lunes 19 sep 2022
Columna de Opinión

Del FMI a la empresa de alimentos, muchas palabras y ¿poca acción?

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20 de febrero de 2022 - 00:00

Sin margen para las sesiones extraordinarias convocadas, dónde entre otros temas importantes estaba incluida la ley de desarrollo del sector agroindustrial, el Ejecutivo parece concentrarse en el inicio de las sesiones ordinarias del Congreso y en cerrar el acuerdo con el FMI para enviarlo al Congreso el mismo 1 o 2 de marzo.

Esa señal del Gobierno y las declaraciones de funcionarios del Fondo el ultimo viernes hacen imaginar que, ahora sí, el acuerdo técnico definitivo podría conocerse esta misma semana. Lo que permanece sin cambios es la escasa información, más allá de los lineamientos generales, que hay sobre los detalles del entendimiento que permitirían a la Argentina patear para adelante los vencimientos que comienzan en marzo y son impagables para las arcas del Estado Argentino.

El caso argentino tiende a generar un interesante debate y a transformarse en un leading case, como fue en su momento la demanda de los Fondos Buitres y el Juez Griesa que terminó motivando una declaración de la ONU respecto a las jurisdicciones para litigar. Ahora Willem Buiter, execonomista jefe del Citi y profesor de la Universidad de Columbia publicó un articulo que desata una polémica interesante. Plantea que la Argentina debe reestructurar dramáticamente su deuda y que para ello el FMI debería aceptar el mismo trato de los bonistas privados aceptando un recorte drástico de capital, no solo para mantener estándares de igualdad entre lo acreedores sino también como aceptación o castigo por los errores y pésimo desempeño en el otorgamiento del crédito.

Si desarmar el nudo que dejo la gestión anterior con los bonistas y el FMI fue, y es, una tarea que le demando y demanda muchísimo esfuerzo y trabajo al Gobierno, administrar el frente interno en la economía parece tan difícil o aún más que el desafío externo.

La reactivación de la economía que vienen mostrando desde hace algunos meses los indicadores oficiales y privados comienza a percibirse también en la micro con subas en el consumo y repuntes interesantes en la utilización de la capacidad industrial instalada. Sin embargo, todo puede hacer agua con inusitada rapidez si no se consolidan acuerdos con el Fondo de características que comprendan las necesidades internas y si no se busca una solución estable y duradera a la pasión inflacionaria e indexatoria de la Argentina.

Así como ya sabemos desde hace mucho tiempo que la inflación en la Argentina no tiene solo componentes tradicionales (escenario histórico que ahora hasta el FMI admitió) su combate también requiere de políticas y acciones que acompañen o salgan de las tradicionales recetas de combate al flagelo.

El Gobierno parece apostar a explorar algunos caminos alternativos, claro que solo lo podrá hacer si primero se logra una relativa tranquilidad vía acuerdo con el Fondo y se puede seguir con la reactivación de la economía y el salario. Los caminos que el Ejecutivo parece dispuesto a transitar son variados y algunos muy interesantes, pero una vez más los problemas de comunicación ponen a temblar cualquier idea.

Si algo caracterizo esta gestión es la facilidad que tiene para soltar la lengua y anunciar posibles medidas que después tardan meses y meses en concretarse y durante ese periodo son cepilladas hasta el hartazgo por la oposición política y los factores concentrados, llevando al fracaso a la idea o recortándola de tal modo que queda reducidas a su mínima expresión y utilidad. Pasó con Vicentin, con los acuerdos con el sector cárnico, está pasando con el proyecto conjunto con el Consejo Agroindustrial y ahora parece ser el destino de la idea de la empresa de alimentos. Se larga un título sin demasiadas explicaciones y allí queda para que todos opinen sin más información que el título y se saquen conclusiones o se hagan asociaciones -la mayoría de mala fe- que consolidan el proceso de boicotear cualquier idea que se ponga sobre la mesa.

La propuesta lanzada como un titulo por la vocera presidencial recibió rápidamente la reprimenda de las voces del establishment mediático y de los halcones opositores que creen que se puede gobernar por twitter. Como habitualmente hacen el único comentario que se les ocurrió fue que era una idea chavista fracasada. No sería bueno estar cerca de ellos cuando entren en depresión al enterarse de las auspiciosas experiencias llevadas adelante en Bolivia, México, Canadá o varias ciudades europeas e incluso argentinas.

En las provincias argentinas hay exitosas experiencias de la participación del Estado o la conjunción de lo publico y privado para la producción de alimentos. San Luis, La Rioja, Santa Fé o San Rafael y hasta el propio Mercado Central de Buenos Aires son proyectos que demuestran que el Estado puede involucrarse activamente y con éxito en uno de los mayores problemas de los argentinos.

Las experiencias internacionales tienen otra escala y deberían estudiarse a fondo. Como en Canadá donde la conjunción publica privada tiene espacios de producción y hasta comercialización (por ejemplo) bajo la sugestiva marca de No Name que le permiten con sus productos fijar precios de referencia o directamente ofrecer mercadería de calidad a valores sensiblemente más bajos que las primeras marcas. Es indudablemente un camino más exitoso que tratar de convencer a los gigantes que vendan a precios cuidados.

Para bajarlo al llano usemos un ejemplo claro de lo que se vivió en nuestro país en los últimos días: la lechuga. Según los números del Mercado Central la venta de papa, tomate, cebolla y lechuga significa casi el 50 por ciento (47) de lo que se comercializa en volumen es sus instalaciones.

Allí un claro ejemplo de que no hace falta que la empresa de alimentos intervenga en todo. Con solo asociarse a pequeños y medianos productores y cooperativas para financiar o potenciar la producción de esos tan consumidos productos, podría agrandar la oferta y anclar los precios de los básicos que siempre terminan siendo fijados por la especulación y conveniencia de la concentración.

Lo mismo puede suceder en los lácteos, harinas y hasta la carne. Nadie dice que gobernar la Argentina sea fácil, pero sin dudas puede simplificarse si hay voluntad, decisión, políticas activas, imaginación y por sobre todo cuidado por las ideas y las decisiones.

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