Un gran asado al que le sobró sol y le faltó la sal de la política
Foto: Marcelo Piaser
Alfredo Cornejo pasó por la Fiesta de la Ganadería en Alvear sin contratiempo alguno, y sin oposición que, ante los medios apostados en esta suerte de meca política que han logrado convertir a este encuentro tradicional los alvearenses durante el mes de mayo, le levantara alguna voz contraria a su gestión.
Con el peronismo concentrado en resolver sus propios problemas en el congreso partidario que celebraron este sábado en San Martín, todo el protagonismo se lo llevó un gobernador que llegó al Sur Mendocino en tren de paseo y a un besamanos, lejos de algunos de sus antecesores que debieron protagonizar momentos de escozor y casi escandalosos en un escenario que generalmente ha sido muy crítico al poder central de Mendoza, por la falta de atención, de contención y de asistencia de parte de un Estado generalmente ausente frente a las acostumbradas crisis que han envuelto a la economía sureña.
Con poco que anunciar, pero con la confirmación de que lo que se había prometido un año atrás, como el acueducto Bowen-Canalejas, la reactivación de las obras del Espacio de la Cultura, un avance concreto para que el Sur cuente con un matadero-frigorífico en manos del Estado, el reinicio del pavimento de la ruta Alvear-Malargüe y la culminación de las obras de un centro de salud en Bowen, a Cornejo le alcanzó para sortear el examen con sorprendente y llamativa tranquilidad.
Y en esa tribuna, por demás amable, el gobernador volvió a cargar contra los vicios de la política y de la mala administración del Estado de los que se cree inmune. La clásica fórmula de hacer referencia al desastre de las gestiones anteriores, lo llevó en un momento a reclamarle a la Justicia celeridad en aquellas investigaciones que se iniciaron en el arranque de su gestión para dar con los responsables de las consecuencias de malas gestiones anteriores. Cornejo puso en escena, desde Alvear, un manojo de causas dormidas por un sector de la Justicia a la que imagina defender intereses diferentes a los que él tiene.
Unos minutos antes de su discurso, en una tribuna frente a dos millares de comensales ansiosos por hincarle el diente a los famosos costillares de Alvear, el presidente de la cámara de los productores de Alvear, Alberto Larrégola, le había reclamado a los legisladores provinciales que se ocuparan de hacer más eficiente su trabajo, que no gastaran de más y que idearan un proyecto para reformar la composición del Senado dándole a todos los departamentos la misma representación de senadores. Pidió dos bancas para cada municipio y con eso evitar la postergación de los departamentos más chicos. Y en ese tren, Larrégola, envalentonado por los aplausos, lanzó de su boca las palabras mágicas que para Cornejo debieron tener el efecto del agua bendita para los creyentes: "No aumenten el costo de la política porque no soportamos más la presión impositiva", dijo Larrégola.
Cuando subió Cornejo al estrado, se tomó de aquella crítica para decirles a todos que ése es el camino que ha emprendido en su gobierno, junto con el orden y el liderazgo "para terminar con los espejismos dañinos que dejó el populismo y cambiar la forma de gobernar en Mendoza diciendo la verdad". Y en esa línea, aprovechó para afirmar que su gobierno ha sido el primero en bajar los impuestos por algunas modificaciones a las alícuotas de ingresos brutos que operarán en los préstamos hipotecarios -un pedido que le hizo Macri a todas las provincias- y otras rebajas para la adquisición de maquinaria como bien de capital.
En los mentideros sólo se habló del armado electoral de la coalición gobernante de cara a octubre. Sobresalieron, en esos ámbitos, las dudas del Frente Renovador de Sergio Massa de seguir con Cambia Mendoza o armar una alternativa por afuera. Jorge Difonso y el diputado Guillermo Pereyra, los masistas por excelencia de Mendoza, dejaron la idea de estar más cerca de irse que de quedarse. "Cornejo no nos da nada", dijeron, a la vez que negaron un acercamiento hacia el PJ mendocino que los ha tentado para que dejen el oficialismo en la provincia y se acerquen a ellos para darle volumen a la oposición. "Con el peronismo hay menos sintonía que con Cornejo", dijeron, para agregar que "el peronismo mendocino no puede despojarse del residual K que tiene en sus filas", apuntándole a La Cámpora que se hace fuerte en las filas opositoras.
Todo discurrió con parsimonia política durante la fiesta. Cerca de las 4 de la tarde de un sábado radiante y a pleno sol en Alvear, Cornejo emprendía el regreso a Mendoza con el cortejo de siempre, pero en esta ocasión acompañado por su padre que había llegado de San Carlos invitado por su hijo gobernador para una fiesta que sabía, de antemano, sería más un bálsamo que un suplicio.