Toda historia tiene su prehistoria, y la Copa América no es excepción. La Conmebol, fundada en 1916, rescata la historia del popular torneo continental, el más antiguo del mundo en que participan selecciones nacionales, a partir de ese mismo año.
Pero la competencia no nació de la nada, sino que registra un antecedente, amén de los encuentros entre los distintos seleccionados de los países que, por entonces, se dedicaban a correr detrás de la pelota.
En 1910, la Argentina se aprestaba a celebrar el Centenario de la Revolución de Mayo, punto de partida de la independencia nacional, dentro de un marco relativo de prosperidad.
Los ferrocarriles, que continuaban uniendo los centros productores del Interior con la Aduana capitalina; los negocios con los británicos, básicamente por la venta de materia prima, y la inmigración creciente proveniente de Europa, entre otros, constituían los factores que conformaban la sensación de una joven nación en franco desarrollo.
El grueso de la población, a despecho de las diferencias sociales que siempre existieron y de las desavenencias políticas que todavía retumbaban en los campos de batalla, sentía que el futuro era promisorio y las celebraciones de Mayo eran el marco propicio para expresar este bienestar.
La Argentine Football Association, que por entonces regía la práctica del fútbol, se encontraba asimismo en una etapa brillante.
Si bien en su seno había cierta ebullición provocada por el ingreso en sus filas de instituciones nativas que cuestionaban el predominio británico y asomaban algunas diferencias, los dirigentes habían sido exitosos en la promoción del deporte con la instauración de copas internacionales y de enfrentamientos con los países vecinos y, principalmente, con la invitación desde 1904 de equipos británicos, que pusieron a consideración de la aún reducida afición futbolera las virtudes del fútbol profesional.
Estos mismos dirigentes percibieron que el Centenario era una posibilidad más para confirmar la inserción de este deporte dentro de las prácticas sociales en boga y a las que el nativo podía acceder, ya sea como protagonista o como simple espectador.
Decidieron entonces que era la ocasión para organizar una serie de encuentros internacionales y que éstos formaran parte de los festejos programados por las autoridades nacionales, quienes los convalidaron con su presencia. Se cursaron invitaciones a las asociaciones de Uruguay, Chile y Brasil; las dos primeras aceptaron de buen grado, pero lamentablemente no se pudo contar con la presencia de los brasileños.
La programación de la AFA contemplaba la disputa de varios partidos entre nuestro representativo y los visitantes, pero se percibió que, si además jugaban entre sí, se podía organizar perfectamente un torneo triangular.
Se denominó a la competencia Torneo América del Sud - 100 Aniversario y se resolvió que todos los encuentros se llevaran a cabo en el campo del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, en Palermo.
Cuando aún se conservaban en las retinas de los ciudadanos la majestuosidad de las celebraciones y la imagen del presidente Figueroa Alcorta, paseando en lujoso carruaje junto a la Infanta Isabel de España; y el mundo científico deploraba la desaparición del bacteriólogo Roberto Koch, acaecida en Baden-Baden, el 29 de mayo se inició el torneo.
Previamente, el 27, un combinado argentino había enfrentado en forma amistosa a uno chileno. El equipo nacional era uno alternativo formado por futbolistas que aspiraban a integrar la Selección principal; este encuentro les servía como carta de presentación.
A la vez, el conjunto trasandino era un combinado de jugadores de la FAC (Football Association of Chile), de la ciudad de Valparaíso, y de la FSN (Federación Sportiva Nacional), con sede en Santiago, entidades que se hallaban enfrentadas, pero ante la invitación argentina decidieron concertar una tregua para formar un equipo representado por porteños y capitalinos.
Luego de ser sorprendidos por los visitantes y que el arquero de éstos contuviera un tiro penal, los locales terminaron imponiéndose por 3-1 y varios jugadores consiguieron su plaza para disputar el torneo.
No pudieron los chilenos repetir la buena actuación ante Uruguay, que logró un merecido 3-0, con goles de Piendibene, Bracchi y Buck, ante 1.000 personas. Más del doble, alrededor de 2.500 espectadores, presenciaron la goleada de la Argentina sobre Chile por 5-1, el 5 de junio. Los tantos fueron convertidos por José Viale, Juan Hayes (2), Gootlob Weiss y Maximiliano Susan.
A pesar de la concluyente victoria, la afición no había quedado conforme con el desempeño del equipo nacional. La prensa se hizo eco de las protestas acerca de que esos jugadores no eran los auténticos representantes de nuestro fútbol.
Por ese motivo, la conducción decidió realizar un nuevo enfrentamiento de práctica contra un conjunto formado por jugadores británicos que se desempeñaban en nuestro medio.
Tras el triunfo de la Selección por 5-1 se determinó la formación para el trascendental encuentro, con los ingresos del rosarino Manuel González y de Arnaldo Watson Hutton (hijo del llamado Padre del fútbol argentino, Alejandro Watson Hutton), que ocuparon las plazas de Weiss y Malbrán.
El partido final se jugó el 12 de junio y la Argentina se adjudicó el certamen al imponerse por 4-1. Nuevamente marcaron Viale, Hayes y Susan, a los que se sumó Watson Hutton. Cerca de 8.000 personas colmaron las instalaciones de la cancha de GEBA.
En la actualidad ninguna estadística de selecciones -ni siquiera las de la AFA- contabiliza este torneo como un campeonato sudamericano, basado principalmente en un hecho contundente: aún no se había constituido la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF), por lo que la única organizadora era la AFA.
Tampoco estaba en juego el que después sería el trofeo continental: la Copa América. Por ese motivo, lamentablemente, y tal vez injustamente, el torneo del Centenario nunca pudo superar la etapa prehistórica de la Copa América.
*Socio del CIHF (Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol [CIHF]). Página web: www.cihf.org.ar.