El 14 de mayo de 2015 no es un día más en la larga trayectoria del fútbol argentino. Tenía que quedar registrado como la fecha de un nuevo choque internacional entre Boca y River, pero el bochorno que se vivió trascendió la importancia de un Superclásico por Copa Libertadores. Nadie imaginaba que esa noche sería una de las más negras y vergonzosas de nuestra historia futbolera.
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En la fase de grupos de aquella Copa, el Xeneize había ganado sus seis partidos y terminó primero en la tabla general, mientras que el Millonario se había metido en octavos de final por la ventana y gracias a un milagroso 5-4 de Tigres sobre Juan Aurich en la última fecha.
Como el mejor de los primeros tenía que medirse con el peor de los segundos, el destino y el fixture quisieron que en octavos de final se disputara un nuevo Superclásico, esta vez de manera internacional.
El partido de ida se jugó el jueves 7 de mayo en el Monumental, y River ganó 1-0 con gol de penal de Carlos Sánchez cuando quedaban menos de diez minutos. Fue un choque en el que el local -llamativamente- pegó de más y el árbitro Germán Delfino fue muy permisivo, lo que generó un clima pesado para la vuelta en la Bombonera.
Una semana más tarde, en la cancha de Boca se vivía un ambiente muy tenso. Aunque nunca nadie intuyó la locura que se estaría por vivir. Los primeros 45 minutos fueron otra vez con mucha pierna fuerte, pero el 0-0 no se movió.
Los dos equipos se fueron al vestuario. Pero a uno no lo dejarían volver a la cancha. / Fuente: TN.com