Transición: la historia de dos por sobrevivir a su modo
Está claro que la transición hacia el nuevo gobierno ha encontrado, en la situación financiera de la provincia y en los números, el combustible que le da rienda suelta a la pasión por la discusión, por la engaña pichanga permanente y para ver, en el medio de la polvareda que han levantado, cuál es el primero en sacarle provecho a la puñalada trapera que tienen preparada.
El festival de números sobre el endeudamiento provincial ha llegado a los extremos del ridículo, al bochornoso punto de estar hablando de entre 2 mil y 6 mil millones de quebranto del Estado que como herencia le dejará la actual administración, la de Francisco Pérez, a la que se prepara para asumir, la de Alfredo Cornejo.
Está claro que ninguno está diciendo la verdad. Pero aunque parezca que está claro y a todos nos dé esa sensación de que cada uno, tanto el que se va, como el que viene, no han asumido en toda su magnitud el momento en el que son protagonistas. Cada uno se concentra en seguir sacando provecho propio de la situación en una permanente y constante especulación política que, hay que decirlo también, no tiene ningún sentido salvo de que ambos estén detrás de objetivos que pueden llegar a complicarle la vida a los mendocinos.
Uno buscando salvarse en soledad porque ya no encuentra, entre legisladores y dirigentes de un peronismo derrotado, el banque suficiente para que lo sigan en una serie de decisiones financieras que cree se deberían tomar de aquí hasta la finalización del mandato para frenar la constante inclinación de un barco que amenaza con escorar.
El otro, jugando con los tiempos y con la agonía de una administración desencajada a la que derrotó ampliamente en las urnas, y a la que podría sumirla ahora a una nueva humillación: conducirla hacia al final de sus días pidiendo a gritos la eutanasia para contar, al menos, con una muerte digna.
Se discute como terminar y cómo empezar. Para ello se debe discutir el presupuesto, el del año en curso y el del que viene. Allí parece estar centrada la mayor fiebre de las negociaciones y en donde se develaría la real necesidad de financiamiento o endeudamiento para que el último año de gestión de Pérez termine por calzar los compromisos con los fondos garantizados y para que el primero de Cornejo un año que marcará a fuego lo que en verdad se propone hacer el radical con su mandato, arranque con el oxígeno suficiente para plantear de entrada las reformas y claves de las que habló durante la campaña, pero por sobre todas las cosas, edifique en ese primer año una gestión ordenada y alejada lo más posible de los sobresaltos por desequilibrios que tengan origen y explicación local.
Pérez ha dicho que si no consigue el presupuesto en las próximas semanas la provincia entrará en una situación más que complicada por no contar con partidas a partir de agosto en adelante. Si ello llegara a suceder, en su afán por asumir su propia defensa sobre la gestión que deja, es probable que acuse públicamente la situación y deslinde responsabilidades. Y se quedará sin partidas no sólo porque los gastos que defiende a rajatabla son más altos que los ingresos, sino también por el deterioro inflacionario que ha alcanzado casi el 30 por ciento.
Y en medio de todo esto, asoma en el horizonte el temerario asunto eléctrico. Distribuidoras con serios problemas y una Edemsa que, dicen sus dueños en una suerte de presión cuasi demencial, haría estallar el servicio en mil pedazos por no contar con la actualización tarifaria.
La semana que se inicia marcará la tercera de las reuniones por la transición. De esta pueden salir los acuerdos por el presupuesto o la nada misma. O un mix de ambas, con los máximos protagonistas de la obra siguiendo a pie juntillas sus personalísimos objetivos. Se verá.