Opinión

Columna política: La Espada de Damocles eterna

Por Marcelo López Álvarez

 La Espada de Damocles que pende sobre la Argentina desde casi su nacimiento sigue presente y sin intención de desaparecer.

La política metió la cola durante la semana con el paso al costado de Máximo Kirchner a la presidencia del Bloque de Diputados oficialistas fue la excusa exacta para que los interesados en el "cuanto peor mejor" sacaran a relucir todo su arsenal ante la, por lo menos, inoportuna e intempestiva reacción del dirigente.

Mientras el preacuerdo con el fondo sigue desatando apasionados debates, muchas veces inexplicables porque apenas se conocen los trazos gruesos, el Gobierno negocia con el organismo lo que será la letra chica del acuerdo definitivo y que marcará cuál es la realidad del futuro de la economía argentina.

Por ahora no han aparecido más datos que los conocidos de la semana pasada que tienen sus luces y sombras y desde el Gobierno siguen afirmando que es la mejor solución posible a un problema mayúsculo que no generaron y que hay que solucionar si se pretende poner en marcha alguna vez la economía. Claro que es cierto, pero también lo es que si la Argentina no encara una serie de reformas estructurales no hay salida; y aquí comienza también un debate sin saldar que es el sentido de esas reformas. Solo hay una certeza, cuando se intentaron encarar en el sentido que proponen los círculos del poder más concentrado que abrevan en acontecimiento que llevaron hasta casi la tragedia a la economía y la Nación.

A propósito de ese debate, la comunicación y la participación con información es fundamental y en eso el gobierno lleva dos años fracasando estrepitosamente. La filtración de un trabajo de Analogías (una consultora que históricamente mide para el Frente de Todos) es una clara muestra. Cuatro de cada diez encuestados cree que la deuda con el FMI fue tomada o es culpa de la gestión de Alberto Fernández. Difícil comprender como el 40 por ciento de los encuestados trasladables a la población pueden tener esa imagen, evidentemente la comunicación tiene una importancia superlativa y es la clave de tal confusión.

Con acuerdo o sin acuerdo con el Fondo, la Espada de Damocles que mencionó el presidente seguirá pendiendo sobre los argentinos por la fragilidad del manejo y gestión de nuestras riquezas y exportaciones (como ya lo hemos explicada más de una vez aquí) y las particularidades que tiene la economía local que no son exclusivas en Latinoamérica pero si tienen tintes destacados.

La gira del presidente por Rusia y China y la deferencia con la que fue tratado por ambos mandatarios de las superpotencias son una muestra de la importancia que sigue teniendo la Argentina en la región y en el desarrollo mundial fundamentalmente como proveedora de alimentos y energía. Ahora bien, la pregunta sigue siendo cuál va a ser el lugar o personaje que desarrollará nuestro país en el esquema.

¿Será el que viene interpretando hasta ahora de proveedor de materias primas en cantidad y calidad? Espacio que es el que le tiene reservado el orden mundial a las naciones como la nuestra y con el cual los factores concentrados de poder locales se sienten muy cómodos.

O por el contrario Argentina comenzará el camino de desarrollo para ser exportador de alimentos ya industrializados, de tecnología y conocimiento, de industria pesada y liviana y de energías limpias.

Para eso, que sabemos es el modelo de país de por los menos una parte del equipo de Gobierno y también de parte importantísima de los argentinos hay que dar una dura batalla interna; no solo para explicarlo sino también para lograrlo. La mayoría de los factores externos - con aliados locales- intentaran permanentemente trabar esas posibilidades. Los procesos de extranjerización de la producción de las principales reservas energéticas y de commodities de Latino América lo vienen demostrando hace rato.

El control de la exportación de la producción de nuestro campo no está concentrado en los productores o en el Estado sino en un puñado de multinacionales que no solo agrupan el acopio de los productos y su venta al exterior sino también su transito y salida a través de los puertos en un 95 por ciento bajo control de las propias multinacionales exportadoras. Ya hemos hablado en este espacio de la situación de los puertos sobre todo los del Paraná.

Pero para que el panorama sea aun más complicado esos conglomerados también son los que terminan teniendo la llave de las divisas de la Argentina y del precio de los alimentos e insumos básicos. El diagnostico no es nuevo y es hasta remanido, pero las soluciones no aparecen.

Los dólares de nuestra producción que maneja a su arbitrio esas multinacionales son los que la Argentina necesita no solo para pagar su enorme deuda (de la cual esos mismos actores son cómplices) sino para poner en marcha la industria y la economía.

Cuando se conozcan los números de la actividad industrial de enero (allá por mediados de marzo) serán potentísimos pero eso trae un problema aparejado, la necesidad de dólares para cubrir las importaciones que esa industria necesita para su funcionamiento pleno. El equipo económico se vio en la obligación de salir a frenar la actividad en febrero porque la realidad es que no están los dólares para pagar las importaciones que la industria necesita. Por eso entre otras cosas el default no es opción y la necesidad de cerrar de manera relativamente rápida un acuerdo con el menor nivel de condicionamientos posibles que permita a la Argentina la recuperación de sus reservas (como parece ser el camino del preconvenio) es indispensable.

La Argentina necesita juntar dólares y la tentación de beneficiar rápidamente las exportaciones primarias es grande y de hecho es el camino que el Gobierno eligió, muestra de ello la ley que envió para el tratamiento en Extraordinarias. No es el mejor plan -ya lo hemos explicado- pero al igual que con el acuerdo con el FMI es lo que hay para esta etapa. Pero el problema en esta coyuntura no es qué exportamos sino quién controla esos dólares.

El colega especializado en economía Sebastián Premici hace algunos días explicaba la situación "Desde el Banco Central estiman que este año podrían generarse 85.000 millones de dólares de exportaciones. Para garantizarlas, el gobierno ya redujo y hasta eliminó los derechos de exportación del 94% de las posiciones arancelarias. El Consejo Agroindustrial Argentino, expectante por el tratamiento de su proyecto de ley durante las sesiones extraordinarias, sigue avanzando para reducir aún más las retenciones. El botín más preciado es achicar los derechos de exportación de la soja".

En este contexto según los entrecruzamientos de distintas instituciones y centros de estudios que siguen de cerca la actualidad del llamado campo argentino los exportadores/ productores de soja tienen retenido el 15% de la cosecha 2021-2022, los trigueros tienen almacenado el 64% de la cosecha contra el 47% que retenían un año atrás.

El colega también aporta un análisis del Grupo de Estudios de la Realidad Económica y Social (GERES) donde se detecta en base a los informes del Banco Central que las cerealeras ingresaron menos dólares de lo que realmente exportaron. En los últimos dos años la diferencia entre dólares exportado e ingresados dio 7.000 millones de dólares (2.700 millones en 2021 y 4.284 millones en 2020). Desde el sector aseguran que se debe a cancelación de deuda por anticipos y prefinanciación de exportaciones. Ya contamos en este espacio que para las maniobras de formación de activos externos (fuga de capitales) esos son de los dos principales ítems que se utilizan con préstamos, anticipos y prefinanciaciones que se realizan entre empresas y bancos que oh casualidad son titulares o accionistas de las exportadoras "locales".

Ante ustedes, atentos lectores y lectoras, no hace falta mucho más para entender la complejidad de la situación que necesita de un debate racional, una discusión profunda de modelo de país y de cómo se redistribuye la riqueza que genera, pero también de cómo se cuida esta para que la Argentina se transforme en un país viable y sustentable.

Te Puede Interesar