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Fútbol Copa Libertadores

Bernardi: el príncipe que una noche se convirtió en sapo

El técnico de Godoy Cruz vive una situación extraña en su estadía en el Tomba. Hace historia en un club, que tiene a seudo hinchas que no lo quieren.
Por Pablo Marcelo Pérez

El tipo no debe entender bien que pasa. Mire que ha recorrido caminos en esto de la aventura que suele denominarse a vivir del fútbol, pateó sus primero garabatos con la redonda en la cuenca del Plata y se hizo Leproso - que destino su futuro - hasta el cansancio; se mudó rápidamente por sus condiciones de férreo volante a uno de los brazos de la Costa Azul, allí en Marsella y en un santiamén le tocaron timbre para subir a la azotea del Principado en Mónaco, siendo un príncipe con corona y logrando que lo llamaran: Messie.

El tipo tampoco vivió la vida de un cuento, su final feliz lo busco como usted o como yo y seguro en eso anda como vos o como ellos, se lesionó, se golpeó íntimamente y fue herido como todos; el made in Argentina lo repatrió y Newell´s le abrió una puerta que nunca cerró, llegó y se fue campeón por el túnel del tiempo que jugaba para su equipo.

Su amor por la pelotita lo guió para sentarlo en un banco y transmitir lo que "mamó". Y un buen día Godoy Cruz lo llamó para que su principesca figura se hiciera caminos entre las viñas, abriendo surcos con un equipo de presupuesto acotado, pero eso sí; con chicos y sueños en racismos que la cantera tombina cosechó. Llegó casi de "noche" y él solo quería trabajar, conocer que tenía, con que se encontraría. Al tanto de todo puso manos a la obra y empezó a moldear un "chiche nuevo". Los pibes de la cantera felices.

Venía por delante un par de competencias con actividad poco normal, jugar la Libertadores era uno de los torneos "anormales" y el contrato firmado seguramente no especificaba que debía salir a perder esos seis partidos, que para uno o muchos en el club, eran solo una "basurita" que no entorpecería la cita con lo que realmente pretendían: apuntalar el Torneo de Primera y no perder terreno en los "promiedos".

Y ese ángel que nadie quiso en el cuento, de repente aterrizó en el Predio de ensueño en Coquimbito y decidió estacionarse y convivir con los espíritus nobeles a los que Bernardi guiaba. Y el aleteo comenzó a desbordar y a fijarse entre el cielo y el infierno.

La Copa, que era solo verla pasar sin tocar se apoderó de la "Masia Bodeguera" y los "canteranos" explotaron ante brasileros, bolivianos y paraguayos, lucían protegidos por una luz sin sombras y sumaban cada noche entre semana baja una nueva luna sin menguantes. 

Y en el torneo asignado por el proteccionismo del "elegido para la causa" no cuadraba la orden impartida, y se dejaban escapar algunos puntos que no eran para dramatizar e inexplicablemente hacían dudar a la voz oficial.

Y la Copa: Gestión Bernardi. Se miraba de frente y no se podía tapar lo que el continente exclamaba de un equipo chico vestido de grande y con pilchas de joven.

Y entonces el tipo, con el pecho inflado de tanto orgullo, con las lágrimas de los purretes que se enjuagaban con la de los hinchas una vez concluida la proeza y con el ángel guiñándole mas arriba que el palco VIP salió desaforado y satisfecho a abrazarse con la historia. 

Pero algo lo detuvo en su carrera. Se plantó como lo hacía ante cualquier volante y frente a quien quisiera y abrió los ojos respetuosamente pero atónito a metros de la raya que divide a los que juegan con la lengua que a los que lo hacen con los pies y los escuchó: puteandolo, silbandole, exigiendole, agrediendo su postura de principe... endemoniados, estupidizados, frenéticos y zarpados. 

Justo a él. Injusto a él.

Desconcertado y desconsolado actuó como lo educaron y se educó. Media vuelta a los imbéciles. Alzó a los pibes y marchándose con la frente en alta bajando los escalones se metió en el túnel que el tiempo alguna vez fue de él y sin mas esa noche supo que los príncipes pueden convertirse en sapo cuando los besos que recibe son lanzados por demonios y no ángeles.

No haga caso Bernardi. Siga siendo como es. Mal no le va, aunque eso quieran hacerle creer. Mendoza no es tan mala, por más que existan menos príncipes que mendigos. Y dirigentes por favor es tiempo de jugar al fair play, identificar y sancionar a tanto alarmante agresor verbal dando vueltas por ahí.


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