El esperado fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación sobre el tarifazo aplicado al servicio de gas por parte del Gobierno Nacional alteró sobremanera la semana política.
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Después del fallo
Las lecturas se redujeron a un gobierno perdedor, en un partido extraño, porque no aparecen ganadores reales.
Los opositores políticos, ONG's y medios lo mostraron como una gran derrota, los oficialistas acudieron rápidamente al biri-biri (diría el maestro Juan Suraci) de la división de poderes para achicar los costos de la derrota. Y estos últimos parecen tener razón.
Más allá de manifestarse preocupados y predecir las 10 plagas de Egipto para Todos (una buena forma de suplir la ausencia notable del Fútbol para Todos) la realidad es que en el seno del Gobierno se mostraron tranquilos con la decisión de la Corte. Marcelo Torrez contó esta semana, en Radio Andina y Sitio Andino, cuál fue la respuesta de los funcionarios nacionales ante la llamada urgente del Gobernador: "Tranquilo, no es para tanto", le soltaron desde La Rosada el titular del sillón de San Martín.
La afectación económica para el Gobierno es mínima a la que podría ser, el grueso-grueso de lo que el Estado destina a subsidios va precisamente al grupo que quedó fuera del fallo y deberá litigar individualmente para lograr que le suspendan el tarifazo.
Además los cortesanos tuvieron tiempo de jugar a la política, sobre todo el presidente del Tribunal que no declina su aspiración de saltar a la arena del voto, aupado por los factores de poder. Manejaron los tiempos y palabras para aprobar a medias el cuadro tarifario, con la condición de que se haga la audiencia pública.
El Gobierno perdió, es cierto, pero más pierden los usuarios y consumidores. Las empresas tienen las manos libres para aplicar el aumento descomunal a sectores industriales y comerciales que sin duda lo trasladarán a precios y solo se podrá parar con recursos casi individuales o de Cámaras por sector. Hasta que ello ocurra, el Ejecutivo tiene el suficiente tiempo para realizar las audiencias públicas (esta semana que se inicia convocará a la del servicio eléctrico) y cumplir los requisitos para aplicar la primera parte del tarifazo.
Lo que no está claro es si el Ejecutivo, en la audiencia ya convocada para el gas, consultará sobre el aumento del 400 por ciento recalculado después del primer escándalo, cuando pretendió aplicar subas del 1500 por ciento, o aprovechará para ir por todo.
Tendrá que explicar rigurosamente cuáles son los argumentos para aumentar tarifas de tal manera, recordando que uno de los principales errores estratégicos fue pretender quitar subsidios y darle nuevas ganancias exorbitantes a sus amigos y socios. Y el Gobierno lo tendrá que hacer con mucha claridad porque ya no estará solamente la lupa ciudadana sobre lo que diga, también estará la de la Corte, claro que ya con una paridad de fuerzas distinta que se adelanta como más "complaciente" con el Gobierno y sus ex clientes del mundo privado.
El Ejecutivo Nacional cree que más temprano que tarde el tarifazo dejará de ser virtual para ser real y su preocupación es cómo sobrellevar estos meses el agujero que promovió con su propia torpeza.
Enceguecido y atopellante, primero que nada favoreció a sus amigos con la quita de retenciones, levantamiento del cepo y varios etc., creyendo que con la misma simpleza iban a transferir a los ciudadanos y clases medias el costo de la medida, eliminando subsidios y aumentando tarifas.
Pues en política y en economía pública hay que tener otras virtudes y habilidades que las necesarias para manejar una empresa privada, la multiplicidad de actores y de factores de poder, estaría siendo un poco más amplia que la de una empresa multinacional, algo de lo que la mayor parte del gabinete del Presidente y su mesa chica se niegan a aprender.
Cada día que pasa en la gestión se comprueba con creces la velocidad con la que el Ejecutivo pone en práctica su plan de transferencia de recursos a los sectores concentrados y que han decidido significativamente ir sí o sí por todo.
El apuro que demuestran es el mejor síntoma que dentro de los círculos que rodean y protegen al Gobierno se comienza a dudar de su permanencia más allá de 2019.
Así como la gestión anterior en 12 años puso mojones que pueden ser dañados pero difícilmente removidos, no es menos cierto que la actual con una prontitud inusual, quiere dejar cimientos que garanticen al Poder real menos sobresaltos en caso de un cambio de orientación de la conducción ejecutiva del país en 2019 o, incluso, ante un mal desempeño electoral el próximo año.
En breve, el presidente del Banco Central anunciará una nueva reforma de la Carta Orgánica del BCRA para volverla al status anterior y es un secreto a voces que el mes que trae la primavera, volverá a apostar a una política súper contractiva del mercado, que seguirá afectando el consumo y el crecimiento.
Ya hemos escrito aquí que la economía no es magia, lo que se saca de un lado va hacia otro, y en este proceso de ocho meses está claro quién va poniendo y quién sacando y llevando a sus sacas.
Esta semana se conocieron los números oficiales del BCRA que determinan que la bicicleta financiera post devaluación, apertura de giro de remesas, compra de dólares sin topes, levantamiento de techos para las tasas de créditos y pisos para las de los ahorros y varios etcéteras; los bancos ganaron un 52 por ciento más en el primer semestre del 2016 que en el de 2015, o sea casi 15 puntos por sobre la inflación.
Eso significa 38.425 millones de pesos en solo seis meses, esa es la magnitud de recursos que los bancos tomaron de cada uno de nuestros bolsillos de consumidores, de las Pymes, de las economías regionales, gracias a las medidas del BCRA y los llevaron a sus bolsillos.
Ya que hablamos antes de Futbol para Todos y para usarlo como comparación, el programa que permitía la televisación de los encuentros en forma gratuita y abierta, al Estado le costaba 1.800 millones o 2.400 millones, si se hubiera firmado el nuevo acuerdo que proponía esta gestión. O sea, con la que se llevaron los bancos en 6 meses de podían financiar 21 o 18 años en cada caso de FPT y lo que es peor, la transferencia al sistema financiero es mayor a lo que el Estado debería invertir en subsidios a hogares por ese mismo periodo de seis meses.
Mientras, no aparece ni el más mínimo atisbo de la reactivación prometida sino más bien una premeditada destrucción de una economía que no estaba bien, pero tampoco en el estado de destrucción a la cual ha sido llevada a partir de las medidas tomadas.
Como toda respuesta, el Ejecutivo solo exhibe frases hechas de esperanza, anuncios que de concretos tienen poco y una aceitada herramienta comunicacional, judicial y de redes sociales que solo hablan de la herencia y la corrupción de un grupo de nombres que se agotan rápidamente porque siempre terminan salpicando al entorno del Gobierno.
La coraza aún funciona, pero como toda armadura tiene uno o varios puntos débiles y por allí comienza a hacer agua el discurso de "la corrupción es de los otros". Las balas comienzan a picar demasiado cerca.