En estos últimos siglos asistimos a cambios en las estructuras de los roles de género. Poco a poco se incorporan al imaginario social, a veces con resistencia o con el consabido sarcasmo de los grupos más conservadores. Me refiero fundamentalmente a la determinación de las mujeres en lograr autonomía en sus diversas formas: en lo laboral, en lo familiar, en la lucha por los derechos individuales, en la apropiación de su cuerpo y en el control de la natalidad.
En este último aspecto -el potencial reproductivo-, hay un tema que concita cada vez más interés: muchas mujeres deciden terminar su vida fértil sin ser madres. A mediados de 2011 se dio a conocer el resultado de una encuesta en la Ciudad de Buenos Aires que revela que el 17 % de las mujeres concluye el período de fertilidad sin hijos.
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¿Existe el deseo de no ser madres?
Muchas mujeres cuestionan el mandato de tener hijos y el supuesto instinto maternal que parecía inseparable del género. Son cada vez más las que terminan su vida fértil sin haberse embarazado.
Es muy posible que un varón soltero sin hijos no nos llame la atención: a lo sumo podemos pensar que es gay, o que es un nene de mamá, o en todo caso un picaflor, a quien le gusta la vida sin ataduras. Sobre una mujer soltera sin hijos caen epítetos como solterona, complicada, amargada, o se prevé un futuro signado por la soledad y el vacío.
Las explicaciones al resultado de las encuestas podrían sintetizarse en:
2) Aparecen nuevos objetivos en respuesta a la autonomía adquirida: trabajo, estudio, profesión, desarrollos personales que requieren tiempo, dedicación, competencia por lugares con más jerarquía.
3) En el ámbito laboral, los empleadores siguen considerando que las mujeres con hijos son menos competentes, por lo tanto para conseguir un buen trabajo, bien remunerado, hay que postergar o prescindir de la maternidad. Tal visión es diferente para los hombres: a un hombre con hijos se lo considera más competente. La idea del hombre proveedor, por ende, trabajador y responsable, sigue aún vigente en la mente de muchos.
4) Por falta de pareja.
5) Por alguna causa que provoque esterilidad.
¿Existe el deseo de no tener hijos?
Así como existe el deseo de tener hijos, existe el deseo de no tenerlos. La idea de que la naturaleza es regente de los deseos humanos es arcaica y predispone a crear normas que coartan la libertad, que es condición humana por excelencia. Las mujeres tienen que hacer valer los derechos ganados y hacerse cargo de las decisiones que se tomen.
Las encuestas sacan a la luz un fenómeno que está sucediendo en el mundo femenino: poner en cuestión el clásico instinto maternal y convertirlo en un deseo. Y como todo deseo, se construye en el mundo propio, en la intimidad de la subjetividad.
Extractos del libro "Amores ansiosos y otras cuestiones del amor", de Ediciones Lea. El autor es el doctor Walter Ghedin, médico psiquiatra y sexólogo.
Fuente: entremujeres.com