9 de abril de 2026
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Una apuesta en medio del desierto

Por Luis Ábrego - Entre paréntesis

Si las crisis son oportunidades, Rodolfo Suárez parece haber intuido que el discurso ante la Asamblea Legislativa del 1 de mayo -el primero de su mandato- bien podía ser una ocasión para relanzar su hasta ahora accidentada gestión. El duro traspié tras la aprobación de la modificación de la ley 7.722 que abría las puertas al necesario desarrollo minero en la provincia, y luego, la extendida situación de parálisis y temor derivado del avance del Coronavirus hicieron el resto. Condicionado entonces por el contexto, la ocasión le permitió que las luces se posaran de nuevo sobre él y su palabra.

En su intervención vía teleconferencia, ante un recinto legislativo casi vacío, Suárez buscó recuperar aquella centralidad política que se esfumó rápidamente entre su triunfo electoral y su asunción. Y del análisis de su propuesta, que contiene acciones en distintos ministerios o áreas, surge que al menos movió fichas para avanzar y reencauzar así la agenda que lo llevó al sillón de San Martín. Pero aún más, la reiterada invitación a proyectar la provincia más allá de su administración, y con ella un tipo de Estado que permita que todos crezcan, es un desafío que marcará seguro el tono de los próximos tres años, y de resultar convincente, el de quienes lo sucedan. Básicamente, propuso un rumbo, que es de continuidad, pero también con propia impronta.

Este temario obliga ahora a la oposición a bailar al ritmo propuesto desde el oficialismo con argumentos difíciles de rebatir rápidamente: la disminución del costo de la política, la consolidación del orden fiscal como base para un Estado eficiente que sirva a pobres y a ricos, la creación de redes de contención productiva, la evaluación de la calidad educativa, la protección del ambiente, la profesionalización de las fuerzas de seguridad y el desafío de "repensar" la Mendoza que viene a través de la innovación y el diálogo de los sectores.

Suárez no sólo dejó la idea que frente a la pandemia "Mendoza está activa", sino que es imprescindible "cuidar a los generadores de empleo". Una manera de anticipar el debate que viene respecto del impacto económico del Covid-19 y la salida de la cuarentena, en la que habrá que poner no sólo inteligencia, sino también empatía con quienes hoy, en el sector privado, están al borde de perder empresas o fuentes de trabajo. Incluso, volvió sobre un latiguillo de su propio cuño para que sea el Estado el que también en estas circunstancias dé alguna señal de austeridad y comprensión.

Al respecto, el anuncio de esta "reforma institucional" que propone reducir a una sola cámara la Legislatura y pasar así del actual sistema bicameral (Diputados y Senadores) a uno unicameral no es un dato nuevo. Fue una promesa de campaña que ahora parece empezar a materializarse y cuyo objetivo es el ajuste "de la política"; pero que también debería fundamentarse en las razones que permitan encontrar formas de representación más ágiles y modernas que garanticen la eficacia de un poder independiente en el que también está expresada la voluntad popular, y en especial, la de las minorías.

Pero también, Suárez propuso en su alocución la eliminación de la elección provincial de medio término (puramente legislativa) y la autoexclusión de la reelección del gobernador en la necesaria reforma constitucional que plasme estos cambios. Así, el gobernador bajó en un segundo la pretensión personalista que siempre trabó cualquier posibilidad de retoques a la Carta Magna y en la que tanto peronistas como radicales, en el oficialismo o en la oposición, usaron alternativamente para bloquear modificaciones. Un punto que queda ahora allanado y que despeja el ambiente para generar, en serio, la discusión de fondo sin especulaciones de corto plazo.

Este gesto de Suárez, dado al inicio y no al final de su mandato, es un símbolo republicano que predispone a la oposición que siempre ha manifestado su voluntad reformista. Por ejemplo, para lograr actualizar e incorporar a la Constitución local los derechos tanto de tercera y cuarta generación (entre otros, los ambientales o los derivados del impacto tecnológico). Una resignación política que se les pidió siempre a todos sus antecesores y que ninguno supo (o quiso) declinar al menos con esta pública contundencia.

En tanto, la propuesta de creación de un "Consejo Económico, Ambiental y Social" (otro de los anuncios) está en línea tanto con un reclamo de las cámaras empresarias (UIM, CEM, FEM y otros para programar no sólo la reactivación tras la cuarentena, sino el futuro económico-productivo de la Provincia), pero también de la oposición. A la que además también complació y sorprendió al asegurar que los próximos fondos que lleguen desde la Nación para enfrentar la emergencia, serán coparticipados a los municipios (el PJ conduce 5 comunas). Un aspecto que había generado polémica recientemente y que se suma al paquete de gestos de amplitud y gobernabilidad que el mandatario dio el viernes.

