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Dolor, enojo, un caso que se resolverá rápidamente y un ministro complicado
El rastreo siguió desde la tarde de ayer hasta esta mañana. Y seguirá. Lo que pasó es muy grave y analizable desde muchos puntos de vista, desde los más humanos hasta los más fríos. Desde el sufrimiento, hasta la imagen del gobierno.
Por un lado está el dolor de la familia y amigos. Terrible. Absolutamente comprensible. Y el enojo, porque pasan estas cosas. Enojo de ellos, de la misma policía, de los funcionarios del ministerio de Seguridad, del gobierno en general, de una conmovida sociedad mendocina.
De hecho ayer en el gobierno hubo temor, pero no de que el padre del joven muerto le hiciera algo al gobernador Francisco Pérez o al ministro de Seguridad en represalia. Sino, temor porque lo sucedido es muy grave (insistimos, no es un hecho más) y ellos son los máximos responsables de la seguridad. Nada más, y nada menos.
Porque cualquiera que hubiera ido pasando por el mismo lugar que lo hacía Matías hubiera terminado como él. Y la impotencia también hubiera sido enorme.
Por otro lado, en el análisis frío, está el impacto negativo que tiene un hecho de esta naturaleza al cumplirse 100 días en el poder de este nuevo gobierno. Y las últimas semanas han sido de tensión por diversos temas, varios de ellos de inseguridad, unidos a ciertos cuestionamientos y rumores alrededor del ministro del área.
Previo al intento de asalto de ayer, el jueves hubo conmoción en Guaymallén porque asesinaron a golpes a una mujer de 70 años que falleció al momento de ser operada en el hospital Central. También el jueves, delincuentes encapuchados robaron $55 .000 de una finca de Junín después de golpear al encargado.
Salpicada de otros hechos delictivos, la semana cerró mal para el ministro Aranda. Antes de la Fiesta de la Vendimia, en el oficialismo hubo un fuerte rumor de que el funcionario estaba en la cuerda floja, frase que volvió a escucharse en las últimas horas.
Aranda se hizo cargo del ministerio en la gestión anterior y en reemplazo del ahora vicegobernador Carlos Ciurca, quien le habría quitado apoyo al mismo tiempo que reforzaría su respaldo hacia el subsecretario de Seguridad y segundo de Aranda, Emilio Caram.
Tres hechos (además de los estrictamente policiales) pesan en desmedro de Aranda. A mediados de enero tuvo que viajar a San Rafael porque aparecieron diversas pintadas de protesta que exigían derechos para los policías. Y en una reunión con los jefes distritales, se llegó a la conclusión de que eso era fogoneado por grupos determinados de la fuerza.
Los graffitis decían los polis tienen voz o los polis son personas y también circuló un panfleto con lo mismo. Posteriormente, el ministro de Seguridad trascendió hasta en la prensa nacional por haberse juntado en el quiosco de la estación de servicio de Colón y España de Capital con uno de los jefes de la barrabrava de Boca Juniors, Rafael Di Zeo.
Aquella foto cayó mal en el Poder Ejecutivo, pero igualmente el gobernador lo bancó. "Lo más importante es velar por la seguridad de los mendocinos", dijo Pérez al ser consultado por los periodistas mientras presentaba la Vendimia en Mar del Plata y previo al superclásico River-Boca que se disputó el domingo siguiente.
Lo último es que habría malestar en un sector de la Policía que desaprueba la convocatoria a policías retirados y la posibilidad de que ellos cobren un buen sueldo además de su jubilación, mientras hay jefes en actividad que no están conformes con lo que ganan.
Así las cosas, este fin de semana en el gobierno se unen sensaciones y sentimientos disímiles. Todos importantes. El dolor, el enojo, la posibilidad de esclarecer con urgencia el homicidio del joven en el Carrefour de Godoy Cruz, y la necesidad de emitir señales claras hacia la sociedad con respecto a la seguridad después del hecho policial más grave del año.