columna política

El peronismo, el gobierno y los nuevos paradigmas

El nuevo escenario político trasciende lo que Cornejo en la provincia y Macri en la nación están representando. El peronismo, sin el poder que es su lugar en el mundo, no logra decodificar el costado inédito de la situación. El desafío es mayúsculo para una oposición que se la necesita fuerte y enérgica pero desprovista de los viejos vicios. También para el gobierno, a quien se le delegó la tarea de ir hacia un nuevo orden.

"El peronismo es un partido sin norte estratégico", dijo ayer el economista Claudio Lozano, algunos minutos después de que por Radio Andina FM 90.1, el intendente de San Martín, Jorge Omar Giménez, denunciara que desde las filas de su propio movimiento se le haya lanzado una operación en su contra para desestabilizarlo por, entender, que como está gobernado se encuentra bajo la responsabilidad de acompañar a los gobiernos de Alfredo Cornejo en la provincia y el de Mauricio Macri en la nación. Claro que Lozano nunca se refirió a la interna que atraviesa al peronismo en la provincia, pero sí lo hizo en general cuestionando el papel del movimiento en la oposición.

Está más que claro que el peronismo se encuentra en medio de una profunda crisis general tras haber sido desplazado del poder, sin ninguna dudas su lugar en el mundo. Cuando el peronismo gobierna las miserias que posee, sus errores, sus formas, su modo de concebir la realidad y de dirigirla hacia sus propios intereses no muchos más que aquellos de consolidarse hegemónicamente en la conducción, si disimulan y se maquillan pavorosamente. En la oposición, el peronismo suele perder el rumbo hasta que los vientos que soplan, políticos y sociales, le vuelven a hacer favorables posicionándolo a las puertas del poder o en el poder mismo. El peronismo, como ningún otro, posee intrínsecamente una relación de amor y desamor con el pueblo que va y viene a lo largo de los tiempos. La diferencia con el hoy es que el nuevo gobierno, desde ya que a nivel nacional, ha alumbrado un escenario inédito: una derecha desde las concepción política e ideológica en la que conviven desarrollistas, abanderados del mercado a ultranza y férreos defensores de las instituciones y la república. Nada ni nadie puede predecir el futuro de la Argentina con la nueva experiencia que se está dando, la que su pueblo, por decisión mayoritaria, ayudó a concebir en las elecciones de noviembre del 2015.

Aunque en Mendoza el nuevo gobierno asiente su esqueleto y osamenta en la vieja y tradicional estructura del radicalismo a diferencia de lo que ocurre en la nación, Cornejo también representa, en principio y por ahora, un cambio de paradigma que desconcierta al peronismo en la oposición. Utiliza métodos conocidos para quienes hoy están en la oposición para construir y afianzar el poder que administra y que por sobre todas las cosas necesita consolidar para sustentar el clima de reforma que lo domina en un sentido amplio.

Aturdido, el peronismo busca su lugar en un territorio para nada familiar y entre los que están gobernando (cinco intendentes en total), hay uno, Giménez, que ha optado sin medias tintas ni ruborizarse por subirse a la nueva ola que los lleva, a todos, hacia un escenario probablemente en Mendoza también inédito. La posición del intendente de San Martín, claramente diferente de la de un sector de la conducción partidaria que quiere ponerle límites a la nueva hegemonía que hoy representa Cornejo, también puede ser asumida o interpretada como un "sálvese quien pueda" mientras el peronismo le toma la mano a lo inédito y logra reinventarse.

Se trata de un peronismo que hoy danza sobre la agenda de temas de quien gobierna, que lo lleva desesperadamente a intentar incorporar alguna cuña en el paquete de reformas que al menos se lo identifique con su marca y a esperar, en algún sentido, el error del macho alfa de la manada. Tampoco aparece entre sus filas a quien pueda llegar a conducirlo en el futuro inmediato hacia una posible recuperación y en el mientras tanto, en el desbande, cada uno atiende su juego. Como Giménez desde el rol de gobierno en su departamento, como Omar Félix desde una suerte de conducción partidaria que se entiende de transición.

Y está claro que, como está la situación interna de partido opositor incluyendo ahora sí el escenario nacional, la suerte de todo está en manos de los oficialismos. La del país y la de Mendoza y de alguna manera también de los sectores opositores quienes deben jugar con las cartas que tiran a la mesa quienes están haciendo de banca. Y esperar, como está dicho, el error. Y si eso ocurre, porque también esto está claro para la ciudadanía, lo mejor que le puede pasar a una oposición que el país necesita saber hacia dónde camina, es que camine sobre firme, entendiendo los nuevos paradigmas que se han presentado y que no son propiedad ni de Macri, ni de Cornejo, aunque ellos puedan creer, en la intimidad, que es así.

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