En la dirección de avanzar hacia la Mendoza que viene, fue asimismo acertada la decisión de confirmar la creación de una Agencia de Innovación, Ciencia y Técnica -también prometida en campaña-, a fin de enlazar la generación científica con la articulación productiva de la provincia; así como la promulgación de la Ley de Producción Audiovisual que beneficia a uno de los sectores más dinámicos y recientes (así como de mayor proyección a futuro) de la denominada Economía del Conocimiento.

Esta vocación prospectiva, capaz de alzar la mirada y salir del día a día aun en tan tremenda crisis, es tal vez el concepto general más rescatable del discurso de Suárez. En la misma línea, se inscribe la prometida creación de Fecofrut o el esbozado instituto para evaluar la calidad educativa, así como el observatorio de Seguridad Ciudadana o la creación de una nueva área natural protegida en el Piedemonte. Todos temas de fondo (producción, educación, seguridad, ambiente) con mirada de mediano-largo plazo, capaces de iniciar (si se hacen bien) el camino de una provincia mejor: sólida desde lo fiscal, firme desde su economía, inclusiva desde su capacidad de generar empleo, protectora del entorno natural y conectada con los desafíos del mundo, más allá de la epidemia. O en todo caso, para el mundo que quedará después de ella.

Finalmente, Suárez tampoco descuidó el flanco de la coyuntura. Dejó en claro la política criminal que hoy está en tela de juicio ante las excarcelaciones producidas en todo el país bajo argumentos sanitarios pero sospechas políticas. "No hay excusas para los `sacapresos`. En Mendoza las condenas se cumplen", aseguró con firmeza para dar un mensaje que excede las fronteras y que retumba (como los masivos cacerolazos del jueves) sobre un tema como el de la inseguridad que salió del fondo de las preocupaciones ciudadanas para volver a ganar los títulos de los diarios.

En síntesis, Suárez intentó mostrarse no sólo como un dirigente capaz de gestionar y resolver con rapidez frente a la pandemia, anticipándose en algunos casos a decisiones nacionales (aunque no exento de polémicas como la de la compra de respiradores), sino también como un líder en la crisis, que puede escuchar. Un político que marca la agenda propia pero que también explora un camino personal (tal vez diferente aunque no del todo autónomo) del que trazó su mentor y antecesor, Alfredo Cornejo.

Eso parece también confirmar la opinión pública. Al menos en un sondeo que se conoció ayer de la Consultora Reale-Dalla Torre, sobre 1.023 casos (relevados a causa del aislamiento a través de las redes sociales Facebook e Instagram) entre el 24 y el 29 de abril. Suárez tiene un 79% de aprobación de su gestión (mejoró un 26,2% desde enero a abril) y alcanza el 86,5% cuando se los consulta sobre el manejo de la crisis, valorando incluso el trabajo en conjunto con el presidente Alberto Fernández, a pesar de pertenecer a espacios políticos distintos. Un 43,3% cree que el gobernador asumió el manejo de la pandemia con "mucha responsabilidad" y otro 43,2% estima que lo hizo con "bastante responsabilidad". Sólo un 9,2% considera que tuvo "poca responsabilidad" y apenas un 1,5% con "nada de responsabilidad". Un 2,8% no sabe/no contesta.

En el mismo estudio, se traza un perfil del gobernador en el que se resalta como dato principal su "prudencia/responsabilidad" (76,2%), destacando además con altos índices otros atributos como su "fortaleza", "tolerancia" y "sinceridad" por encima de sus rasgos antagónicos ("falsedad", "imprudencia", "debilidad", "autoritarismo"). Incluso, el 81,5% cree que la pandemia en Mendoza, en comparación con el resto del país, está "más controlada".

Así, el gobernador apostó a la oportunidad que le dio el desierto de las restricciones económicas, sociales y sanitarias para proponer un horizonte moderado de superación asegurando que las coincidencias que busca pueden mutar en crecimiento. Una apuesta audaz en medio de la desazón, pero necesaria en términos de esperanza. No para un gobierno o un dirigente, sino para una sociedad cansada de la repetición de frustraciones, la cancha inclinada siempre en la misma dirección y esa imperiosa necesidad que desde el poder además de pedir sacrificio y esfuerzo, nos ofrezcan otro poco de ilusión y cercanía. El tiempo dirá si Suárez aprovechó esta chance.

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