homenaje

El cosmopolita que guió la literatura de habla hispana

Por Sección Cultura

El mexicano Carlos Fuentes, fallecido el martes a los 83 años, fue uno de los grandes escritores latinoamericanos del último medio siglo, famoso por su prolífica producción y su uso de un lenguaje experimental de proyección universal.

Referente de la literatura latinoamericana, Fuentes murió el martes "por una hemorragia masiva" en Ciudad de México, la urbe que describió en la "La región más transparente" (1958), la novela urbana que lo hizo famoso con 29 años.

Nacido por azar en Panamá el 11 de noviembre de 1928, hijo de un diplomático mexicano, pasó parte de su infancia en Quito, Montevideo y Rio de Janeiro, hasta establecerse durante su educación primaria en Estados Unidos. Sin embargo, las vacaciones en México afianzaron su español y la defensa de sus raíces.

"¡Viva México! ¡Mueran los gringos!", gritó un Fuentes de 10 años durante la proyección en Washington de la película "El hombre de la conquista", sobre la secesión de Texas del territorio mexicano.

Aquel fue su primer acto de rebeldía que más tarde se reflejaría en el intelectual de izquierda en el que se convirtió, fascinado, como muchos latinoamericanos de su época, por la revolución cubana y los movimientos rebeldes de izquierda.

Sin embargo, con el tiempo sus opiniones se volvieron más matizadas y era conocido por criticar tanto la parte cruda del capitalismo como las duras realidades del comunismo.

Figura destacada del boom de la literatura latinoamericana en los años 1960, Fuentes se hizo gran amigo del colombiano Gabriel García Márquez y del peruano Mario Vargas Llosa. Pero a diferencia de sus contemporáneos, Fuentes nunca ganó el Nobel de Literatura, aunque durante años fue mencionado como candidato.

Recibió en cambio las más prestigiosas distinciones de la literatura en castellano: el Premio Cervantes (1987), el Príncipe de Asturias (1994), el Biblioteca Breve (1967) y el Rómulo Gallegos (1977).

Fuentes publicó su primera colección de cuentos cortos, "Los días enmascarados" en 1954. Cinco años después, su novela "La región más transparente", un retrato del crecimiento explosivo de la capital mexicana, le dio fama internacional.

Un posgrado en Europa lo llevó a conocer en París al poeta mexicano Octavio Paz, Nobel de Literatura en 1990. En ese periplo conoció más tarde en Zúrich al alemán Thomas Mann, amistad que terminó de definir simbólicamente su vocación literaria, de acuerdo con la biografía "Los escritos de Carlos Fuentes", de Raymond L. Williams.

En 1975, escribió "Terra Nostra", una magna obra de 800 páginas que junto con las novelas "La muerte de Artemio Cruz" y "Aura" lo terminaron de encumbrar.

En el ámbito lingüístico, Fuentes también estuvo a la vanguardia, buscando romper el molde del español académico y darle nueva vida al idioma.

Su curiosidad intelectual quedó plasmada en su ensayo de 2002 "Esto creo", en el que detalla sus creencias personales ideológicas y literarias.

Entre sus decenas de obras, en 2003 publicó "La silla del Águila", en la que imagina el futuro de México, y al año siguiente, "Contra Bush", en el que se pronuncia contra de la reelección del presidente estadounidense.

Fuentes apoyó la elección del conservador Vicente Fox en 2000, que puso fin a siete décadas de mandato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), aunque, siguiendo los pasos de su padre, había aceptado en los años 1970 ser embajador en París de un México gobernado por el PRI.

En términos personales, Fuentes ha sido definido por sus allegados como un hombre cariñoso y nada agresivo, que sólo mantenía cerrada una puerta de su vida: la familiar.

Lo único que se conoce de su vida privada es que Fuentes se casó con la actriz mexicana Rita Macedo (1925-1999), de quien se divorció en los años 1970 para contraer nupcias con la periodista también mexicana Silvia Lemus.

De esta segunda unión nacieron Carlos Rafael que padecía hemofilia y murió en 1999 a los 25 años y Natasha, que falleció años después a los 32 años por causas desconocidas.

Trotamundos y activo casi hasta el final, una vez dijo que su verdadero hogar era un avión y su peor miedo la muerte.

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