Los imprescindibles de Mendoza: hoy, Oscar Matus

Por Walter Gazzo

"Hay hombres y mujeres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles" (Bertolt Brecht).

El imprescindible de hoy es... Oscar Matus.

Manuel Oscar Matus nació el 15 de julio de 1927 en un barrio de Guaymallén. Fue compositor musical y guitarrista, uno de los más grandes músicos y renovador del folclore argentino en los años 60.

La infancia lo unió a Armando Tejada Gómez y compartió con él una historia de pobreza y desprotección. Trabajó en las radios de Mendoza como guitarrista y en ellas conoció a Tito Francia, de quien aprendió lo fundamental para la interpretación de la música popular.

Este camino artístico lo llevó a ser uno de los fundamentales y al comenzar la década de 1960 fue uno de los fundadores del Movimiento del Nuevo Cancionero junto a Mercedes Sosa, Armando Tejada Gómez y Tito Francia, entre otros.

Oscar tuvo cuatro hijas mujeres: Alba, Ada, Ana Clara e Iris.

Desde fines de la década del cuarenta realizó giras por Cuyo y las provincias del noroeste argentino, entre otros lugares. Estando en Tucumán conoció a Mercedes Sosa, con quien se casó en 1957 (y vivió con ella hasta 1965) y tuvo a su hijo Fabián.

Produjo de manera independiente el primer álbum de Mercedes Sosa y en los primeros álbumes de esta cantante se incluyen gran cantidad de sus temas.

Mantuvo una sociedad artística con el poeta Armando Tejada Gómez con quien compuso numerosas canciones, como "Selva sola", "El río y tú", "El viento duende", "La Pancha Alfaro", "La zafrera", "La zamba del riego", "Los hombres del río", "Nocturna", "Zamba de los humildes", "Tropero padre", "Zamba de la distancia" y "Coplera del viento", entre otras.

Cuando abandonó la Argentina, se instaló en Francia y allí siguió con su carrera musical hasta el 29 de enero de 1991, día en que murió en París, Francia.

Acerca de él

En su libro "Negra guacha" (Memorias de Ada Matus), de  Crimi y editado por Luces de Gálibo, la hija del músico cuenta acerca de su padre:

"Mi padre nació en la cárcel. Nunca pudimos saber por qué nuestra abuela lo tuvo que parir en prisión ni de qué murió ella, dejándolo huérfano a los cinco años. Él vivió un tiempo con su tía pero después escapó. Tenía un tío ruso al que llamaban Popof, que cuando se enteró de que ya no estaba con su tía, lo buscó y se lo llevó a su casa de campo.

Oscar le tenía miedo al tío Popof porque era muy blanco, pelirrojo y de ojos verdes, así que al principio lo veía más como a un extraterrestre que como a un pariente. El ruso, quien tenía varias hijas rubias y muy lindas, lo trató muy bien, le enseñó apicultura y lo ayudó a leer y escribir. El problema es que Oscar se enamoró de todas las niñas, y estaba seguro de que, si Popof se enteraba, lo mataría.

Estuvo viviendo seis meses en la casa de su tío, hasta que un día intentó besar a una de las rubiecitas. La niña huyó a contarle el episodio a su padre, y a la noche Oscar se escapó para evitar represalias.

Su rabia de vida le permitió sobrevivir en la calle, lustrando zapatos y vendiendo diarios y otras cosas en el mercado: flores, verduras o leche que "rebajaba" con agua de la acequia.

Papá tenía un perro que se llamaba Sultán, que lo acompañaba y protegía cuando iba a trabajar al mercado. Una noche soñó con su madre, que lo miraba sonriente y cariñosa, con una mirada muy clara. Ella le acariciaba todo el cuerpo negrito y le cantaba canciones en una lengua muy dulce. De repente sintió que lo invadía un calor muy fuerte y despertó, y se dio cuenta de que Sultán lo había orinado mientras dormía. Entonces él se puso furioso, echó el perro a patadas y así perdió a su fiel compañero.

Una pareja de extranjeros anglosajones, protestantes y sin progenitura lo vio una vez a Oscar trabajando e intentó adoptarlo. Ellos vivían algo alejado de la ciudad y le pidieron que les llevara un pato. Papá llevó el ave viva a la casa de estas personas, pero le dijeron que tenía que matarla, ya que lo querían para comer. Le dieron un cuchillo inmenso y lo llevaron al patio. Oscar agarró al pato de la cabeza, con fuerza, y le dio un terrible cuchillazo que lo descogotó. Pero el pato salió medio volando y luego empezó a correr en círculos por el patio, sin cabeza. ¡Casi se muere de espanto!

Los anglosajones lo trataban muy bien, lo invitaban a comer, y un domingo lo llevaron a misa. Estupefacto, se puso a observar cómo todos oraban a Dios, cantaban y ponían cara de trance. Él puso cara de tonto y, disimuladamente, comenzó a retroceder hacia a la puerta de entrada.

