El jueves pasado se entregaron los premios Latin Grammy. El año pasado, cuando se dieron a conocer los ganadores, al ver el listado apareció un argentino en Mejor álbum de jazz latino. Se trata de Emilio Solla. Ese disco se llama "Puertos: Music from International Waters".
Hasta ese momento, Solla era un argentino más hasta que nos enteramos que es mendocino y ya todo cambió. Por ese motivo, Sitio Andino logró contactar al músico en su casa de Nueva York y mantuvo un intenso diálogo:
-Emilio ¿cómo te va?
-Muy bien.
-¿En qué lugar de Nueva York estás?
-En Brooklyn. Estoy en casa ahora mismo, en un departamento al lado de un parque. Tengo vista al parque y a la ciudad de lejos. La verdad que estamos muy bien.
-Imagino que tenés un piano en tu casa...
- Sí, claro. Acá tengo un vertical y en Barcelona (el otro lugar donde vivo), uno de cola. Este piano está bien para estudiar, escribir y trabajar un poquito. El lugar es inspirador...
-¿Estás bien en Nueva York?
-Tal vez esté un poco cansado y ahora estoy de vuelta pasando más tiempo en Barcelona. Pero Nueva York es un lugar que está bien para trabajar. Dentro del ámbito del mundo del jazz acá pasa todo. El lugar es Nueva York.
-Precisamente por eso consideraba a Nueva York por el lado de la inspiración...
-Este es un lugar que inspira más que otros. El trabajo aquí está muy bien y se puede hacer con músicos de altísima calidad, tocar y hacer proyectos que -obviamente- no están en ningún lugar del mundo más que aquí.
-¿Sos mendocino?
-Nací en Mendoza ciudad. Mi padre era ingeniero civil y estaba encargado de varias obras como la construcción de algunos diques en San Rafael. Fue contratado por el Ministerio de Obras Públicas durante muchos años, así que los tres varones nacimos en Mendoza.
-¿Hasta qué edad viviste acá?
-No recuerdo bien, pero era chiquito y ya nos volvimos a Buenos Aires. Pero siempre tuve una hermosa relación con Mendoza. Iba siempre para los veranos y también pasaba las vacaciones de invierno. Tengo un contacto muy fuerte con la con la provincia.
-¿Hace mucho que no venís?
-Estuve tocando en el 2016, en el Le Parc.
-¿Imagino que sos de tomar buen vino?
-En Nueva York y en Barcelona busco vino mendocino, un buen Malbec que es lo que más me gusta tomar además del Rioja español.
-Trabajaste un montón de Buenos Aires y de ahí te fuiste directamente a Barcelona.
-Si, estuve en Buenos Aires y allí hice mi formación musical. Me fui a Barcelona el año 96 porque sentía que ya Buenos Aires no daba para más. La Argentina de Menem no daba para más. Y menos mal que me rajé porque después vino el quilombo que vino y lo que ya sabemos. Me hice musicalmente en los 80 y fue una época de una primavera, de explosión musical muy fuerte para los músicos de mi generación. Luego, enfrentarse con el liberalismo de Carlitos fue muy destructivo para la cultura. A partir de ahí dije "bueno, si lo vuelven a votar es que este país y yo ya tenemos poco que ver". Y así fue: lo volvieron a votar y me empecé a armar la maleta y apenas estuvo una oportunidad, me largué.
-¿Cuándo empezaste a tocar el piano?
-En Buenos Aires. Empecé a estudiar a los ocho en el Conservatorio Nacional.
-¿Y a partir de ese momento sentiste que el piano y vos eran uno solo?
-Sí, al principio sí; después como estaba muy metido estudiando clásico y me empezaron a entrar otras músicas en la cabeza, tuve un divorcio con el piano -desde los 12 a los 17 te diría- e incluso estaba como un poco alejado de la música. A los 17, volví con otro empuje y ahí le metí fuerte y más en serio. Me quedé más enganchado.
