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Show

La máquina Ramone dejó toda su esencia punk en Mendoza

El ex baterista de la legendaria agrupación, Marky, se presentó en la provincia con un show maratónico e intenso.
Por Mariano Fiochetta

 En muchas ocasiones, cuando uno va a ver a un artista en el que su época de gloria pasó hace mucho, solo disfruta los momentos de nostalgia y el recuerdo de “haber estado ahí”, ya que musicalmente termina dejando mucho que desear. Con Marky Ramone no pasa lo mismo.

El ex baterista de los históricos Ramones hace tiempo que se dedica a repetir la misma fórmula: girar eternamente, con cambios en su formación, y tocando los clásicos de la agrupación que creó el punk en Estados Unidos. La experiencia de tantos shows sobre la espalda le han dado un espectáculo en vivo que es, por ahora, implacable.

Como previa de la fiesta, tocaron los locales Cerebro de Mono. Después de grabar su nuevo álbum con Ciro Pertusi, en el medio de la polémica por la salida a flote de unas declaraciones de él en el que decía que le gustaban las “nenitas” menores de edad, el conjunto mendocino mostró sus canciones y dejó el ambiente candente para el plato principal.

A las 22.09, el cuarteto puso primera con Rockaway Beach, del disco Rocket to Russia (1977). Después de un corto saludo, Marky Ramone no se levantó más de su silla hasta las 22.56. El uso de cifras exactas sirve para referenciar cómo funcionó la máquina: en esos 47 minutos sonaron 27 temas.

Sin respiro, la bestia sonora replicó lo más posible los recitales en vivo del conjunto neoyorkino. Con un par de velocidades más que en los álbumes, los clásicos se sucedieron uno a uno. Lobotomy, I don’t care, Do you wanna dance, Psycho teraphy, I wanna be sedated y muchos más tuvieron su espacio.

El cuarteto estuvo imparable. Foto: Cristian Lozano.

120 segundos después de la primera pausa, el grupo (que además de Marky, con 59 años, está compuesto por otros tres jóvenes músicos) siguió un poco más, en donde hubo lugar para otras épocas de la carrera del baterista.

Allí, fue cuando las colaboraciones con Joey tuvieron su homenaje en el set. What a wonderful world, versión del hit de Louis Armstrong, sonó en el recinto con el ajustado estilo del líder de la banda.

Marky junto a su cantante. Entregaron más de una hora de show.

Es increíble ver cómo, a su edad, todavía puede mantener el ritmo de tan particular concierto. La rapidez y simpleza de su técnica tras los parches lo hace parecer un autómata, aunque cada tanto dejó mostrar una sonrisa frente al pogo que se le aparecía frente a los ojos.

El cierre, obviamente, estuvo a cargo de Blitzkrieg Bop, para llegar a la marca de los 35 temas en 70 minutos y cerrar una nueva presentación de los Marky Ramone’s Blitzkrieg en Mendoza.

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