Argentina sabe de renuncias en las altas esferas del poder político, y de las graves consecuencias que suelen generar. El caso más emblemático fue el de Chacho Álvarez que terminó en la renuncia presidencial de Fernando De La Rúa a partir de la crisis que le generó su propio compañero de fórmula de 1999. Máximo Kirchner representa para el actual gobierno, una de las patas de la mesa de poder, y ahora esta tambalea, no se le puede poner mucha carga encima porque parece inestable.
La diferencia entre lo de Chacho y Máximo es que no refleja la decisión de este último una crisis institucional; sólo de poder.
Pero ese poder del Gobierno se ha visto resentido porque este socio se llevó sus banderas a una simple banca en la Cámara de Diputados. Ya no será quien represente ni lidere las voluntades del conjunto del Frente de Todos en ese recinto.
Ya venía dando muestras de acciones de fuego amigo el hijo de Cristina; por ejemplo, cuando con un discurso de ataque le permitió a la oposición hallar la excusa perfecta para no darle al Gobierno el Presupuesto 2022, a pesar de que estaba todo casi arreglado para sancionar la ley madre.
A diferencia de lo que había hecho su madre con aquella carta que mandó a los funcionarios a funcionar; cosa que provocó cambios en el gabinete justamente atendiendo a la convocatoria de la vicepresidenta; lo que hace el líder de la Cámpora ahora es crear un vacío de poder difícil de llenar.
Porque para presidir ese bloque hay que ser líder, y no un simple intermediario entre las voluntades del Ejecutivo y las instrumentaciones parlamentarias. Y ahora sólo quedan allí representantes de los sectores que conforman el Frente gobernante, pero no líderes de los sectores del Frente.
Y como Máximo es el jefe de uno de esos sectores, sus dirigidos no podrán ir en contra de su voluntad. Por lo tanto, difícilmente se decidan a apoyar el pre acuerdo con el Fondo Monetario Internacional que fue, justamente, lo que lo llevó a renunciar a la presidencia de bloque al líder.
El hijo de Néstor ha puesto en jaque el acuerdo con el organismo internacional; al menos que la oposición se dispusiera a un gesto de tal magnitud que permitiera juntar los votos para la aprobación del pago de la deuda de Macri.
Coyuntura al margen, lo cierto es que ahora el gobierno peronista ya no sólo se quedó sin la mayoría automática en el Senado, sino que pierde el ordenador en la Cámara baja, a quien no le encontrará reemplazo válido.
Tampoco es de extrañar que en este camino, el núcleo duro de los k decida próximamente dar también un portazo y crear rancho aparte, armando su propio bloque de Diputados.
Todo eso sería patear en contra. Y las consecuencias graves en lo político podrían ser catastróficas en lo funcional. A Alberto le atarían las manos de tal forma que lo obligarían a ceder más de la cuenta ante el arco opositor para sacar la más insignificante de las leyes.
Y dos años finales de mandato en estas condiciones, harían que el Frente de Todos se desgajara de tal forma que en las próximas elecciones difícilmente pudiera intentar arma una lista de unidad.
Ergo, estamos ante una crisis política. Pero todavía queda la mitad del tiempo de gestión y es momento de parar la pelota y distribuir el juego con los mejores en el campo, y no en el banco de suplentes.
¿Quizás debiera recordar Máximo, el partido de Argentina y Brasil en Italia 90?. Nos pegaban en los palos, la pelota no entraba, estaba al caer el gol. Bilardo en el vestuario no les dijo nada a los jugadores. Pero cuando estaban saliendo a jugar el segundo tiempo, los frenó en el túnel y le largó esta frase que hoy tiene un simbolismo interesante para repetírsela políticamente a los peronistas pensando en la oposición: muchachos, una sola cosa, no le entreguen más la pelota a los de amarillo, dijo el director técnico... y le ganamos a Brasil.
Si los peronistas quieren ejercer el poder de tal manera que puedan permanecer tras este mandato, no deben darle cabida a estos portazos que lo único que logran son divisiones. Basta y sobra con manifestar sus pensamientos sin renunciamientos chachistas... porque si no, le van a volver a entregar la pelota a los de amarillo. ¡No jueguen con fuego, muchachos!