-¿Cuándo entró el tango en tu vida?
-El tango entra por Piazzolla, en algún momento, cerca de esa época cuando volvía a la música y entra por Mederos, por la gente que estaba haciendo esas cosas en Buenos Aires. Muchos años después me voy a interesar y a investigar por el tango más viejo porque los músicos estábamos metidos en una cosa más contemporánea.
-Te preguntaba esto porque precisamente en New York tenés un plus dentro del mundo del jazz en el que vos te desempeñadas que es el tango y es lo que te ha hecho distinto...
-Sí, claro, el tango y el folclore. En Mendoza estaba muy ligado a la música folclórica y en realidad el folclore estaba muy presente en mi casa. Evidentemente trabajo mucho alrededor de esas dos músicas porque fue con lo que me crié. Creo que me fui haciendo un pequeño lugar en mundo del jazz precisamente porque suena a una cosa distinta una cosa muy argentina, muy latinoamericana.
-Si bien el arte no es un hecho competitivo cuando aparecen las posibilidades de demostrar tu música -como en este caso pueden ser los Grammy o en la Argentina los Premios Gardel- te pueden dar satisfacciones como la que tuviste el año pasado.
-En el 2016 estuve nominado con un disco que se llama "Second Half" y después con este mismo disco que ganó el Latin Grammy. Aparecí en los Grammy americanos nominado por una de las piezas como mejor arreglo instrumental junto con John Williams... ¡imagínate lo que fue eso para mí!
-Al otro año metiste el gol porque ganaste el Latin Grammy...
-Como vos bien decís, los premios de la música son una cosa muy relativa, porque no es una una competición como quien corre más rápido los 100 metros. Es muy subjetivo. Imagínate que en el Latin Grammy que ganamos con Puertos estaba Chick Corea...Estoy hablando de un músico gigante al lado mío. Pero en la música tiene esas cosas donde los músicos en un momento decidieron que yo merecía ese premio. Es una es una medallita que queda ahí para siempre y uno la puede utilizar para trabajar y que te valida viste como que valida un poco lo que hacés a nivel del mercado de la música. Como que pasaste un poquito a una liga distinta y eso ayuda a la carrera. No te hace mejor ni peor músico y tengo muy claro eso. Un premio sirve para que la música de uno se conozca más y se proyecte más como este mismo llamado que me estás haciendo ahora Mendoza que es muy lindo
-El arte de etapa de "Puertos" me hizo acordar mucho a un disco de Litto Nebbia, "Llegamos de los barcos". Escuchando lo que vos has hecho y lo que había hecho Litto le encuentro casi como un paralelismo.
-No me acuerdo la tapa esa que mencionás, pero lo curioso es que Nebbia nos sacó el primer disco que yo grabé en mi vida. Fue un año 86. Litto estaba de jurado en un concurso que se hizo de música de nuevas bandas y salimos uno de los ganadores. Nos vino a hablar y dijo "Che, estoy empezando a sacar cosas de gente joven. Me gustaría si quieren sacar algo conmigo". Imaginate para nosotros lo que fue sacar ese disco...
-Hace unos días me mandaste un video donde estabas con un homenaje que a Chick Corea.
-Bueno sí, estuvo lindo. Eso lo hicimos en el verano europeo, en Alicante (España) con la Sinfónica de Alicante, con un director joven muy potente como Josep Vicente que me convocó con esta idea de hacer un homenaje sinfónico a Chick Corea.
-¿Cómo te sentís dentro del ámbito del jazz de Nueva York?
-Integrado, respetado... Llevo 15 años acá y siento que me hice el lugar. Me parece que los músicos me respetan, la gente quiere trabajar conmigo cuando llamas a cualquiera para tocar, siempre están ahí. Todo el mundo, sabe quién soy. Siempre me llegan comentarios de que alguien dijo que la gente habló de mi música y con respeto y con cariño.