La historia empieza como si fuera una escena pensada por Quentin Tarantino para su película Tiempos violentos: el portero de un edificio descubre que, desde el baúl de un auto estacionado sobre una avenida, un hilo de sangre gotea sobre el asfalto.
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A 31 años del parricidio de los hermanos Schoklender
Sergio y Pablo vivían en un lujoso departamento del barrio porteño de Belgrano, con sus padres. A los dos los mataron de un fierrazo y luego estrangulándolos con una soga. Pablo fue capturado en Tucumán.
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El hallazgo llegaría con la escena del auto goteando sangre. En ese momento, Sergio ya le había pedido 5000 dólares prestados a un amigo de su padre y, junto a Pablo, habían buscado refugio en Mar del Plata. Pero la Policía los tenía en la mira. Al mayor lo detuvieron en la localidad de Cobo, cerca de Mar del Plata; Pablo había llegado un poco más lejos: lo capturaron en Ranchillos, Tucumán.
Desde la noche negra del crimen apenas habían pasado cinco días. La primera versión de Sergio buscó proteger a Pablo y el mayor de los Schoklender cargó sobre sus espaldas toda la culpa. Pero cuando ya estaba en la cárcel, contó otra versión: "Mi padre se dedicaba al tráfico de armas y el crimen lo cometió un comando". Su hermano apoyó esta teoría.
Pero la primera versión pareció tener más peso y, el 12 de marzo de 1985, la jueza Martha Lopardo condenó a Sergio a prisión perpetua y absolvió a Pablo, que quedó libre. Sin embargo, la falta de mérito para el menor de los hermanos duraría un poco más de un año: el 7 de abril de 1986, la Cámara de Apelaciones cambió la absolución por perpetua y pidió su captura.
Lo agarraron recién el 14 de mayo de 1994 en Bolivia. Su nuevo nombre era Jorge Velásquez, un comerciante argentino radicado en Santa Cruz de la Sierra. Se había casado y, aunque en ese momento estaba separado, tenía una hija. La pista para su detención llegó porque había emitido un cheque sin fondos y estaba preso. Apenas lo liberaron, Interpol lo detuvo: volvía a ser Pablo Schoklender.Pablo todavía sigue en la cárcel, cumpliendo su condena. Sergio, en cambio, después de pasar 14 años preso salió en libertad condicional el 28 de noviembre de 1995: lo benefició la aplicación de una ley que computa como dobles los años en que estuvo detenido y sin condena.
En la cárcel, Sergio estudió Derecho y Psicología; sus títulos de abogado y psicólogo son hoy dos de sus orgullos. Pero se niega a hablar del crimen por el que lo condenaron.