4 de abril de 2026
{}
Opinión

Los débiles supuestos del juego del Presupuesto

Por Luis Ábrego - Entre Paréntesis

La frustrada discusión por el Presupuesto 2021 en Mendoza dejó en claro que tanto para el oficialismo como para la oposición la política sólo es factible en tanto se ejerza desde la postura de fuerza que implica una mayoría. O del bloqueo que puede ejercer una minoría. Sin embargo, cuando no hay "votadoras" para pasar (o estas no alcanzan) y es necesario la búsqueda de lugares de encuentro y consenso, como exige la Constitución para el caso de la toma de deuda, las capacidades de unos y de otros se diluyen hasta la impotencia. O lo que es peor, el agravio.

Adentrarse en la discusión supone el fino análisis de los elementos objetivos, pero también de las interpretaciones que de uno y otro lado derivaron en el duro cruce de acusaciones previo y post a la sesión de Diputados donde finalmente el Ejecutivo logró dar media sanción a la pauta de gastos para el año próximo (incluso con el acompañamiento de otros bloques opositores como Partido Intransigente, Protectora y el flamante Ciudadanos por Mendoza) pero sin el voto del Partido Justicialista (PJ), vital para lograr los 2/3 necesarios para contar con el roll over (refinanciación de la deuda) y las autorizaciones para nuevo endeudamiento para obras.

En el fragor, primaron los supuestos, las hipótesis, los postulados, los prejuicios sobre las ideas o los comportamientos del otro sin cuyo derrumbe es imposible no sólo poder comprender su lógica, o las razones que expresan quienes están del otro lado de la mesa. Mucho menos llegar a un punto en común. Básicamente, porque hay gritos pero no hay escucha.

¿En el medio? Muchas puestas en escena. Entre ellas, algo así como una propuesta de la oposición sin demasiado desarrollo ni rigor técnico acorde al detalle que demanda un presupuesto; pero también la destemplada respuesta del vicegobernador Mario Abed cuando le sugirió al peronismo que si pretendían elaborar un "presupuesto alternativo" (algo que ese endeble listado de condiciones con algunas medidas impositivas de dudosa efectividad y un sesgado listado de obras no sugería) debían "ganar elecciones".

Que fuera Abed, habitual negociador del oficialismo quien enrostrara semejante desafío a un peronismo que ya no recuerda la última vez que ganó una elección en Mendoza, fue todo un síntoma de lo lejos que había llegado la polémica. Pero también, que en ese mismo instante todos los puentes de una posible negociación estaban definitivamente dinamitados. Un dedo en la llaga en un momento que en todo caso merecía curaciones. O al menos un torquinete para evitar perder más sangre.

Pero no fue el único. Desde la vereda de enfrente, el senador camporista Lucas Ilardo apuntó en duros términos a las falencias negociadoras del Gobierno, responsabilizándolo por haber dado por cerrada una discusión que podría haber alumbrado algún acuerdo. Algo que en la misma línea pero personalizando directamente en Rodolfo Suárez, ratificó la nueva cabeza del PJ provincial, la senadora nacional Anabel Fernández Sagasti.

La legisladora se estrenó en su cargo de formal jefa de la oposición caracterizando al gobernador como un "niño rico y caprichoso". El contrapunto ya había elevado de las arenas siempre movedizas de la Legislatura hacia dos de las figuras políticas más importantes de la provincia. ¿Era necesario? Seguramente no, pero esa imposibilidad de sortear obstáculos ya sea cediendo, ya sea acordando, se convirtió en frustración cuando voluntad y capacidad de diálogo se aniquilan por razones ambientales. Es decir, por lo que el paisaje, la tropa propia y su tribuna, o la opinión pública puedan interpretar de un acuerdo político.

