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economía regional

Duraznos, damascos y ciruelas: entre el granizo, la baja rentabilidad y la subsistencia

La fruta de carozo mendocina tiene una porción muy grande de mercado a nivel nacional, sobre todo del durazno en lata. No es casualidad que importantes empresas agroindustriales tengan sus plantas de conservas de frutas en la provincia.

Sin embargo, y como hemos contado hasta el cansancio desde este medio, el sector agrícola atraviesa una crisis que viene de mal en peor desde hace un largo tiempo. Y por supuesto que este 2018 no es la excepción.

Como para entender la ecuación, hay que empezar diciendo que cuando cae el consumo, el poder adquisitivo, la gente compra lo justo y necesario. Por ende en muchos casos la fruta pasa a ser un alimento de lujo, porque a base de papas y verduras baratas se para la olla, como quien dice. Desde allí, el mercado interno cruje y todos los cañones apuntan a la exportación, pero aquí hay un detalle, los estándares de calidad quedaron por debajo del granizo y la producción anual cayó a pedazos.

Así quedó la fruta que se iba a cosechar después del granizo.

"La temporada de este año es más complicada porque hubo efectos de helada y granizo. La caída del consumo ha sido tan fuerte que los precios por lógica han tenido que caer con un agravante, que el año pasado no hubo producción de durazno en fresco o transporte en Buenos Aires. Este año hubo bastante allá con lo cual los precios cayeron aun mas, si bien es de menor calidad, es fruta. Si sale $25 el kilo de ese durazno, y el nuestro que es mucho mejor sale $50, la gente prioriza el bolsillo", explica Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria Argentina en diálogo con SITIO ANDINO.

Las contingencias climáticas hicieron de las suyas en las fincas del sur mendocino y eso explica que, por ejemplo haya sólo un 25% de cosecha de ciruela de la que se sacó de la planta el año pasado. En el caso del durazno, hay casi un 10% menos, con respecto a la temporada pasada.

"Los caprichos de la naturaleza nos han provocado una vez más que en la provincia haya menos fruta que en la temporada 2018 especialmente en algunas variedad como fue el damasco que ya terminamos y en algunas variedades de durazno. Lo que más fuerte nos ha pegado es en la ciruela de industria que es la deshidratada. Los factores son varios, falta de agua de riego, heladas tempranas, tardías, granizo", explicó Omar Alonso, titular de la Específica de Industria de la Cámara de Comercio de General Alvear, ante la consulta de este medio.

La ciruela que se diseca, quizás la única que salve la ropa esta temporada. 

La preocupación y angustia son cada vez mayores porque "las perspectivas para este año eran muy buenas, con un Rusia mejorando, con un Brasil que cambió de Gobierno, porque el Mercosur al sector agrícola no le sirvió, entramos un arancel alto si lo comparamos con Chile, pero la cuestión climática nos dejó sin producción casi", agregó el productor.

"Más del 60% de la fruta de carozo entre conserva y fresco, la mayoría se produce en Mendoza, en lo que es lata, el predominio es de Mendoza. Para nuestro sector es triste como está la situación, al trabajar a pérdida, soportar inclemencias, vendiendo debajo de los costos, la degradación es acelerada. Este año se vendió muy mal, cuando cambio el dólar nadie tenía producción, se invirtió con insumos dolarizados y el recupero es nulo porque los valores son iguales que el año pasado, se trabaja por debajo de los costos de producción", se lamenta Achetoni.

Entre el campo y el changuito, hay un abismo

La brecha entre el consumidor y la góndola es alarmante, de acuerdo a las cifras que aportan los referentes del sector: en el caso del damasco para pulpa, se paga en Alvear $2,20 por kilo mientras que la cosecha cuesta $1,60 por kilo y el productor gana 60 centavos por kilo.

El durazno se está pagando alrededor de $4,50 por kilo en fresco y el de industria, está mucho más bajo, cercano a los $2,70. Si a eso le restamos los costos de cosecha y producción, la rentabilidad es muy poca.

En cualquiera de estos items el consumidor los paga en la góndola del supermercado alrededor de los 50 pesos o más.

Y eso explica por qué no se apuesta a mallas antigranizo cuando se fomenta esta herramienta desde el Gobierno provincial con créditos: "hoy cuesta cerca de medio millón de pesos entelar una hectárea, y si hubiera rentabilidad, la recuperación se proyecta a 6 o 7 cosechas. Pero cuando trabajás a pérdida, invertir en una malla antigranizo significa quizás no recuperarse nunca", sentenció el titular de la Federación Agraria Argentina.

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