9 de abril de 2026
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Cooperar y controlar en Tiempos de Pandemia

El mundo entero, hecho inédito en la modernidad, está inmerso en la batalla contra un virus en apariencia, imbatible. Una noticia brutal es corrida casi al instante por otra mas conmovedora aun. Solo importa una noticia. Un solo Tema.

Los seres humanos por miles -todos los días-caen abatidos en esta inesperada "guerra biológica". En un abrir y cerrar de ojos, nos dormimos en un mundo y despertamos en otro.

De pronto, en las bulliciosas calles solo se encuentra silencio e incertidumbre. Las emociones corporales invirtieron su rol. Un abrazo puede ser letal, un saludo a la distancia un acto de amor.

Nadie tiene mas poder que el virus que vino a visitarnos, no hay dinero, reyes, ni la diosa afrodita con su belleza y sensualidad, que lo puedan detener. Solo podemos esperar que la ciencia traiga la solución.

Se podría ante semejante enemigo tener conductas mezquinas, egoístas? Aunque todo indique lo contrario, en la argentina (no es una marca exclusiva nuestra, en este caso) suelen encontrarse. Por fortuna constituyen actitudes minoritarias, pero ahí están, al igual que el virus, infectando la opinión pública y provocando zozobra.

A los pocos días que el presidente Alberto Fernandez, tomara con premura y acierto, aconsejado por expertos infectólogos, la decisión de ordenar una cuarentena obligatoria, comenzaron a sonar los cantos de sirena, para que todo saliera mal. Los agoreros del apocalipsis no podían faltar. Los que se aprovechan ilícitamente de la emergencia con sobreprecios en el sector público y privado, tampoco podían dejar de asistir a la tentadora cita. Para esos delincuentes debe aplicarse todo el rigor punitivo. Ser tratados como desertores en una guerra. Ser detectados por la justicia y junto a a la pena legal, a todos ellos aplicarles "pena de muerte social" (Las metáforas no deben aclarase). Si, nobleza obliga aclarar: el Presidente reaccionó correctamente.

Existe enhorabuena, la crítica para aportar, para señalar y corregir errores, para el estricto control y denuncia como manda la constitución. Cooperar en los consensos desde los espacios opositores, para luchar contra el virus, no significa sumisión al poder central, obsecuencias u otro tipo de ominosas conductas. La batalla acordada contra el virus no suprime los mas valiosos principios democráticos y republicanos, todo lo contrario, obliga a un esfuerzo mayor pare ser, sus celosos custodios

En estos días se conoció por parte de la Ministra de Seguridad de la Nación, que habían implementado un sistema de "ciberpatrullaje".

Digamos las cosas como son: ¡se hace "ciberespionaje"! No estaría mal si fuese para prevenir ciertos actos criminales, para realizar inteligencia en aquellos sectores que por las redes puedan estar organizando tomas masivas y simultáneas de supermercados o de otros comercios. Ahora bien, ¿quién garantiza que no se cruce esa delgada línea y espíen nuestros posteos para detectar posibles enemigos políticos? ¿Quién garantiza que no se espíe nuestra vida privada e intimidad?

Para seguir siendo claros: en muchos países de Europa se hace este tipo de inteligencia, y ha tenido su gran auge en la lucha contra el terrorismo frente a organizaciones como Hezbolá.

Para que no se cruce aquél límite, en el que insistía en párrafos anteriores, esa tarea debe realizarse con un contrapeso. Allí, la participación de expertos que pueda aportar el arco opositor sería esencial. De lo contrario es un arma demasiado peligrosa. Graves consecuencias institucionales sucederán mientras las maneje discrecional y unilateralmente un gobierno-cualquiera sea-sin los debidos controles.

Es altamente probable que el mundo que conocimos sea muy distinto al que pueda venir. Tanto las relaciones sociales como en las comerciales, o en los esquemas económicos, pueden ser otros en el futuro próximo. Hoy nadie, seriamente, podría pronosticarlos con indubitable certeza.

Habrá, probablemente, en todos los campos, un cambio de paradigmas universal.

Lo cierto es que, en esta guerra, estamos en peor posición que en una conflicto convencional. Tradicionalmente, luego de una batalla, los comandantes de cada ejercito en pugna, se repartirían territorios, riquezas y poblaciones. Firmarían un tratado de paz y declararían el final de la contienda. Pero en esta guerra viral, ¿quién puede acordar un armisticio para llegar a un acuerdo de paz?

Por ahora y vaya uno a saber hasta cuándo, unidos y en casa. Prudentes en las declaraciones de los medios y en las redes sociales. Abocados en la construcción de consensos básicos y amplios a la vez, entre "oficialismo y oposición", que posterguen por un tiempo las riñas y los sobredimensionados egos políticos. Todo ello sea quizás, nadie tiene la receta perfecta, una razonable medicina para enfrentar esta guerra.

El pasado martes, hubo una reunión virtual entre el presidente y los gobernadores. Así debe ser, un presidente que convoca y los gobernadores presentes, como una especie de Generales territoriales en esta batalla. Analizaron la conveniencia de continuar el aislamiento y el modo de ir "administrando" esta medida para, principalmente, poder flexibilizar ciertas actividades económicas.

El Gobernador Suarez, debe tener un imprescindible protagonismo. Mendoza ha podido demostrar capacidad de acción. La compra de diez mil reactivos-con los aportes de los funcionarios que ordenó el gobernador, al que se sumaron el poder legislativo y un porcentaje del poder judicial- permitirá testear a un importante universo. O las interesantes propuestas que aportó para flexibilizar algunas actividades económicos, "por sector y regiones".

Nuestra provincia, tiene para aportar la experiencia de su Legislatura, mérito del oficialismo y oposición. Sesionado y aprobando on line leyes de trascendencia institucional.

Mendoza atesora legisladores nacionales que mucho pueden aportar. Todos ellos merecen ser escuchados, por su experiencia y conocimientos en variadas materias

Con el enorme esfuerzo de los trabajadores y profesionales de la salud, de las fuerzas policiales y de seguridad, que arriesgan día a día sus vidas, cavando trincheras en la línea de fuego, para tratar de impedir que el enemigo avance.

Con el ejemplar comportamiento de la inmensa mayoría de los habitantes del país que, pese a todo, se quedaron en casa. Resta que la política juegue sus mejores cartas: las del altruismo, abnegación y solidaridad. 

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