Una vez allí, salió a la calle, respiró profundo y huyó despavorido. Ahí se terminó su deseo de ser adoptado, porque pensó que los gringos, si bien eran muy dulces y limpitos, estaban totalmente locos... ¿Cómo le iban a orar a alguien que no existía?

Había ido solo seis meses a la escuela, así que aprendió solito a leer, a escribir y a respetar el hecho de que lo único que cuenta en la vida es avanzar, cueste lo que cueste. Su deseo de salir de la masa de los pobres e incultos lo llevó a comprar y leer tres libros por semana. Siguiendo el ejemplo de Jack London, y cuando su trabajo en la construcción se lo permitía, escribía listas de palabras nuevas con sus definiciones y una frase ejemplo sobre la pared donde estaba el espejo para cortarse la barba y asearse, hasta que al final toda la habitación estaba cubierta de palabras. Y así descubrió la literatura.

Se encontró con la música cuando trabajaba en el cementerio, escribiendo en lápidas los nombres de los difuntos y los mensajes de sus familiares. Por entonces conoció a una mujer que no tenía dinero y que le propuso darle una guitarra rota a cambio del cartel escrito y decorado de una lápida. Él aceptó, arregló la guitarra y la hizo sonar, a pesar de que nunca había estudiado música.

Recordó un día, en la época en que vivió con su tía, cuando después de varias horas de trabajo en la cosecha de papas se puso a cantar. Todos habían detenido el trabajo para mirarlo con asombro, porque hacía poco que había muerto su madre y no entendían su actitud. Esa fue la primera vez que cantó, y su público eran trabajadores con las manos destrozadas y las espaldas doloridas, que dormían juntos en un galpón y cobraban bonos que solo podían canjear en los negocios de los mismos patrones.

Así, papá descubrió la música, con un público proletario y los mágicos acordes de una guitarra rota".

En tanto, el periodista Mariano del Mazo entrevistó a Fabián Matus -hijo de Oscar y Mercedes Sosa en el diario Página/12 y dijo: "Hubo un tiempo, breve, en que Mercedes Sosa era la mujer de Manuel Oscar Matus. Fue una historia de amor tempestuoso que definió el carácter político y artístico de la cantante. Oscar Matus estaba en el centro de un grupo de poetas e intelectuales de izquierda que años más tarde fundaría el Movimiento Nuevo Cancionero. Guitarrista, compositor y productor, escribió en dupla con Tejada Gómez temas como "Los hombres del río", "Zamba de los humildes", "La zafrera". La bella moza que en su barrio pobre de San Miguel de Tucumán aspiraba a ser maestra de escuela empezó a tener nociones de la plusvalía, empezó a distinguir un obrero de un pequeño burgués. Su voz se llenó de contenido. La intuición natural absorbió un bagaje cultural clave para la construcción de esa catedral insuflada de símbolos latinoamericanistas que, finalmente, representó su gloriosa trayectoria.

-¿Qué recuerdos tenés de tu padre?

-Muy cariñosos. Mis padres se separaron cuando yo tenía 6 años. Tengo memoria de estar todos juntos en una pensión de Rivadavia y Larrea. Y después de irme con mi mamá a otra pensión, unas cuadras para el lado de Congreso, llamada Santa Rosa. Después de la separación yo lo vi a papá un par de veces más, y unos 14 años después nos reencontramos en París. Papi se había ido a París en 1970 corrido por los milicos. Antes de irse agarró una serie de masters y los vendió mal, porque necesitaba el dinero urgente. Tenía un disco de Julián Centeya, uno de Rodolfo Mederos, uno de Susana Rinaldi y Canciones con fundamento, de Mercedes Sosa. El era productor de discos. Mi relación no fue continua ni estable. Al final pudimos hablar los tres todo, pude hacer el proceso y conservo especialmente un recuerdo muy lindo de una cena en París. Murió en 1991.

Y la mismísima Mercedes Sosa habló en algún momento sobre Oscar Matus y lo hizo en el diario Clarín: "Matus me dejó después de una relación de ocho años. Se fue con una mujer que cantaba en el IFT y se llamaba Celia. Siempre la vi como alguien más joven, pese a que en ese entonces yo tendría 25 años y ella 20. Nos abandonó a mí y a Fabián. Absolutamente nos abandonó. Nunca más le dio a su hijo un juguete, un caramelo.

-¿Y cómo siguió su relación con los hombres?

-Quedé marcada. Yo estuve enamorada de Matus. El problema fueron los celos profesionales. Cuando empecé a cantar y me aplaudían se terminó... Mejor dicho, se exterminó el matrimonio. Después conocí a Pocho (Mazzitelli, representante de músicos). Era un santo... Nunca pensé que podía llegar a tener un algo con él. Al principio no lo quería. Era un apoyo... hasta que me enamoré".

Discografía

Testimonial del nuevo cancionero (1965), con Armando Tejada Gómez

Matuseando (1967), con Rodolfo Mederos

Poemas y Canciones (1977), con Ada Matus

L'ame de un peuple qui chante (1976), con Ada Matus

Agradecimientos a Alba Matus, Ada Matus y Daniel Talquenca por la colaboración. 

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