Frente a una estructura editorial muy concentrada, los sellos medianos y pequeños marcan su diferencia en experiencias colaborativas que en tiempos críticos se refuerzan con proyectos colectivos y si bien la ayuda del Estado es un agente clave, consideran "insuficientes" las medidas impulsadas para paliar los efectos económicos de la pandemia, según una encuesta sobre el sector, informa la agencia de noticias Télam.
Como en todos los sectores de la economía, la pandemia del coronavirus no pasó inadvertida, tampoco para la industria editorial: en caída desde 2016, el mundo del libro argentino sufrió -y sufre- las consecuencias del aislamiento social, preventivo y obligatorio y de un contexto de recesión económica que tampoco es novedad. En este panorama, casi la totalidad de sellos editoriales -consultados en la encuesta desarrollada por la investigadora Daniela Szpilbarg- definieron su situación ante la cuarentena como "muy desfavorable" o "desfavorable".
En materia de políticas públicas, el relevamiento registró que un 68% de las editoriales encuentran "insuficientes" las medidas vigentes tomadas por el Estado, en tanto no llegan a paliar el impacto; mientras que específicamente las editoriales medianas y con mayor antigüedad declararon en su mayoría que las estrategias gubernamentales son "suficientes", a diferencia de las más pequeñas son las que reclaman acciones más urgentes.
¿Qué significa que sean eficaces pero insuficientes? "Significa -explica Szpilbarg- que fueron buenas medidas, pero no llegaron a resolver o a dar un rescate acorde a la magnitud de la crisis actual. Muchos editores valoraron las medidas tomadas por el Estado, pero consideraron las medidas ´ineficaces´ e ´inespecíficas´ para un sector que arrastra un escenario previo de crisis económica, son medidas que no llegan a paliar esta situación".
"Si bien se digitalizaron las compras de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, muchas editoriales pequeñas, que son un espectro grande de todas las existentes, no llegan a percibir compras significativas. La apertura de librerías también debe tomarse como una medida importante, pero en un contexto de aislamiento de la población, no van a experimentar en el corto plazo una recuperación de la circulación de lectores y las ventas", detalla la investigadora.
La encuesta, que se presentó como debate para pensar en la situación de la pandemia en el marco de la Feria del Libro en Casa, una iniciativa autogestiva y colectiva que puso en circulación virtual la producción de libros, evidenció también que más de la mitad de profesionales del libro forman parte de algún colectivo, lo que confirma la impronta de "organización y asociaciones colectivas", que le imprimen una particular identidad a un campo editorial concentrado entre dos grandes empresas y un montón de editoriales medianas, pequeñas y microsellos.
¿Por qué las estrategias suelen ser colectivas? "Hay varias cuestiones: una es que las editoriales tienen una afinidad de catálogos que las hace trabajar y proyectar juntas para potenciarse, visibilizarse, distribuir los libros, coeditar, formar stands colectivos en ferias. Son los catálogos los que dialogan y generan acciones en común. Otra cuestión histórica nos traslada a los años post 2001, donde también en una estructura editorial concentrada, y con una crisis económica profunda, emergieron formaciones como la Feria del Libro Independiente y Alternativa en un contexto de economía social de trueque".
Pero, como argumenta Szpilbarg "la salida no implica solamente a los editores y editoras, sino como se ha demostrado, a la unión librerías-editoriales, y aún yendo más allá, las soluciones podrían verse potenciadas si contaran también con un acompañamiento de instancias estatales que sumen su estructura al conocimiento fino del quehacer editorial de los actores de la industria". Fuente: Télam.