez de Perón en diciembre de 1975 ya en plena crisis desatada. El ministro de economía era Guido Di Tella años después canciller del gobierno de Carlos Menem, recordado por sus relaciones carnales y la idea de regalar a los habitantes de Malvinas libros de Winnie Pooh.

Derrocada Isabel Martinez y con los organismos internacionales dictando letra por letra las políticas económicas de la dictadura cívico militar Videla y Martínez de Hoz rubricaron dos acuerdos, uno agosto de 1976 y otro un año después.

En enero de 1983 Reynaldo Bignone y su ministro Jorge Whebe rubricaron el último acuerdo de la dictadura que después fue renegociado y ampliado por el Gobierno de Raúl Alfonsín cuatro veces, dos Stand By en 1984 y 1987 y dos de facilidades extendidas en 1985 y 1987 con Bernardo Grispun y Juan Sorruille como ministros.

Menem firmó acuerdos con el Fondo con casi todos sus ministros. 1989 con Rapanelli, Cavallo 1991 y 1996 y con Roque Fernández en 1998.

Con la llegada de la Alianza solo hubo tiempo para firmar uno, el famoso megacanje de Fernando De la Rúa y José Luis Machinea en el 2000 que el Fondo corto de cuajo a finales del 2001 con el resultado conocido para nuestro país.

Después, historia más reciente y conocida. El ultimo Stand By de Eduardo Duhalde en 2003 y la liberación del organismo en 2006 cuando Néstor Kirchner en una maniobra conjunta con Lula pagaron de contado la deuda de ambos países con el organismo internacional.

El recorrido no es extenso sino intenso en la historia del Fondo con nuestro país. Cuando comienza una nueva era en la relación entre ambos vale la pena recordar y analizar. Los contextos como siempre son distintos pero los reclamos y condiciones del Fondo parecen ser inalterables.

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