Tras la sesión, una andanada de tuits de todos los ministerios puso en foco la responsabilidad del peronismo "por dejar sin presupuesto a Mendoza". Otra falacia porque en rigor de verdad, el presupuesto en sí, en el mejor (o en el peor) de los casos, estará aprobado tras la próxima intervención del Senado. Al oficialismo le alcanza con sus votos para sancionarlo, pues la postura cerril de la oposición sólo bloquea la refinanciación de deuda vieja o la toma de nuevos compromisos.

Podrá alegarse, y tal vez con razón, que en estas circunstancias (pandemia, recesión, inestabilidad cambiaria, inflación en alza) no aprobar herramientas para reemplazar deuda vieja por otra nueva en mejores condiciones de plazos o interés (como hacen todos los estados del mundo) es socavar la gestión del día a día que el presupuesto contempla. Y tal vez sea cierto.

Asimismo, que ante la incertidumbre macroeconómica que atraviesa el país y frente a las limitaciones de las provincias al no poder emitir moneda (como sí puede la Nación) no habilitar autorización para endeudamiento en obras de infraestructura necesarias, es atentar contra el desarrollo de la Provincia, pero además contra la generación de empleo. Y también es posible que sea cierto.

Sin embargo, todos los indicios dan cuenta que en todo caso la tormenta que se desató el miércoles en Diputados es fruto de un caldo de cultivo más espeso y extenso. Según los peronistas, desde el mismo momento que con Alfredo Cornejo como entonces jefe de la oposición le negó aval al plan de gobierno de Francisco Paco Pérez. Obviamente, eran otros tiempos y otros equilibrios en la Legislatura, aunque el final de la historia sea por todos conocidos: tanto en términos fiscales para la Provincia como en términos políticos para el PJ.

Según los radicales, hay un modus operandi que se repite. "Ya en el último presupuesto de Cornejo en 2019 no autorizaron roll over y el financiamiento de obras. En 2020 tampoco lo hicieron y en 2021 tampoco. El kirchnerismo tiene como objetivo ponerle trabas al desarrollo de la provincia de Mendoza", disparó ayer en el programa Entre Paréntesis por Radio Andina, el presidente de la Cámara de Diputados, Andrés Peti Lombardi.

Aún más, nada parece haber podido avanzarse en los 45 días en los que el Presupuesto estuvo presentado en la Legislatura, pero según dice la oposición, sin una articulación clara en búsqueda de consensos. Y en medio de la disputa interna por la presidencia del peronismo, dice el oficialismo, como subrayando la prioridad a la rosca partidaria antes que el análisis de la hoja de ruta del Estado provincial.

Como sea, la disputa, si se quiere infinita, pronostica igual resultado en el Senado. Pero lo que es peor, confirma la imposibilidad de generar expectativas positivas para Mendoza, que consoliden senderos previsibles en un año que se avecina tan difícil como este (o aún más). Es decir, menos desarrollo, menos obras, menos empleo, menos margen de maniobra ante los desbarajustes del mundo: sean o no pandémicos. Pues habrá que pagar antes que rollear o habrá que dejar de hacer obras (y dar trabajo y mejores servicios) ante la falta de financiamiento propio.

"Si pudimos en un año tan complejo como este, ¿cómo no vamos a poder hacerlo en el próximo?", declaró con excesiva confianza el hombre de los números del Gobierno, el ministro de Hacienda Lisandro Nieri. Otro supuesto más al que la dirigencia deberá hacer frente en las mismas condiciones de debilidad de los últimos años. Ojalá no se equivoquen.

Las Más Leídas

La fotografía histórica desde el espacio y Mendoza incluida en ella.
Tragedia en Ruta 40: el accidente en Azcuénaga dejó una víctima fatal
Hallazgo estremecedor en Entre Ríos: encuentran muerta a una menor con discapacidad
Cayeron cuatro mineros chilenos en San Juan: extraían oro ilegal y estaban armados
Murió un peatón en Tupungato tras ser embestido por un auto en la Ruta 40